Política

No mejora credibilidad de la policía; falla táctica anticrimen en el Puerto

abril 23, 2014

Lejos de representar una corporación de confianza y trabajar en conjunto con la gente para reducir los índices delictivos, la llamada Policía de Proximidad Social de Veracruz parece no poder contener la creciente ola de robos a comercios, bancos y viviendas.

Si bien la sociedad veracruzana dejó de ver con frecuencia los enfrentamientos públicos entre grupos armados del crimen organizado, los ladrones se adueñaron de las calles frente a los ojos del Mando Único instaurado en la zona metropolitana de Veracruz, integrado por la Policía Naval y la Policía Estatal Acreditable.

Los guerreros del Coyol

Cada que un habitante de la unidad habitacional El Coyol, ubicada al poniente de la ciudad de Veracruz, sufría un asalto en la calle o a su vivienda, la policía tardaba de 40 minutos a una hora en llegar al lugar.

La ineficacia de los elementos policiacos fue aprovechada por los delincuentes, quienes incrementaron la frecuencia de atracos y la violencia con la que actuaban. Los vecinos entendieron que era el momento de actuar para poner fin a la inseguridad que los azotaba día y noche y optaron por armar con bates y palos a los jóvenes de cada uno de los barrios.

La riesgosa estrategia surtió efecto. Redujo los asaltos a transeúntes, los atracos en las casas y el robo de automóviles a plena luz del día. Días después de que los medios de comunicación dieron cuenta de lo que pasaba en El Coyol, así como en otras colonias de la ciudad como Río Medio y La Herradura, el gobernador de Veracruz, Javier Duarte de Ochoa lanzó dos programas para combatir la delincuencia común.

Convencido de que los ladronzuelos jarochos no tendrían margen para operar, anunció los programas Vecino Vigilante y Policía en tu Colonia. En la sala de cabildo del ayuntamiento de Veracruz, el gobernador informó la mañana del lunes 17 de marzo que habría 180 elementos más en la zona metropolitana con la encomienda de ganarse la confianza y actuar de la mano de la gente.

Un día antes de la flamante presentación de Duarte de Ochoa, arribó a El Coyol el subdelegado de la Secretaría de Seguridad Pública, Bartolo Villegas, para precisar a los vecinos que los policías no eran robocops y que harían lo humanamente posible para devolver la tranquilidad a la zona.

Mientras la Secretaría de Seguridad Pública (SSP) del gobierno del estado inundó las calles con policías de gorrita coqueta, zapatos brillantes, pantalón bien planchado y camisas blancas, dignas de cualquier comercial de detergente, los delincuentes sorprendieron bancos, comercios y continuaron los atracos en zonas comerciales y colonias.

Las cifras del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública no mienten: los delitos del fuero común registraron de 2011 al 2013 un crecimiento del 22 por ciento en los municipios de Veracruz, Boca del Río y Medellín.

Estrategia mediática

Cuando el ciudadano jarocho indaga y curiosea sobre el trabajo de la policía de proximidad –la misma que aparece frecuentemente en las portadas de cinco de los ocho periódicos de la ciudad– en Internet, encontrará boletines que hablan de múltiples estrategias y fotografías de elementos que marchan al lado de una botarga o conducen modernas motocicletas.

Entre las cualidades citadas, invariablemente, hallará en los comunicados conceptos como: cercanía, confianza, renovada, auxilio, táctica urbana, comunicación y un racimo de adjetivos asociados al agrupamiento de la SSP.

Cada tres párrafos, los redactores de la dependencia insisten en el trabajo que la Academia Estatal de Policía ejecuta en la preparación de elementos confiables y dignos de la nueva Policía Estatal Acreditable.

“No hay una tienda para comprar policías, es un proceso que lleva tiempo y que estamos cumpliendo para contar con elementos que sirvan con honestidad y vocación a Veracruz”, declaró el titular de la SSP, Arturo Bermúdez, a mediados del 2013 cuando fue cuestionado sobre el número de policías en la ciudad.

Estrategia fallida

El presidente nacional de la Asociación de Consejos de Participación Cívica y gestor del programa Comunidades Seguras de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), Arturo Mattiello Canales, considera loable el trabajo del gobierno estatal para renovar y depurar la corporación.

Sin embargo, el especialista en temas de seguridad y en esquemas de prevención del delito insiste en tres puntos, que considera, deben atenderse de manera urgente: la certificación de la Policía Estatal Acreditable por un organismo independiente; el aprovechamiento de la inteligencia ciudadana y la inversión en estrategias concretas de prevención del delito.

“¿Quién te garantiza que los policías egresados (de la Academia Estatal) tienen las actitudes y las aptitudes para desempeñarse como tal?”, cuestiona al tiempo que propone sean evaluados y certificados por una institución no gubernamental. “Existe un programa llamado Certipol (Certificación Policial Ciudadana) que diseñó el Instituto para la Seguridad y la Democracia (Insyde) pero nadie le ha tomado la palabra, no hay voluntad política para someterlos a un estricto control de calidad”.

