Escatológica
octubre 15, 2014 |

Esta ha sido una década en la que los tres últimos gobiernos nacionales han sometido a los mexicanos a la violencia aleatoria sin inhibiciones. Los mismo se masacra a jóvenes estudiantes en Tijuana que a gatilleros del crimen organizado, o a estudiantes normalistas rurales y a cualquier transeúnte desapercibido. La sociedad ha sido consistentemente expuesta al terror y la muerte. Eventualmente ésta se organiza en la protesta y surgen movimientos civiles de alcance nacional como el que se cohesionó en torno al poeta Javier Sicilia. Lograron sentar a un malhumorado e incómodo Felipe Calderón en un diálogo que el gobierno redujo a mera catarsis, pero nada más.

Luego, la vuelta del PRI en caballo de tarjetas Monex. La decisión de cambiar la narrativa del crimen y “business as usual”. No sólo cambia nada sino que escala. Pero pese al propósito de habituar a los gobernados a las escenas snuff como parte de los noticieros matutinos, la sociedad resiste aceptar. De cualquier forma el daño está hecho. En México hace tiempo ya que se vive en el ambiente psicológico de la sociedad en guerra. El dolor, el miedo y el luto como predominantes emocionales.

Ayotzinapa parece ser el punto de inflexión. Se ha matado a jóvenes estudiantes que apenas rebasan la adolescencia, y no todos, y se ha desaparecido a 43.

Un gobierno remiso que a destiempo apenas si alcanza a describir los hechos como “inaceptables” pero nunca a dar una explicación asertiva. Mucho menos la certeza de que entiende. El gobernador permanece en su puesto para medio articular respuestas defensivas en los noticieros. México en los noticieros del mundo y en las recomendaciones de evitar visitarlo de otros gobiernos a sus ciudadanos.

La cascada de reformas a rajatabla al parecer será insuficiente para superar la incertidumbre sistémica que disuade las inversiones. Y mientras la parálisis sigue como la forma normal de desempeño económico

Es posible que Ayotzinapa signifique sacudir el sopor canicular en la que los mexicanos se apoltronan quejumbrosos desde hace lustros. Por lo pronto los jóvenes parecen responder al reclamo de la responsabilidad. Se organizan y paran; falta por ver si esto será el principio de un cambio. Lo que sí es claro es que ni el gobierno federal ni el estatal están a la altura de la exigencia. Los mercados, parámetro inmisericorde de los tiempos, así lo indican.

Por lo pronto, México, que vive más de una vida, muere muchas muertes.

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