Política

Campo y supervivencia

junio 27, 2013

En repetidas ocasiones el espacio editorial de La Jornada Veracruz ha denunciado la absolutamente antimexicana política de producción agrícola de los gobiernos neoliberales que en poco más de 30 años ha puesto al Estado nación mexicano en condiciones de absoluta indefensión. Tales políticas ha socavado las -desde entonces- magras condiciones para erigirse como una nación soberana por la relativa fortaleza que daría la auto sustentación alimentaria.

Es una batalla que se perdió por completo, hoy el país importa más del setenta porciento de su ingesta de todo tipo. Desde cárnicos hasta lo más básico: el maíz. De Miguel de la Madrid hasta Enrique Peña Nieto el país y el interés general de los mexicanos ha sido consistentemente minado por decisiones de una élite gobernante sin mayor distinción que la partidaria que, sin importar el signo, responde a cualquier tipo de interés excepto el nacional. Es posible revertir esta situación, pero habrá de partirse de condiciones adversas exponenciadas. Entre ellas la estúpida multiplicidad de pre condicionamientos contenidos en el TLCAN.

Pero las élites gobernantes, y en esto se incluye no sólo a la burocracia electa y no electa sino a particularmente a la llamada clase empresarial que ha sobrevivido no por sus capacidades e iniciativas creativas, sino por la relación pervertida clientelas que mantienen con la burocracia. Una suerte de abrazo siniestro que condena al país al umbral de la hambruna por la volatilidad de especulación bursátil de los alimentos.

Si la desinversión sistémica fuera insuficiente, el agro lidia también con un cambio climático para el cual está impreparado. Basta con considerar que en pleno siglo XXI la mayor parte de la ganadería en el estado es extensiva.

La más elemental secuencia del sentido común sugiere que el estado debe revertir esta oprobiosa situación. Para ello habrá que tener la decisión de romper con inercias nefastas de sometimiento a los modos y ocurrencias federales. Tomar sólo aquellos que beneficien los intereses de los gobernados veracruzanos y establecer políticas publicas estatales. Reactivar y reeducar al agro veracruzano es imperativo. Para eso deberíamos bastarnos solos.