Política

¡Esto sí es un Buen Fin!

noviembre 19, 2013

Sin duda la expresión más sublime del capitalismo es el denominado “buen fin” porque representa su gran trama, nos referimos al imperativo ¡Gasta!, precisamente porque la lógica de su funcionamiento a nivel económico es que la gente está haciendo más inversiones gastando su dinero que guardándolo debajo de su colchón, esta afirmación emana del entendido de que nuestro tiempo exige poner atención al Valor del producto y no sólo a su precio, pagar por algo de calidad no tiene precio. Esto además de poner en actividad la economía nacional, la cual se encuentra -por cierto- en una creciente recesión. Sin embargo, juguemos un poco con este contexto, corriendo los riesgos de ser unos neófitos en materia de economía, no así en materia social, política y psíquica.

Primero pensemos que significa el imperativo del gastar, si nos proponemos seguir el mandato económico del que somos parte, podremos observar que, nos gastan al comprar, nuestras quincenas se ven mermadas, pero no solo eso, nosotros somos parte del mismo desgaste, casi de la misma manera en que Marx explicaba el trabajo enajenado, en donde la fuerza productiva del obrero se perdía y se alienaba dentro de la mecánica de fabricación de un objeto, que a la postre produciría ganancias para el dueño de la empresa, dejando al obrero con una pequeña proporción, con un resto. Mutatis mutandis, esta es la nueva forma de operación, pues el desgaste viene en el acto de gastar.

Si hablamos del desgaste, esto se convierte en una perdida energética pero con algo de ganancia, en todo caso, basándonos en términos psicoanalíticos pudiésemos decir que, lo que conlleva esta acción de gastar y ser gastado es el gozar, el cual es otro imperativo de nuestra era. Entonces nos dicen ¡Goza!, compramos no sólo productos, sino cosas que utilizaremos, nuestra recompensa se palpa en la durabilidad y el estatus.

Entonces se nos dice a Gozar (gastar) perdiéndonos en el mar de consumo, esto produce horror para la gente critica y se mofan de aquellos incautos que deciden poner en acción su dinero, aunque en el fondo la gente desea ser partícipe del entramado –esto último, muy en el fondo-, ¿Quién puede verse en la necesidad de abstenerse del gastar -invertir- por algo que ha codiciado por mucho tiempo? o peor aún, ¿Quién se abstiene de siquiera pensar, hablar o escribir sobre el buen fin a favor o en contra?

Sea cual sea la postura esto nos arroja a un problema: estamos atrapados en el entramado del capitalismo que -de vez en cuando- decide arrojarnos unas descargas eléctricas para activar nuestra economía y nuestros bolsillos. En todo caso, nos vemos obligados a ver el “buen fin” como una lógica que permite activarnos, hacernos partícipes de las esferas económicas, jugar ilusoriamente con ser como aquel burgués que tiene una televisión de doscientas pulgadas, aunque por ello tendrás que pagar, tu quincena o futuras quincenas serán de ellos, sin embargo esto no viene sólo, tendrás una ganancia, sin embargo, el empresario y la economía se ve favorecida con el intercambio monetario, es algo así como la mujer que por culpa lleva un mendrugo de pan al menesteroso local y después de haber calmado su hambre ella puede irse en paz, con la consciencia tranquila de haber realizado una buena obra, por arte de magia su culpa desaparece con la satisfacción de ver al hambriento que desvanece su ansia de comer, lamentablemente, el hambre siempre volverá.

Si pudiésemos ver que hay un desgaste en el gozar y en el comprar, podríamos ver que la verdadera máscara del “buen fin” es precisamente esa, el permitirnos acercarnos un poco a ellos, pero jugando a ser sus ciervos. Pero entonces, ¿Qué posibilidades pueden surgir de esta trampa? ¿Será que debemos apostar las críticas de los quejumbrosos?

La única posibilidad es precisamente el poder observar cómo opera la lógica de este capitalismo y a partir de allí, comenzar a pensar que posibles soluciones podremos encontrar, para salir del entramado, por lo que ya no sería factible el abstencionismo –tampoco la total entrega al consumismo- sino que debemos comenzar por retirar la máscara que entrama este asunto, pues al darnos una limosna, un pedazo de pan, nos hacen sus esclavos – ya no sólo la fuerza de trabajo es la que pertenece, sino la fuerza del consumo- en todo caso, el giro debe venir en el gozar, abstenerse de querer lo que se nos impone y buscar nuestro verdadero desear, que no tiene nada que ver con el pensar que una televisión, una camisa o un reloj son la felicidad. En todo caso, debemos analizar como nuestras vidas giran en torno al consumo, al siempre pedir más, al sobrepasar nuestros propios límites en este juego, que no sólo dura un fin de semana anual, sino que está presente en todo momento.