Política

Clasemedieros: ¡dejen de sufrir!

junio 27, 2013

Existen noticias cuya difusión y análisis revelan sentimientos profundos de una sociedad. Novedades que ponen de manifiesto zonas importantes del imaginario colectivo de un país, visiones de sus clases dominantes y elementos básicos de la cultura ciudadana.

El reciente anuncio sobre la existencia de las clases medias mexicanas desató un buen número de artículos descalificando los resultados del estudio del INEGI. Y más exaltando los aspectos negativos de la información. Pocas reflexiones serenas sobre los datos que revela. En este mismo medio es digno de elogio el artículo del colega Manuel Martínez basado en su sólida formación matemática, cultura académica y visión de izquierda.

El llamado de la prensa y buena parte de la nacional y local sacaron a relucir sus prejuicios sin ningún pudor. Las desgarraduras de ropajes estuvieron a la orden del día. Resaltaron la información sobre las ligeras mayorías porcentuales de clase baja, que no de pobres y miserables, y sobre las reducidas minorías de clases altas.

Resulta en buena medida deprimente la actitud y concepción de estos opinadores que, debo reconocer, forma parte, todavía, de una visión predominante en México, sobre México y los mexicanos. Sus prejuicios están por encima de todo. Inclusive, sobre los datos duros de la realidad. No encuentro justificación moral ni intelectual para este regodeo insano sobre la pobreza en nuestro país. Pesa demasiado su imposibilidad de verse y sentirse parte de un país que progresa, que avanza a pesar de sus problemas y, si se quiere decir así, de su clase dirigente. Este regodeo sobre la mala situación del país, la mala clase dirigente, sobre los siempre malos, sobre los malos extranjeros y sobre los malos en general que son todos aquellos que triunfan pero que no pertenecen a sus grupos, parece obedecer más a cuestiones de su formación ideológica, anteojeras que les impide ver con algo de optimismo la realidad.

Pesimistas de oficio, a diario invocan a los pobres. Pero lo hacen casi siempre con voces de lamento, como expresión de piedad y conmiseración y como medio para reivindicar su supuesto interés y luchas, para justificar sus propias virtudes, ellos, los únicos que verdaderamente se ocupan de los condenados de la tierra. Ellos, los pobres, son la materia prima que les otorga un sentido a su vida intelectual. Su desaparición, de los pobres, para estos intelectuales, representaría una tragedia. Perderían la fuente de su prestigio franciscano o marxista, para el caso es lo mismo. La realidad no puede quitarles este “su tesoro”.

Y esta es la mentalidad que sigue hundiendo a México. Este refocilarse en la idea de que México es un país pobre, de jodidos, de víctimas me parece indecoroso, por decir lo menos. Sus opiniones configuran la idea de una sociedad mexicana siempre victimizada, siempre expoliada y siempre sometida por un grupo de malos mexicanos y sobre todo de extranjeros malos y perversos. Contribuyen fuertemente a crear un sentimiento de inseguridad psicosocial, de inferioridad social, de falta de ánimo y de disposición a competir y a salir victoriosos. Ven a los mexicanos como seres siempre inferiores, dominados, pero, eso sí, puros, inmaculados, sin responsabilidades personales en su propia situación, sea de pobreza o de riqueza.

Vivir con sentimientos permanentes de derrota es uno de nuestros principales problemas políticos. El período que corre aproximadamente de 1970 a 1990 estuvo marcado por una profunda depresión emocional de la sociedad mexicana. Nada la sacaba de su sentimiento de derrota, minusvalía e impotencia. Todo lo que decía y platicaba en la sociedad estaba impregnado de pesadumbre. Hasta que primero llegaron las reacciones sociales al sismo de 1985 y las elecciones de 1988. En este contexto, Carlos Salinas de Gortari realizó un experimento psicosocial, digno de mejor suerte. Volvió a infundir en la mayoría de los mexicanos los ánimos de triunfo, de seguridad en sí mismos, sobre todo entre los jóvenes que volvieron a sentir orgullo de ser mexicanos. Sabemos como terminó este intento. Fue un proyecto incompleto Pero algo quedó. Millones de mexicanos ya no bajaron la guardia y se creyeron que podían triunfar aquí o en el extranjero. Millones salieron del país a trabajar y triunfaron. Millones se quedaron para darle la vuelta al infortunio, y lo consiguieron. Desde entonces, los mexicanos son menos inocentes, más descreídos de las promesas gubernamentales y políticas. Están más inclinados a buscar su camino de realización de manera independiente.

