Política

El alto costo social del cártel de las farmacéuticas

mayo 27, 2013

Este fin de semana murió una amiga de ECP. Reme, una mujer espléndida comprometida en la rehabilitación de jóvenes enganchados en adicciones y sus familias. Psicóloga amorosa que prefería tragar gordo antes que dejar a su suerte a quienes eran frágiles. Un cáncer linfático la bajó de su familia, de sus pacientes y del planeta. Los tratamientos químicos la agotaron. Con seguridad está en paz. Hizo que las cosas fueran mejores para los demás.

En el año 2009 el mercado farmacéutico mundial valía algo más de 837 mil millones de dólares. Se calcula que para el 2014 su valor superará un millón de millones de dólares.

Mucho dinero. Tanto que bien vale el esfuerzo de gastar un parte del mismo para obtener lo que se quiere. Muy pocos congresistas y senadores estadounidenses serán capaces de resistir ante tamaño poder de convencimiento. Menos aún podrán influir sobre el grupo de las grandes empresas farmacéuticas del mundo. Big Pharma -el lobby farmacéutico- obtiene lo que Big Pharma quiere.

Y una de las cosas que sin dudar quieren es que la marihuana permanezca como está. Ilegal.

Hay razones para ello; el que no se pueda patentar una planta es una de ellas,

Y es que la marihuana es una planta capaz de proporcionar el alivio y cura necesarios en decenas de condiciones patológicas. Es barato, fácil de cultivar en casa, fácil de administrar, y probado durante milenios de experiencia. Sin efectos secundarios y que los pacientes consistentemente prefieren antes que invasivas radioterapias y quimioterapias. O junto con ellas, toda vez que palia notoriamente los malestares producidos por ese tipo de tratamientos.

Además de sus atributos paliativos, distintos investigadores han encontrado consistentemente que los pacientes prefieren el uso de marihuana antes que las drogas de prescripción. Uno de esos investigadores, Amanda Reyman, Directora de Políticas de la Alianza para las Políticas de Drogas de San Francisco California, reporta que el 68% de sus pacientes usaron cannabis como un sustituto fármacos por prescripción. El 85% del total reportó que la cannabis tenía menos efectos secundarios que los otros medicamentos.

Desde ya tiempo la industria farmacéutica ha gasta mucho dinero para reforzar la prohibición sobre la marihuana. A la conspiración eventualmente se sumaron las industrias tabacalera y del alcohol. Aunque luego de un tiempo y al ser evidenciados al parecer ambas industrias dejaron de invertir abiertamente en la promoción para prohibir la marihuana. Luego de haber sido denunciados, claro.

Desde entonces la industria farmacéutica ha matizado su enfoque hacia el desarrollo de alternativas al cannabis medicinal, frecuentemente desde aproximaciones reduccionistas. Hoy día, si una compañía farmacéutica quiere experimentar con una planta para obtener algún medicamento, aíslan el ingrediente más activo y fabrican lo que se conoce como “droga de un solo componente”. La morfina obtenida de la pupa de la amapola es un ejemplo claro de esto. Lo mismo se ha intentado con la marihuana. De los 400 químicos que hay en la marihuana, 80 de ellos pertenecen a la clasificación de los cannabinoides. De esos 80, las farmacéuticas han intentado reducir la marihuana a uno solo: el tetrahidrocarbocannabinol (THC). Los resultados clínicos han sido insatisfactorios.

Hay algunos casos en donde la fórmula de un solo compuesto funciona muy bien, pero no en todos los casos.

(Doblin, Rick. http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/23648372).

La industria farmacéutica ha dicho no estar preocupada por la marihuana porque ellos hacen un mejor producto, pero sucede que cuando se reduce la marihuana sólo al THC se pierde en eficacia y se gana en efectos colaterales.

El gobierno norteamericano destina a la oficina DEA unos 15.000 millones de dólares al año. Esta cifra no incluye los gastos de encarcelar delincuentes ni los programas educativos como el D.A.R.E (acrónimo de atrévete), cuyo significado en inglés es Educación para la Resistencia del Abuso de las Drogas (con un presupuesto de operación de mil millones de dólares al año) y de las decenas de otras agencias y oficinas gubernamentales que obtienen dinero gracias a las leyes anti marihuana. Dinero se traduce en muchos puestos de trabajo gubernamentales por lo que oponerse a la legalización de la marihuana está claramente en la agenda y los intereses burocráticos.

De hecho, la burocracia norteamericana depende en buena medida de la campaña contra la marihuana y, por extensión, la guerra contra el resto de las drogas. Ejemplo de ello es el Libro de Referencias de la Marihuana 2008 de la DEA (http://www.justice.gov/dea/resource-center/statistics.shtml ) donde afirman que la marihuana es una “droga de escape” y que posiblemente conduzca al consumo de drogas más fuertes. Aún cuando varios estudios recientes señalan exactamente lo contrario. En el 2006 se publicó, nada menos que en el American Journal Of Public Health, que no se encontró evidencia que la marihuana actuara como una droga de paso que condujera al consumo de drogas duras. En el 2002 un reporte de la RAND Corporation Revisó los datos históricos de 12 años (1982-1994). Encontró exactamente lo mismo.

*Es Cosa Pública

leopoldogavitonanson@gmail.com