Política

La Faena

abril 01, 2014

Los panistas Gustavo Madero y Ernesto Cordero no pudieron sustraerse al pequeño priísta que al parecer los políticos mexicanos de todos los partidos llevan dentro. Así, la gente que rodea a Madero en Veracruz proviene de la más alta escuela del priísmo, los Yunes boqueños, insustituible ejemplo a quienes delata su comportamiento y riqueza personal y que responden a esquemas insertados en su ADN; ni se diga de los panistas poblanos que en su más reciente evento de campaña, el 23 de marzo, promovían a todo pulmón la postulación del de Chihuahua a la presidencia nacional del PRI (http://aristeguinoticias.com/3103/mexico/el-pan-censura-este-video-contra-gustavo-madero/)… El caso más lamentable de ese desliz lo dio el propio calderonista Cordero, cuando el 23 de marzo fue traicionado por su subconciente y en gira proselitista por Yucatán, en el comité municipal de Mérida, reiteraba la necesaria independencia de AN del gobierno: “acá no se le debe tirar línea, por eso quiero ser presidente del PAN para que todos nos sintamos militantes de un partido digno, de pie, con orgullo y con legado […] yo quiero ser presidente del PRI para honrar ese legado de millones de miles de mexicanas y mexicanos que desde 1939 han construido el país que hoy tenemos”, remató el ex secretario de Hacienda, quien aseguraba durante el calderonato que con 6 mil pesos mensuales alcanzaba para coche, escuela particular y ahorro… Ambos ejemplos encajan perfectamente en la simulación democrática; uno tratando de ganar a punta de “moches”, sirviendo de comparsa al poder y faltando a su promesa de no acudir a la asamblea nacional a fin de no entorpecer el proceso interno de elección de dirigentes; otro, bajo la fachada de representar a una corriente panista auténtica, cuando en realidad sirve a los intereses del expresidente Felipe Calderón en su intento de constituir un minimaximato al interior de las filas del blanquiazul, de la mano del opaco dirigente estatal Enrique Cambranis, representante de una cómoda camarilla de panistas frecuentemente aliada con el poder... El asunto es que el deplorable ejemplo del PAN sirve para mostrar en qué se ha convertido el modelo de competencia partidista donde se desvanecen las fronteras ideológicas de los partidos; sus cúpulas hacen como que se pelean pero al final de cuentas se ponen de acuerdo para obtener beneficios personales… Así pues, los dos aspirantes a la dirigencia nacional panista resultaron más tricolores que muchos militantes de este partido, porque tanto Madero como Cordero han sido puntales del Revolucionario Institucional para sacar adelante unas reformas estructurales cuyo altísimo costo político y social apenas comenzará a verse en un mediano plazo… Mientras, el CDE del PRI atraviesa por una etapa de oscurantismo, inmovilidad y descrédito que difícilmente podrá ser superada llegue quien llegue a sustituir a Elizabeth Morales, la exalcaldesa xalapeña que arrastra tras de sí una ponzoñosa estela de corrupción y pésima imagen pública aderezada por su escandalosa vida personal… Es difícil entender las razones políticas que motivaron el ascenso de Morales García a una responsabilidad tan sustantiva para efectos políticos del proceso sucesorio estatal… Pareciera como si tal decisión hubiera sido tomada con el propósito explícito de afectar al Institucional, aunque hay que conceder que el daño al partido por la mal llamada gestión de Morales García, estaría limitado por la afortunada coincidencia de que en el presente año no habrá elecciones y entonces su paso sería intrascendente para efectos políticos, aunque lo más seguro es que se trate de alguna concesión del priísmo veracruzano a algún influyente como para aceptar que una tóxica personalidad de la política se haga cargo del partido… Como sea, el caso es que en este impasse para el tricolor, cualquier cosa que haga o deje de hacer la nueva casateniente capitalina quedará en el más completo olvido y en la memoria histórica partidista no quedará huella alguna –salvo sus desatinos– del tránsito de la primer mujer dirigente estatal priísta.