Política

Depauperación partidaria y eventual ciudadanía

febrero 15, 2016

Lo que en algún tiempo se llamó sistema político mexicano ha dejado de serlo. Desde los años ochenta, tal sistema fue transmutando en sólo aparentes avances democráticos e incontables reformas políticas hasta convertirse en una cofradía de complicidades para la apropiación del patrimonio público. La llamada partidocracia y el aberrante Pacto por México son ejemplos de eso. Los escándalos inmobiliarios en el ámbito presidencial son prueba palmaria de los profundos reflejos patrimonialistas de la así llamada clase política mexicana.

La degradación y pérdida de autoridad de los llamados políticos es inocultable. Cala de forma palmaria en el ánimo público. La funcionalidad del "sistema" depende completamente de sus capacidades clientelares y en nada de las deseadas relaciones de confianza, que hoy son inexistentes. No es casual, como señala el consejero de Coparmex, que los partidos políticos busquen su permanencia y la conservación de sus prebendas sobre la base de postular candidatos surgidos no de la actividad política propiamente dicha, sino de la empresarial que torna a ocuparse de las cosas públicas.

Pero lo deseable, además del voto de castigo a los partidos políticos tradicionales, es la reconstrucción de las bases de confianza sociales que permitan y alienten una participación política positiva y en sintonía con el interés público. Entonces, las diferencias ideológicas se convierten en diferencias de programa, de prioridades y de matices en el entendido de que, quienes articulan las ofertas políticas están comprometidos con la sociedad y sus intereses legítimos. Esto depende no sólo de la empatía de un actor públicamente reconocido y cuyo desempeño y coherencia son incuestionables, sino de la asunción personal de la responsabilidad en cada ciudadano. De otra forma, los esfuerzos singulares de un actor, por legítimo que sea, se perderán en la masa informe de una sociedad meliflua dependiente parasitaria de sus singularidades. Los partidos políticos parecen ser consientes a plenitud de las deformaciones que han introducido y alentado. También lo son de su pérdida de convocatoria y credibilidad. Como mero reflejo de sobrevivencia para que sus burocracias sigan enchufadas al dinero público buscan votos con las figuras que no son capaces de formar y crear.

Tal es la distorsión del sistema y del ejercicio políticos en este país. Permanecerá así o empeorará mientras el ciudadano no asuma su responsabilidad personal en los asuntos públicos.