Política

Atavismo

febrero 22, 2014

El conflicto derivado de las prisas impositivas del gobierno federal y el alineamiento por descontando de las autoridades del estado respecto a las llamadas reformas estructurales, fueron detonadores de una resistencia gremial que en muy poco tiempo se organizó, redefinió y rediseñó políticamente en resistencia, rebasó a los liderazgos formales y, pese a todo y todos, se configuró en un movimiento magisterial/social singular. Puede afirmarme que del inicio de la protesta y las movilizaciones, su estabilización en la cresta, al repliegue organizacional, las autoridades educativas y los operadores e intermediarios políticos nunca comprendieron a cabalidad la naturaleza del adversario que tenían al frente. Desde la disuasión por vía de medidas administrativas, hasta el uso de la fuerza para remover a los protestantes de las calles. En términos

de los objetivos de la autoridad se logró nada excepto diferir los tiempos, que es la forma normal de hacer las cosas. La opción por el desgaste.

No hay indicios de que algo así haya pasado.

Con menos espectacularidad y sin la virulencia de la protesta callejera, los maestros mantienen su organicidad y la escalan. Aquí y allá se expresan en un tren de ideas diverso pero consistente con una concepción política consolidad en el consenso horizontal. Para cualquier lector medianamente atento queda claro la dimensión del magisterio no se alterará por aplicarle recetas dilatorias o dinámicas de desgaste, efectivas con frecuencia para grupos de presión (colonos precaristas, movimientos corporativos urbanos campesinos, comerciantes informales), pero que en el caso del magisterio en resistencia ni remotamente significarán algo más que una molestia circunstancial, esperable además.

Se acusa al diputado Callejas de sembrar impedimentos para que diputados y magisterio se reúnan a fin de armonizar lo armonizable toda vez que hay voluntad de los diputados, particularmente los de oposición, a hablar con los maestros. Pero los reflejos corporativos y el hábito de la obediencia determinan al priismo. Reflejos y hábitos que son auténtico fardo para la operación una política fluida y creativa. Una lógica que convierte al priismo en peso muerto para las necesidades del estado. Es de suponerse que hay inteligencia entre diputados priistas, también es de suponerse que representan los intereses de sus electores, no los de su portido. Sobre esa lógica obedecer a Callejas no favorece ni a su partido ni a ellos mismos, mucho menos a los gobernados.

Dado los acontecimientos del año pasado, es muy deseable que los diputados priistas sean capaces de cambiar de paradigma porque ese al que se apegan con fruición claramente no funciona.