Política

Niños viven el horror causado por los Maras

agosto 24, 2014

San Pedro Sula, Honduras.- Hay unos niños viviendo en uno de los barrios más peligrosos de la ciudad considerada como la más violenta del mundo que están convencidos de que pueden frenar el horror a su alrededor causado por las pandillas de la Mara Salvatrucha.

“Tengo cuatro amigos que los mataron, tenían entre 7 y 15 años. A mi primo de 17 y una amiga de 15 que la mataron hace cuatro años, la violaron y la dejaron en el bordo”, cuenta Vivi, una adolescente de 15 años.

Es la colonia Rivera Hernández de San Pedro Sula –con una tasa de 194 asesinatos por cada 100 mil habitantes–, un asentamiento de 12 barrios con unos 120 mil habitantes situado en la periferia de la ciudad.

Los niños de la Rivera Hernández cargan con el estigma de vivir en un lugar controlado por la Mara Salvatrucha. Cuando salen de su colonia, se topan con el rechazo social, incluso, de los maestros de las escuelas públicas. “Pero somos amigos, ¿no? Conmigo no vas a tener ningún problema”, le dijo una maestra a Vivi cuando supo dónde vivía.

Ahí, en una de las callejuelas de esa colonia, está el portón del centro educativo Paso a Paso que cuando se abre deja ver las pinturas de los niños en las paredes. Mahatma Gandhi, Francisco Morazán, Chico Méndez y las hermanas Mirabal están en esos muros.

Afuera están los disparos, los asesinatos, los horrores, los asaltos, las violaciones; adentro están los niños que se han salvado hasta el momento y quieren ir contracorriente oponiéndose a la violencia.

Silvia Hernández Heredia es una misionera voluntaria y fundadora del proyecto. Ella cuenta algunos de sus esfuerzos para llevar un poco de paz a ese lugar. Lo primero, dice, es hacer que los muertos sean recordados como personas, no como cifras.

Así, cuando matan a algún niño que asistía a estudiar a Paso a Paso, realizan actividades colectivas entre los niños y adolescentes para recordarlos, para que se sepa cómo eran, qué decían, qué les gustaba… quiénes eran. “Aquí en Paso a Paso a los amigos que están muertos se les hace un homenaje, se les recuerda”, dice Vivi, que ya vió morir a su mejor amiga, Engie Guevara, un caso sonado en Honduras que movió a la opinión pública pero no a las autoridades.

“Engie Guevara venía aquí al programa, vino casi como un año y medio. Era mi mejor amiga, a ella la mataron. Tenía 15 años. La mataron en el colegio donde nosotros estamos. Era una chavita que le gustaba el estudio, se llevaba con todos, era bien inteligente pero a la misma vez, como las malas lenguas hablaron mal de ella porque ella nunca se dejó de nadie. Si usted la insultaba, ella lo insultaba más”, dice Vivi.

“Cuando decimos el nombre, hacemos un círculo. Hay varios güirros (chavitos) que llegaron al programa y los han matado y cuando dicen su nombre, las personas que lo conocieron dicen algo de él y se le prende una vela”, cuenta Vivi.

“Estamos aquí donde podemos cambiar la realidad”, afirma, contundente, Eli, una chica de 16 años que asiste a Paso a Paso desde su fundación, hace 11 años, y cuenta que cuando sea maestra, no se va a salir de su colonia, ni de su ciudad, ni de su país. Se va quedar a dar clases en la Rivera Hernández.

Todos tienen algún familiar o conocido que estuvo o está en algún grupo de la Mara. Todos tienen a algún familiar o conocido que a matado o ha muerto, según sus testimonios.

En la Rivera Hernández hay una regla de oro de supervivencia que conocen los niños: “Ver, oír y callar”, dice Kevin, de 15 años. “Aquí hay que callar, aquí no puede hablar uno porque lo pueden matar. Solo ver y callar”, agrega.

Los niños están acostumbrados a escuchar gritos en las calles. Puede ser que sea tu papá el que clama por ayuda, o tu hermano. Pero la ley no escrita se impone: “ver, oír y callar”. Pero en las paredes de Paso a Paso, las reglas se cambian por otros principios.

Por ejemplo, Vivi piensa que su amiga Engie tuvo una muerte que tiene un significado. “Ella regresó como mariposa”, dice la niña, eufórica, repasando las palabras de los muros.