Política

Charlie Hebdo y la paradoja de la racionalidad

febrero 03, 2015

El atentado contra la revista Charlie Hebdo, ocurrido en enero pasado, nos demuestra que habitamos una época profundamente paradójica, basta con leer los diarios para darnos cuenta de que somos constantemente bombardeados por un discurso que pretende ser legitimado bajo un estandarte libertario, democrático y tolerante. Estamos lejos de lograrlo, esto se debe a que la raíz del problema no obedece a un orden racional, pues el verdadero núcleo de nuestra existencia versa en todo lo contrario.

Todos sabemos que la revista Charlie Hebdo se ha destacado por ser un magazine de crítica satírica contra los grupos de ultra-derecha y los fundamentalismos religiosos. La base desde la cual han construido este discurso es, por tanto, profundamente izquierdista y atea.

La revista parecía prosperar en un ambiente de libre expresión, sin embargo, las crueles mofas constantes hacia el fundamentalismo musulmán colmaron a un grupo de islamistas, a quienes no cayó en gracia ver un sin fin de críticas dirigidas hacia sus máximas figuras religiosas, lo que desencadenó en el fatídico atentado que ya conocemos.

Sin embargo, a partir de aquí, uno puede cuestionarse sobre diversas paradojas que surgen con este acontecimiento:

En primer lugar, basta con pensar hasta qué punto es válida la crítica en este mundo libertario cuando está permitido reírse de un nerd y llamarlo bullying, de un fundamentalista islámico y decir que es libertad de expresión, de los cristianos y decirse ateo, de los nazis (o morenazis) por ser monstruos radicales, pero no está permitido burlarse de un demócrata.

Esta paradójica situación la podemos apreciar mejor si tomamos en cuenta que: en Francia se han incrementado en un 110% los arrestos por hacer “apologías del islamismo”. El 15 de enero, un adolescente de dieciséis años fue arrestado por haber hecho una parodia de una de las portadas de la revista. En la original se podría apreciar a un hombre islámico recibiendo balazos mientras sostenía el Corán y como encabezado tenía la inscripción:

“Le Coran C´Est de la Merde [...] Can´arréte pas le balles (El Corán es una mierda [...] no puede detener las balas)”; Por otro lado, la imagen de la parodia tenía un hombre, de apariencia francesa, que de igual forma recibía balas mientras en sus manos tenía un número de Charlie Hebdo y con la inscripción: “Charlie Hebdo Cést de la de la merde (Charlie Hebdo es una mierda [...] no puede detener las balas)”.

Parece entonces que la libertad de expresión no se aplica de igual modo en ambos casos. Aún cuando no estamos haciendo una apología del islamismo, sabemos que en Francia existe una ley contra el terrorismo desde 2014, pareciera que estamos ante una situación que resalta la gran paradoja de nuestro mundo moderno, a saber, que es imposible burlarnos de un demócrata pero este puede burlarse de aquellos que si creen, ciega y fervientemente, en algo.

Podemos plantear entonces que nuestro mundo democrático está sujeto a una doctrina racionalista que sólo nos pide aparentar que creemos, basta con ver las conversaciones de café en donde se afirman frases como: “estudios científicos dicen que…” “los científicos de una Universidad de Estados Unidos demostraron que…”. Es decir, que nuestra creencia debe estar fundamentada desde un lugar vacío. Cosa que encontramos en la misma democracia, pues se puede afirmar que creemos en tal o cual partido, pero, podemos tomar una copa en un bar con los opositores sin ningún problema.

Situación que apuntaría a demostrar que occidente parece haberse quedado sin contenido en aras de una supuesta armonización, a saber, la búsqueda racional de crear un mundo en el que quepan muchos mundos, donde existan rivales que llegan a una conciliación tras una encarnizada batalla, llámese justa deportiva, discusión académica o contiendas partidistas.

