Política

Pastoral política

enero 12, 2015

Claridosa, como últimamente se comporta la jerarquía del clero católico –en amplio diverso sentido– suelta ayer un comunicado en el que es preciso detenerse por el significado mismo de la reflexión clerical.

La Iglesia católica sugiere, pide (aunque podría leerse “exige”) que las precampañas de aspirantes a enchufarse en la renta del dinero público, toda vez que gastarán cantidades ingentes en ellas, tengan por lo menos el pudor de ser cercanas a la realidad y sin mentiras. La calamitosa circunstancia del país así lo exige.

Es interesante que, para el clero, la naturaleza de la crisis que aqueja al país es generalizada y multidimensional. Cosa que es correcta, independientemente de la polaridad ideológica desde la que se considere la afirmación. El clero católico señala cuatro aspectos determinantes: seguridad, economía, educación y salud. En ese orden. También es correcto pero tiene el listado un “atributo” adicional: son justo los temas que tocan las imposiciones reformadoras de la actual administración priísta y que han sido causa de irritación y movilización social.

Alude luego al patrimonialismo, a las ambiciones personales y al hartazgo ciudadano. Cosa en absoluto casual en el contexto del escándalo crediticio inmobiliario que envuelve últimamente al entorno presidencial y al poderoso y conspicuo secretario de Hacienda.

Sobre esa base, el clero sintoniza con el sentir y frustración populares cuando pide el término de las mentiras y de las promesas falsas, de los gastos pantagruélicos, del uso de la mercadotecnia sin contenido y la compra de voluntades a partir del hambre. Es improbable que tales buenos deseos sean cumplidos, pero no puede pasarse por alto el sentido de la lectura y la advertencia que subyace en ella.