Política

La polarización social de la educación en México

septiembre 03, 2013

Miles de países en el mundo aceptan que la formación del capital humano es la base del desarrollo y por ende, la potencialización de este sector recae en los avances científicos y tecnológicos que posibiliten dicha tarea. Para lograrlo, resulta necesario abarcar los procesos educativos y generar una estructura eficiente que se encuentre más allá de toda clase de políticas ideológicas surgiendo dos elementos sustanciales para dicho fin.

El primero, es la apropiación de todo lo viviente a través de lo que algunos denominan como Biopolítica en el sentido en que se establecen los argumentos para un pacto social emergente de las leyes y los acuerdos, es decir, bajo la forma del derecho. El segundo obedece a la forma conocida como Pospolítica, a saber, una capacidad administrativa por parte del Estado, la cual se encuentra fuera de toda lucha ideológica (en apariencia) y dedicada a gestionar los elementos necesarios para la posibilidad de dicho fin.

Se puede decir que de la Biopolítica-Pospolítica emergen las bases del pensamiento que permite entender nuestras civilizaciones occidentales, sin embargo, para su consolidación resulta necesario un tercer elemento, establecer temor en la población para explicitarle los riesgos que se corren con alguna irrupción problemática en la comunidad, esto se entiende como política del miedo, un manejo de los medios de comunicación para establecer campañas de concientización.

La educación en México no escapa de esta forma, puesto que, se nos ha bombardeado hasta el cansancio, con una polarización con respecto a los peligros de nuestro sistema educativo reformado con una nueva Ley.

Cuando decimos polarización, nos referimos a que hay dos bloques debatiendo la Reforma: por un lado, un Estado de derecho que pretende mejorar la calidad educativa con argumentos muy cuestionables desde el punto de vista de la formación académica, la cual, se entiende desde la construcción cultural, así como el desarrollo de las capacidades de cada individuo para conformarse en una sociedad carente de una verdadera educación; sin embargo, con un intachable manejo de la administración de los recursos y exigencias de controles de calidad. Por el otro lado, un sector docente, que se ve mermado en sus aspiraciones laborales, en la que sustentan que la reforma educativa es una problema a sus propios intereses, un retroceso en los derechos laborales obtenidos –incluidos los privilegios- y hasta las formas más radicales que sostienen que son capaces de afianzar un verdadero programa educativo, humano y más allá de las formas de preparar a los individuos para trabajar. No obstante, sus maneras de dialogar se basan en el uso de las manifestaciones y de actos en los que recaen en ciertos incumplimientos de sus deberes como dadores del conocimiento, pues en muchos municipios del país, las aulas han visto sofocada su actividad por culpa de el ausentismo en pro de una manifestación que no denota en realidad un proyecto sumamente concreto y que parece abogar por intereses personales.

Pueden surgir muchos puntos de vista y opiniones encontradas, sin embargo, existe un gran fracaso, puesto que, a pesar de que México cuenta con una amplia gama de docentes realmente comprometidos con crear un cambio en nuestro país, también es cierto que las escuelas están plagadas de gente que no tiene el más mínimo interés en la docencia y que su labor es llevada a cabo por mantener un cierto estatus de vida.

El Estado por su parte, cree realizar las reformas convenientes para el funcionamiento del sector educativo, donde pretende meter en cintura a los docentes, es decir a aquellos que han incumplido con el mínimo de sus obligaciones. Basta con pensar en todos los maestros que no se detienen a explicar cuidadosamente los contenidos educativos, incluso, recordemos a los que toman las verdades de los libros de manera dogmática y que no quieren perder el tiempo con los estudiantes y se deshacen de ellos mandándolos al siguiente grado escolar para no tener que aguantarlos otro año más y qué decir de aquellos que ni siquiera pisan un salón de clases por estar en comisiones sindicales y reuniones que obturan los procesos de formación de los estudiantes.

