Política

Elección en lo hórrido

enero 20, 2016

En Veracruz, el principio de seguridad pública es disonante. La realidad planta insolente sus saldos rojos a la vez que el dicho de las autoridades alude a situaciones diferentes, al parecer no vistas, que sugieren al menos una percepción distante –si no es que opuesta– a la que tiene la ciudadanía.

La última semana ha sido la exhibición palmaria de esto. Cinco jóvenes son detenidos por autoridades policiales del estado en Tierra Blanca y desaparecen. Los días pasan, las tensiones crecen, la angustia abruma y el Estado es incapaz no sólo de dar solución al caso, sino siquiera de explicarlo. Los días transcurren en acciones que dan visibilidad de parar en seco cualquier pretensión de desvanecimiento del caso. Una organización civil abocada especialmente al seguimiento del comportamiento institucional de las policías en el país informa que el estado es reprobado en certificación policial. A una semana de los hechos el fiscal del estado acepta que tres de los siete policías detenidos por la desaparición de los muchachos no habían pasado el examen de confiabilidad. Justo un aspecto que ha sido ponderado con insistencia por las autoridades en el estado.

El hecho es tan rotundo que se convierte en el disparador de reacciones de todo tipo. Todas convergen en la reprobación de las autoridades directamente responsables y del gobierno. Desde las políticas partidarias que piden la renuncia de la cabeza de Seguridad Pública hasta autoridades clericales que señalan y reclaman solución gubernamental de los hechos.

En respuesta, las autoridades esgrimen el dudoso contraargumento de la excepción.

Inmisericorde, el resultado de las decisiones gubernamentales se multiplica en hechos diversos. En cumbres de Maltrata se encuentran los restos de por lo menos tres personas, En la barranca de un municipio cercano a Xalapa se encuentran los restos de otras tres personas. Se afirma en redes sociales que en El Lencero aparecen hasta el momento de escribir esta editorial trece cuerpos más, aunque la FGE confirma cuatro. No hay precisión en el dato pero el número es brutal.

Pretender calificar el deterioro es frivolizar los hechos. Es, como evocan Muerte en Venecia o el Retrato de Dorian Grey, implacable descomposición.

Tal es el contexto y escenografía en la que se pretende renovar la gubernatura. Esto es el referente brutal de la política. ¿Qué es lo que harán los candidatos? ¿Cómo habrán de abordar la realidad que se determina por este aspecto específico? ¿Lo eludirán? ¿Lo usarán como arma? ¿O lo abordarán con honestidad sincera, crítica y diagnóstico propositivo de un estado de calamitosa descomposición?

Una cosa es segura, el tema es ineludible y debe ser abordado. La forma de hacerlo será la medida del aspirante.