Política

Tres de ecología en la obra de Melgarejo Vivanco

enero 22, 2015

El 19 de agosto de 2014 la Universidad Veracruzana inició una serie de actos en homenaje a José Luis Melgarejo Vivanco al cumplirse un centenario de su nacimiento. Dichos actos concluyen este 23 de enero con la presentación oficial a las 6 pm en el auditorio del Museo de Antropología de Xalapa, del sitio web del autor (www.uv.mx/colecciones/melgarejovivanco) y del reservorio bibliográfico de su obra (http://cdigital.uv.mx/handle/123456789/37104).

Esta nota se ocupará de tres textos relacionados con la ecología, y del ambiente en que se gestaron, toda vez que ahora están disponibles en formato electrónico en los sitios Web mencionados, al igual que el resto del medio centenar de libros de Melgarejo: El códice Vindobenensis, Historia de la ganadería en Veracruz, y Antigua ecología indígena en Veracruz.

Los tres libros aparecieron en 1980. El 30 de noviembre de ese año Rafael Hernández Ochoa (1915-1990) terminaba como gobernador de Veracruz. En la segunda mitad de ese sexenio, Melgarejo se encargó de una oficina de reciente creación –o de creación exprofeso- llamada Coordinación de Zonas Indígenas y Deprimidas, pero su relación con Hernández Ochoa era incluso anterior a cuando ambos pertenecieron a la XLIX legislatura federal (1973-1976), que dejó Hernández Ochoa en 1974 para ser gobernador.

En esos tiempos las políticas de protección al ambiente eran relativamente nuevas, no sólo en México sino en el mundo. Por ejemplo, fue hasta 1979 que en Alemania Federal la legendaria Petra Kelly (1947-1992) y otros ambientalistas igualmente desaforados y pacifistas, fundaron el Partido Verde, uno de los más consecuentes y proactivos hasta la fecha. Mientras tanto, en México el gobierno federal empezaban a proponer normas regulatorias desde la entonces Secretaría de Salubridad y Asistencia. Así pues, no es exagerado afirmar que el gobierno de Veracruz 1974-1980 fue el primero en el país con tintes ambientalistas: formó la primera oficina del ramo en gobierno estatal alguno -la Dirección General de Asuntos Ecológicos, ubicada, por cierto, en el mismo edificio que la Coordinación de Zonas Indígenas y Deprimidas, en la calle Rubén Bouchez 10, frente a la taquilla del Teatro del Estado-; inauguró el Parque Ecológico Macuiltépetl, posicionado hoy en el corazón geográfico de Xalapa; en colaboración con el Conacyt fundó en 1975 el Instituto Nacional de Investigaciones sobre Recursos Bióticos, INIREB, que funcionó trece años en la capital del estado y al disolverse heredó algunos de sus profesionales, proyectos e infraestructura al Instituto de Ecología, INECOL, que llegó del Distrito Federal; la Universidad Veracruzana, por iniciativa del tuxpeño climatólogo universal Julián Ádem (1924-…) y con financiamiento de la Organización de Estados Americanos, fundó la Licenciatura en Ciencias Atmosféricas también en 1975; el Servicio Meteorológico y Climatológico estatal adquirió un instrumento de vanguardia con las correspondientes licencias de la NASA: una estación terrena para recibir información satelital para el pronóstico meteorológico, la que, dicho sea de paso, el siguiente gobernador condenó al abandono con total desprecio.

En concordancia con la “moda ambiental” del gobierno veracruzano, dos dependencias federales asentadas en Xalapa –desaparecidas, al igual que el INIREB, durante la irrupción neoliberal de los ochentas y noventas- se ocupaban de cuestiones agrícolas con un enfoque ambiental: el Instituto Mexicano del Café (Inmecafé) y la Comisión Nacional de Fruticultura (Conafrut).

Las tres obras mencionadas de Melgarejo son en buena medida un resultado cumbre de esa “moda”. No podría decir si Melgarejo mismo -hombre de campo como Hernández Ochoa- influyó en el gobernador para dar ese enfoque a la administración estatal, o fue el gobernador quien contagió a su amigo historiador, o -como es más probable- entre ambos se dio una conjunción de visiones del mundo y del gobierno.

La historia del códice (¿o los códices?) Vindobonensis la rastreó Melgarejo hasta los apuntes de Bernal Díaz del Castillo, donde encontró evidencias para afirmar que proviene de territorio veracruzano. Desde aquellos años en que apareció publicada la lectura de Melgarejo, se polemizó sobre si los lienzos más bien podrían ser mixtecos. Como sea, la glosa de Melgarejo enfoca con particular sensibilidad las referencias del códice al medio ambiente, y no es para menos: baste la imagen que acompaña a estas notas, que sin duda se refiere al ciclo hidrológico o, en la interpretación de Melgarejo, al Citlatépetl (Pico de Orizaba) sosteniendo el cielo y propiciando la “bajada” de los ríos. Plantas, animales, planetas y estrellas (¿el paso de Venus por el disco solar?) completan la serie de imágenes que escogió el autor para ilustrar el libro dedicado a esta interpretación arriesgada y provocadora.

La Historia de la ganadería… parte de un inventario narrativo de los animales domésticos antes de la llegada de los españoles. Describe con detalle y profusión el intercambio de especies entre España y la Nueva España, y va dando testimonio de la intervención del hombre para transformar selvas y sabanas en praderas artificiales; se ocupa, también, de la propiedad de la tierra y de la política pecuaria en la Colonia, el Porfirito y la Revolución. Hoy, cuando la sociedad parece que va entendiendo que la ganaderización del sureste mexicano ha tenido consecuencias indeseadas en el cambio global, empezando por el climático, este libro adquiere tanto o más interés que cuando fue publicado.

La Antigua ecología indígena en Veracruz es un alegato de cien páginas, sin divisiones en capítulos. Empieza por referirse al territorio desde épocas geológicas, para centrarse en la ecovisión indígena prehispánica. Recurre a las descripciones de plantas, animales y paisajes encontradas en códices como el Misantla, el Dehesa y el Vindobonensis; a la escultura y la cerámica prehispánicas –la mención obligada de Xipe-Tótec, como símbolo de la renovación de la naturaleza en el ciclo anual- y reivindica como amigables con el ambiente formas de cultivo ancestrales, en particular la milpa y la chinampa. Es un ensayo que campea entre la afanosa indagación documental y la interpretación apasionada del indigenista.

La Antigua ecología… salió de La Impresora Azteca S. de R. L. el 23 de enero de 1980, exactamente 23 años antes del fallecimiento de su autor ocurrido el 23 de enero de 2003.