Política

Síntesis - Mensajes claros para los que desean escuchar

febrero 21, 2015

El pasado sábado 14 de febrero, el Obispo Raúl Vera, el Padre Alejandro Solalinde, Fray Tomás González Castillo y la Hermana Leticia Gutiérrez Valderrama, representantes de las ideas más avanzadas del catolicismo nacional, organizaron una marcha multitudinaria a lo largo de tres kilómetros, sobre la vía del antiguo Ferrocarril del Istmo, para apoyar y alentar , en su propia casa, al conocido grupo de “Las patronas”, de Amatlán, Veracruz, en una manifestación popular de conmovedora solidaridad con los migrantes centroamericanos y con todos aquellos que, como ellas, prestan su ayuda humanitaria a sus desvalidos semejantes.

En el acto, se elogió fundamentalmente la obra humanitaria, desinteresada y generosa de ese grupo de mujeres y la de todos aquellos que las apoyan en su diaria y fraternal actividad, destacándose las palabras del Obispo Vera, quien solicitó a todos los presentes, “pedir perdón a los indocumentados centroamericanos, por todos los años que hemos pasado sin hacer nada para detener esta enorme tragedia humanitaria que hoy padecemos”. Así mismo, rogó a todos los presentes, pedir perdón, por el acoso, el repudio y las amenazas que se hacen frecuentemente, a los defensores de esos migrantes.

Elogió la acción de misericordia y ternura de “Las Patronas” y la de quienes como ellas, han sabido meterse en la piel de los que sufren, agregando más adelante que, parte de éste problema se debe a que: “quienes están al frente del país, han usurpado el cargo que les dimos para administrar el Estado con justicia y garantizar la vida digna de todos, para actuar totalmente en contra de ello”.

Por otra parte, el viernes 13 de Febrero, en una reunión completamente diferente, celebrada en el Club de Industriales, en la Colonia Polanco, de la ciudad de México, las cúpulas empresariales expresaron “su enérgico respaldo al Ejército y en especial a los soldados y marinos que exponen la vida en esos frentes”, refiriéndose al caso Ayotzinapa, es decir, dieron su apoyo a la orgía sangrienta que eliminó a 43 jóvenes estudiantes normalistas. Como es de apreciarse, las dos expresiones hasta aquí citadas, no pueden ser más contrastantes y opuestas: Por una parte, la conmovedora petición de solidaridad con los pobres, perseguidos y olvidados migrantes centroamericanos, que, por la lógica de su crítica y su correspondencia moral, se extiende también, inexcusablemente, a los excesos que se cometen en el vecino país del Norte, contra los propios migrantes mexicanos y en lo interno: contra las desapariciones de los campesinos inconformes o rebeldes, de los ciudadanos secuestrados” o ilegalmente privados de su libertad, de los “eliminados” por hacer periodismo crítico en México, o de los que resultan víctimas de las mafias explotadoras que azuelan el país y también contra la impunidad generalizada de toda naturaleza y a todos los niveles, que tanto impulsa otros actos criminales a lo largo de la geografía nacional.

Por otra parte, la Organización de las Naciones Unidas, ONU, intervino recientemente para frenar los excesos del Gobierno Mexicano al respecto, ocasionados por el mismo caso Ayotzinapa y otros semejantes, haciendo notar con firmeza, “que hay desaparecidos en casi todo México; que el caso de los normalistas, solo ilustra los graves desafíos que afronta el país”, agregando que “El Estado, debe reconocer la facultad de los gobernados, para exponer ante él, sus quejas individuales”, indicando, por último, “que se requieren cambios legales inmediatos, para castigar a los verdaderos culpables”.

Si se tiene en cuenta que la ONU, no se ha distinguido en el pasado, por ser un organismo internacional de izquierda, o de avanzadas ideas, ni nada que se lo parezca, se podrá medir a que grado han llegado ahora en su conservadurismo: El Gobierno Mexicano y las Organizaciones Empresariales, que no les importa exponer a todo el país, a un enfrentamiento no deseado por el pueblo, además de confundir, su irrefrenable ambición por el poder, con los intereses del país.

Mientras los ilustrativos enfrentamientos verbales antes mencionados suceden, la Nación entera continúa expuesta a un régimen de violencia generalizado y nunca antes experimentado, donde por un lado, los encuentros entre las mafias del narcotráfico, ahora extendidas a otras actividades, no del todo claras, y por la otra, numerosos grupos del Ejército, sumados a otros igualmente numerosos de policías federales, locales y municipales y aún otras fuerzas irregulares, someten al país, tal vez involuntariamente, a un doloroso estado de guerra, cuyos resultados golpean con extrema dureza, al sector de la población más desamparado. (Consúltense si no, los miles de casos de eliminados, desaparecidos y ”detenidos” sin proceso o acusación legal alguna, denunciados en los últimos 15 años).

Por último, no se puede ignorar, que dicho Estado de guerra, afecta también fundamentalmente a las aspiraciones democráticas del pueblo mexicano, precisamente en el momento en que éste esperaba que, por fin se respetarían en las ya inminentes elecciones, todo lo cual ya no está tan claro ahora y habría que preguntarse, ¿si no será esta, la verdadera razón de fondo que alienta el imperante ambiente de violencia?.

El panorama actual es ciertamente desalentador. Por un lado: La corrupción; la ambición sin límites de la clase política mexicana; la desigualdad social y sus secuelas de inconformidad y desesperación, siempre crecientes. Por el otro: La tentación permanente de echar mano de la violencia, por parte de los grupos privilegiados y de quienes detentan el poder, para someter a los inconformes y por último; La presencia del Gobierno Norteamericano, siempre dispuesto a meter las manos en el país, a la menor provocación, resultan un conjunto de elementos, demasiado peligrosos y explosivos, para que alguien se sienta ahora seguro, de que puede intervenir irresponsablemente en este asunto, sin pagar las cuentas de lo que resulte. Ojalá que, por nuestro bien, todos los involucrados cobremos conciencia de esto… ¡a tiempo!.