En México, sólo la policía estatal de Baja California, la policía municipal de Tlajomulco y la policía ministerial de Guanajuato cuentan con la certificación que ofrece el Insyde, la cual está basada en modelos policiales de Irlanda y Francia. Además de garantizar que los elementos fueron evaluados por un organismo ajeno a la Secretaría de Seguridad Pública, Mattiello Canales explica que la certificación tiene un enfoque de acercamiento ciudadano.

“Para ser policía se necesita tener vocación de servicio. Es una carrera a largo plazo a la que deben ingresar hombres y mujeres decididos a contribuir a mejorar su comunidad y no nada más por tener un trabajo. En Veracruz debemos regresar poco a poco a las policías municipales, no es un proceso fácil ni rápido, pero la estrategia y la misión como corporación debe apuntar hacia la reducción de delitos comunes, de los patrimoniales”, insiste.

Para el presidente de la Asociación Nacional de los Consejos de Participación Cívica, el actual modelo policial desperdicia la inteligencia ciudadana para combatir a la delincuencia común. “Hay un esfuerzo pero necesitamos regresar a los policías de barrio, de sectores, y sobre todo, procurar que el elemento viva en el sector asignado porque así tendrá verdadero arraigo y compromiso por su zona”.

Añade que los policías de proximidad son los que se sienten honrados por proteger a los suyos, hay involucramiento y arraigo, y lo más importante, conocen el modus operandi de los delincuentes y la gente con la que trata. Insiste en que integrar una corporación de policías de barrio es un proyecto a largo plazo, que necesita del apoyo municipal, situación que en la zona metropolitana de Veracruz se ve distante.

“La gran excusa de siempre es que no hay recursos. Nosotros hemos intentado dialogar con el ayuntamiento de Veracruz y ahí la llevamos, sin concretar algo todavía [...] En Boca del Río apenas tocaremos puertas y esperemos haya voluntad política para actuar”.

2011 fue un año sangriento para la conurbación. Las balaceras a plena luz del día y la corrupción en la Policía Intermunicipal Veracruz-Boca del Río obligaron al gobierno estatal a pedir ayuda a las fuerzas federales.

Bajo un convenio suscrito con las secretarías de Marina Armada de México y de Defensa Nacional, se conformó la Policía Naval y ésta enfrentó al crimen organizado, sin que los municipios intervinieran. Tres años después, los ayuntamientos de Veracruz y Boca del Río continúan sin hacerse cargo de la responsabilidad de garantizar la seguridad a sus habitantes.

Alcaldes apáticos

En tanto, los alcaldes de Veracruz, Ramón Poo Gil y Boca del Río, Miguel Ángel Yunes Márquez, respectivamente, parecen no tener la mínima intención de invertir en una policía que trabaje hombro a hombro con los ciudadanos. El especialista advierte si los gobiernos municipales y estatales desestiman el apoyo que la sociedad pueda brindar para detener a los ladrones, entonces la inseguridad se detendrá hasta que la economía mejore.

“No hay que perder de vista que nos encontramos en la curva baja de la economía nacional, si nos ponemos a revisar el crecimiento del año pasado y lo que se proyecta para este 2014 y lo que viene, el problema no tiene para cuándo acabarse. Se perdieron muchos empleos entre 2008 y 2009, a la fecha no hemos podido recuperar las condiciones que generen bienestar entre los habitantes y eso, inevitablemente, provoca que haya más delincuentes ¿Por qué crees que roban los bancos?”, enfatiza.

Tan sólo el primer trimestre de 2014, la Cámara Nacional de Comercio (Canaco) en Veracruz registró 135 robos a sus agremiados, aunados a las 14 sucursales bancarias asaltadas, incluso, a espaldas del palacio municipal de Veracruz.

La apreciación que ofrece Arturo Mattiello coincide con la Encuesta Nacional de Victimización y Percepción 2013 realizada por el Inegi, la cual revela que 45 por ciento de los veracruzanos creen que la delincuencia es a causa del desempleo. El mismo estudio arroja que la mayor preocupación del 54.8 por ciento de los jarochos es la inseguridad.

Valor ciudadano

César es uno de los más de 20 jóvenes que decidieron armarse con bates y palos para vigilar las diferentes secciones de El Coyol, integrante del grupo de vecinos que no cree en la capacidad de la policía para reducir la delincuencia.

“Desde que fueron a vernos sí bajaron los robos, pero no fue porque ellos fueran a vigilar o detuvieran a los delincuentes. Ellos ahí siguen, nomás que seguramente operan en otro lado. Cada que los policías nos ven caminando por la noche nos dicen que regresemos a nuestras casas, que para eso están ellos y así nos han intentado convencer, pero nosotros no dejaremos las calles porque en cuanto nos descuidemos, los ladrones regresarán”, relata.

Además del incremento de los rondines policiacos, el gobierno sustituyó el alumbrado público y mandó a limpiar los parques del barrio. También, como parte del programa Policía en tu colonia, puso a los elementos a tocar puerta por puerta.

“A mi casa fueron y según me dice la familia sólo levantaron un sondeo. Hace unos días hubo una junta entre nosotros y la decisión fue que seguiríamos vigilándonos porque con ellos no vemos un compromiso real, al rato ustedes dejan de publicar notas y ellos se van”, se queja resignado.