A pesar del descrédito diario, construido por los opositores a las ideas de modernización, en contra de los proyectos de Zedillo, Fox y Calderón la economía mexicana creció y la inflación fue contenida. Aumentó el poder de compra del mercado en México. Ni creció económicamente lo necesario ni la inflación bajó lo deseado. Pero también es cierto que el consumo aumentó, los servicios médicos crecieron en cobertura, los programas de SEDESOL tuvieron éxitos durante 15 años, ahora tenemos mayores variedades de alimentos, de bienes domésticos y muchos de los bienes de consumo disminuyeron sus precios.

Estos elementos y otros factores contribuyeron a lo que ven sus propios ojos, los de usted, que no serán las miradas de un experto en sociología, antropología o economía. Mire su ciudad y pregúntese y responda con toda sinceridad ¿existen o no cambios notables? Efectivamente no para el 100% de los habitantes, no todos en la misma medida. Pero ciertamente, y a pesar de equivocaciones y corrupciones, Xalapa ya no es un pueblito encantador, sino un pueblote, despanzurrado, pero grandote y con mejores comodidades, para diferentes niveles socioeconómicos, con plazas comerciales y autos y cines y bares y restaurantes y tiendas de ropa y mercados de alimentos modernos e higiénicos junto a los mercados tradicionales que cada día tienen y venden más y mejores productos.

Y en los municipios aledaños sucede lo mismo. Por todos lados lo que usted ve son clasemedieros y sus condiciones de vida, de bienestar y confort. Las clases medias son volubles, inconformes, presuntuosas, incultas y envidiosas de las clases altas y temerosas de caer nuevamente en los niveles de pobreza. Sus realidades están construidas menos por factores reales que por expectativas, por sueños e ilusiones. Son igual –somos iguales- en todo el mundo. Es la condición pequeño burguesa que describieron Gabriel Careaga, con las clases medias formadas por los éxitos priistas y que empezaron a desaparecer en la década de los setentas, y Carlos Monsivais, con las que surgieron a partir de la década de los noventas. Son las clases medias en reconfiguración que aparecieron ya con cierta fuerza en el libro de Luis Rubio y Luis de la Calle: Clasemediero, pobres no, desarrollados tampoco (o como sea el título)

Son clases medias las que gobiernan el país, incrustadas en los gobiernos y los poderes del Estado; en las empresas y universidades públicas. Son clasemedieros los que se desgarran las vestiduras por su defensa de los pobres, como Carmen Aristégui y Denisse Dresser, y algunas figuras locales de dudosa sinceridad en sus sentimientos y fortunas con sus discursos esquizofrénicos, ciegos, especulativos y que no dejan piedra sobre piedra en sus críticas, dueños de un furor encarnizado e incansable, sobre temas que se agotaron hace tiempo. Son clase medieros los que manipulan y son manipulados, lo mismo por la televisión que por los partidos políticos y gobernantes.

Lo jodido no es ser de clase media. Lo jodido es pertenecer a ese estrato y vivir acomplejado, prejuicioso, inseguro, temeroso frente al extranjero, frente a los poderosos sintiéndose incapaces de trascender. Lo jodido es no poder ver la realidad. No vivimos en esta situación de incredulidad porque los datos provienen del oficial INEGI. No es un problema de cientificidad. La FAO, el PNUD, la OEA, la CEPAL, la OCDE, FORO DAVOS y muchos thing tank mexicanos han realizado estudios serios que demuestran la reaparición, reorganización o reformulación de las clases medias en México y América Latina. En México el Movimiento #Soy 132, en Chile los estudiantes, en Venezuela los antichavistas y los nuevos indignados de Brasil con sus protestas de estos días. Las manifestaciones muestran la presencia de clases medias activas que están de regreso en el escenario político latinoamericano, como testigos del fin de una era mundial: el hundimiento de la sociedad industrial y el surgimiento de la sociedad de servicios.

Un Clasemediero exitoso, el “Chicharito” Hernández, ejemplifica el cambio de mentalidad que la una mayoría de los clasemedieros mexicanos, sobre todo los que se auto designan de izquierda, se niegan a realizar, pues prefieren vivir de lamentos, de regodearse en la heridas y fracasos, experimentando sufrimientos innecesarios, surgidos del ser acomplejado mexicano que sigue viviendo en la Jaula de la Melancolía, que describió magistralmente Roger Bartra. A propósito de las críticas a la selección de futbol, por sus malos juegos en la eliminatoria, el “Chicharito” declaró: (Luis Homero Echeverría. A cambiar el chip. Cancha, Reforma, 14 de junio de 2013).

Dejemos a los probetólogos con sus sufrimientos. Dejemos atrás la mentalidad perdedora. Enfrentemos los problemas con realismo. Infundamos energía y optimismo frete a las desventuras de la realidad. No desconozcamos los problemas, pero salgamos del laberinto de lamentos, sollozos y frustraciones de los críticos premodernos de la nueva era de modernidad.