Política

¡Yuppies hablando con Marx!, ¿Dónde queda la irrupción del proletariado?

octubre 29, 2013

En 2012 un puñado de jóvenes de la Universidad Iberoamericana hicieron manifiesta su inconformidad para con el entonces candidato a la presidencia Enrique Peña Nieto, las críticas y expresiones de desprecio culminaron con la irrupción del video que dio vida al famoso y efímero movimiento yosoy132#, el cual recibió un duro golpe cuando Antonio Attolini -uno de los voceros de este grupo- aceptó una oferta de empleo por parte de Televisa. Por otra parte, en días pasados una joven sorprendió con sus declaraciones durante la clausura de la Cumbre de Negocios organizada por la Universidad Panamericana, en donde manifestó su descontento denunciando la poca humanidad de nuestros dirigentes, el bloqueo ejercido hacia un pueblo que desea crecer, pero que lamentablemente se nos han hecho un “cocowash” para que no lo veamos así. Estos dos eventos, pudiesen no tener relación alguna aparente, sin embargo: ¿No nos resulta sospechoso que estas irrupciones vengan de dos instituciones educativas de cierto renombre y prestigio académico, las cuales también se destacan por tener jóvenes de una posición acomodada en nuestra sociedad estamental?, peor aún, ¿Cuáles son los motivos para que estas irrupciones emanen de una juventud que en su mayoría proviene de familias acomodadas?

Si seguimos el discurso de la estudiante de la Universidad Panamericana, podemos decir que: de manera velada está situada en una posición marxista –esto si pensamos en el “lavado de cerebro” como un genérico de la alienación- lamentablemente, emana desde la posición que Marx aborrecería, porqué simplemente no es un discurso proveniente del proletariado y esto lo hace sin duda un discurso vacío, sin conocimiento de causa y que raya en el absurdo, puesto que: si hacemos énfasis en el acento burgués de la joven y su visión del pueblo -como un grupo de pobres que no tienen acceso a la ilustración y viven en la ceguera total atrapados por un sistema que vive explotándolos- su intento se convierte en una farsa que nulifica todo el planteamiento, aunque no deja de ser real en algún sentido.

Esta situación sin duda es parecida a lo ocurrido en un subterráneo de París donde un yuppie se encontraba leyendo ¿Qué es Filosofía? de Gilles Deleuze y Felix Guattari, anécdota relatada de singular manera por Jean-Jaques Lecercle:

La incongruencia de la escena induce una sonrisa- después de todo, se trata de un libro explícitamente escrito contra los yuppies… la sonrisa se convierte en una mueca sarcástica cuando uno imagina que este yuppie en busca de la ilustración compró el libro debido a su título… y ya se ve la expresión de perplejidad en la cara del yuppie, a medida que lee página por página al viejo Deleuze. 1

Estas dos irrupciones –el yosoy132# y la estudiante de la Panamericana- deberían provocarnos en algún sentido una sonrisa, pero no por la vía de apropiación de las tesis marxistas, es decir, no sólo por el hecho de que resulte incongruente y paradójico que lo que enuncien sea un clamor que no les pertenece, puesto que es muy dudoso que conozcan la pobreza extrema de la realidad de los mexicanos, más bien, se trata de una cierta posición que debemos asumir, los que somos en algún sentido marginales, proletariados o más bien sujetos que se deben tomar en serio el compromiso ético político que se requiere en nuestra contemporaneidad.

Para explicar el punto recurramos a un chiste que nos proporciona Slavoj Zizek:

En el siglo XV, cuando Rusia estaba ocupada por los mongoles, un campesino y su mujer estaban andando por un polvoriento camino; un guerrero mongol a caballo se detiene a su lado y le dice al campesino que va a violar a su mujer; a continuación, añade: “Pero, como hay mucho polvo en el suelo, debes sujetar mis testículos mientras violo a tu mujer, de manera que no se ensucien”. Una vez que el mongol ha realizado la acción y se aleja cabalgando, el campesino empieza a reírse y a dar saltos de alegría. Su sorprendida mujer le pregunta: “¿Cómo puedes estar dando saltos de alegría, cuando he sido brutalmente violada en tu presencia?” el agricultor responde: “¡Pero le he fastidiado! ¡Tiene los cojones llenos de polvo!”. Esta triste broma revela la difícil situación de los disidentes: pensaban que estaban asestando serios golpes a la nomenclatura del partido, pero todo lo que hacían era ensuciar ligeramente los testículos de la nomenclatura, mientras la elite en el poder continuaba violando al pueblo…2

Para ello, debemos decir que ya no basta con denunciar que existe un sistema el cual nos hace “cocowash”, más bien es todo lo contrario, debemos entender que si estas ideas han permeado a estas clases sociales, es porque ideológicamente estos discursos han perdido su radicalidad política y que hay una necesidad mucho más apremiante, puesto que: “en nuestras sociedades, los izquierdistas críticos hasta ahora sólo han conseguido ensuciar a los que están en el poder, cuando de lo que se trata es de castrarlos”.3

De igual manera muchos críticos de la ideología lo único que han conseguido es empolvar un poco las decisiones que se toman, sin embargo, se continúan realizando.

En todo caso, la propuesta está allí, se debe volver a replantear la manera en la que se confrontan estos discursos y no precisamente desde una confrontación directa –que tendría que ver con una castración real- más bien es replantear nuestros juicios críticos ideológicos, para irrumpir de manera simbólica en las verdaderas posiciones izquierdistas –tal vez proletarias-, después de todo parece que con el vaciamiento de estos discursos –los cuales han caído en manos de los yuppies- nos arrojan a nuevas posibilidades de configurar las expresiones ético políticas de nuestros tiempos, siguiendo a Zizek: “La moraleja de la historia: el tiempo del chantaje moralista democrático-liberal se ha acabado. Nuestro lado ya no tiene que continuar disculpándose; mientras que el otro debería empezar a hacerlo pronto”.

Referencias:

Zizek, S. La Revolución Blanda. Atuel 2004.

Zizek, S. Primero Como tragedia, Después como farsa. Akal. Madrid 2012. 2ª Edición.