Entonces, nuestra situación se vuelve problemática cuando alguien está dispuesto, o empecinado, a creer fervientemente algo: ¿Será este el verdadero problema con los fundamentalistas islámicos que aún creen que un Dios podrá redimirlos si dan su vida por él?; ¿Será acaso que, en un rechazo inconsciente, estamos dispuestos a hacer que claudiquen los verdaderos creyentes como una forma de venganza?.

Si aún persiste alguna duda sobre lo expuesto hasta ahora pediría que pasáramos a la segunda paradoja, la cual resalta a la luz de una portada que salió publicada posterior a los atentados contra la revista. En ella podemos observar a Mahoma que, con una cara llena de vergüenza, sostiene un cartel con el mensaje “Je suis Charlie’ […] ‘Tout est pardonné’ (‘Yo soy Charlie’ […] ‘Está todo perdonado’)”.

Esta imagen nos demuestra dos cosas: por un lado, que la revista de corte Ateo sigue, paradójicamente, un ideal cristiano “Todo está perdonado”, pues, de la misma manera que Jesús enseñó a poner la otra mejilla cuando se recibiera un golpe, los editores de Charlie Hebdo deciden sustentar que existe un perdón a los islámicos por su acto barbárico, demostrando que se puede pasar del ateísmo al cristianismo sin ningún pudor, pues no hay una verdadera creencia que sostenga el discurso ideológico; por otro lado, se puede apreciar claramente que, el perdón cristiano es pasado por el tamiz de la racionalidad y a su vez se escapa algo que es de otro orden, podríamos decir, inconsciente.

Con respecto a esto último, Nietzsche nos había hablado del peligro de ofrecer el discurso racional supeditado a la democracia, pues, esta misma se inscribía, de manera velada, en un orden cristiano (Todos iguales) culpable de invertir los valores para hacer crear una moral que a los hombres del resentimiento los hiciera señores y a los agresores los tornara en bárbaros.

En la Gaya Ciencia ya explicaba que el perdón cristiano siempre intenta conciliar a los hombres, pero con la paradoja de que no son iguales, sino que, el hecho de perdonar nos permite posicionarnos en el lugar de Señor que disculpa al ofensor, el cual termina siendo un hombre inferior, esto último, bajo una moral que posibilita la magnanimidad:

“Me parece que el magnánimo es (al menos, ese tipo de magnánimo que siempre ha causado la mayor influencia- un hombre extremadamente sediento de venganza, que busca la satisfacción tan pronto la ve, y que la bebe de manera tan abundante, tan profunda y hasta la última gota, anticipándose de tal manera a ella, a que este rápido desenfreno le sigue una enorme y repentina nausea) pero entonces se sobrepone (a sí mismo), como se dice, y perdona a su enemigo, incluso lo bendice y honra […] la magnanimidad contiene el mismo grado de egoísmo que la venganza, pero un egoísmo de otra calidad.”

Comprobamos entonces el hecho de que el supuesto perdón emitido a los fundamentalistas islámicos está supeditado por la venganza, pero que, en un acto de señores se les ofrece el perdón para hacerlos ver como bárbaros incivilizados que aún están lejos de aceptar el orden racional y democrático, pues siguen atrapados por su fundamentalismo ramplón. Emergiendo de lo anterior, su desprecio por aquellos que verdaderamente creen en algo y sometiéndolos a la moral invertida de este orden (racionalista-democrático-cristiano) para hacerlos ver como una horda de hombres perversos.

Reiteramos nuevamente que no se trata de realizar una crítica a los fundamentalismos, simple y sencillamente, pretendemos demostrar cuales son los problemas de nuestro mundo sometido por la paradoja de la racionalidad, que ya Nietzsche y otros nos han señalado, pues hemos querido enseñar que aún en este discurso higienista existen fenómenos de orden irracional, como el de la venganza, que nos impiden lograr esas metas ilusorias de someter la vida a un corpus racionalista, el cual nos ahoga en un discurso vacío.

Entonces… ¿Quiénes son los irracionales?.