En este mar de problemas la sociedad pretende tomar partido, sin embargo, sólo es una forma de manifestar un propio descontento que tiene que ver con esas desilusiones producidas por un Estado que ha dejado insatisfechos a muchos sectores de la población.

Si somos conscientes de lo que ocurre en nuestras poblaciones, podemos decir que el fallo es inminente, pero no sólo de un Estado, sino de una sociedad en general ocupada de sus propios problemas, un individualismo estéril que cree encontrar refugios en redes sociales o charlas de café, en donde se mofan, se compone el mundo y se crea una falsa ilusión de una comunidad reflexiva y propositiva.

Pese a todo esto, el llamado que podemos hacer es precisamente el contrario, pues someternos a discutir desde estas perspectivas que se tornan en debates interminables e infructíferos –mortíferos en más de un sentido- donde se termina en la polarización social, puesto que, si bien es cierto, hay derecho de manifestarse, por otro lado existe la facultad de ejercer el Estado de derecho –ejemplos sobran en nuestro país- y cualquier posibilidad de hacer emerger algo nuevo se pierde. Las luchas entre gobierno y sociedad son antiquísimas en nuestra nación y no han dejado nunca nada productivo.

Pese a este mar de discusiones y peleas sin sentido – a nuestro juicio- debemos sostener una actitud mucho más radical, una salida de este conflicto biopolitico-pospolítico al que hemos aludido, debemos hacer frente a un mundo de formas y reformas con nuevas rupturas de las normatividades, es decir, una desforma.

Esta deformación debe trabajar con las potencialidades de nuestra niñez, es decir, cada padre de familia, tío, abuelo, estudiante, debe comprometerse con empezar a formarse por su cuenta, el estudio y las exigencias las debe imponer cada alumno y no danzar de acuerdo a los límites impuestos, suena sencillo, pero es demasiado problemático, puesto que no hay una cultura que sustente la posibilidad de educación más allá de las aulas, surgiendo aquí debates interminables con respecto a si la educación inicia en la escuela o en el hogar, en todo caso cada quien contempla su propia conveniencia y dejan a otros la propia tarea de educarse, de formarse a sí mismo. Otro problema es que los padres y demás actores sociales, están demasiado ocupados con las distracciones en turno como para iniciar un proyecto de tal magnitud.

A pesar de lo que se pueda refutar al respecto, comenzar una deformación de estas discusiones, abre una posibilidad de generar cuestionamientos más amplios, permiten surgir nuevas manifestaciones de exigencia a los procesos educativos, una exigencia no regulada por el estado ni manejada a conveniencia de los docentes. En consecuencia, emergería una verdadera discusión, y evaluación real, por parte de los alumnos, pues en última instancia ellos son los más afectados, estudiantes a quien nadie les pregunta porque se les considera alumnos en toda la extensión de la palabra – a-lumnis, los sin luz- pero también esto es arriesgado por que abriría nuevas formas de crítica y refutación a un docente que tal vez no esté preparado para asumir ese papel.

Sea cual sea el camino que se elija, es necesario tener en cuenta estas líneas, lo más que podemos decir, es que las posibilidades en estas sociedades están allí, dispuestas a que alguien las tome, sin embargo este ejercicio debe ser el de la deformación de las formas, para dar aire fresco a una situación que llena con hartazgo nuestros ojos en los ordenadores, que aturde nuestros oídos con los discursos seductores del entorno. Lamentablemente, es más fácil escuchar los cantos de sirenas y dejarnos llevar por ellos, sin importar las consecuencias.

El verdadero problema es que nadie está dispuesto a asumir un proyecto que marque la diferencia, no obstante, la posibilidad está en el fallo de esta sociedad, la invitación es a tomar la formación de cada individuo en sus manos. Tal vez esta sería la lección que nos deja un problema educativo polarizado y fragmentado en elementos de individualismo a conveniencia. ¿Quién será capaz de asumir su propia situación educativa y comenzar a formarse más allá de estos discursos? Aquí un verdadero reto.