Política

El pez que tenía sed

febrero 27, 2013

No cabe duda que siempre hay una luz al final del túnel, por muy negras y turbias que estén las aguas, siempre existirá un salvavidas que te ayudará a salir a flote. Los problemas son sólo eso, problemas, y como tales tienen solución. Con todo esto me quiero referir a una obra, Autoliberación Interior, del jesuita Anthony de Mello, gran autoridad de libros espirituales como El canto del pájaro, El Manantial, Sadhna, ¿Quién puede hacer que amanezca?, entre otros. El padre Mello se hizo famoso por sus cursos, ejercicios y conferencias sobre liberación interior. Toda su obra estuvo dirigida a lograr una síntesis entre la espiritualidad de Oriente y la de Occidente, en beneficio de la libertad y la realización total de la persona. Despertar a estas posibilidades era el objetivo de sus antologías de cuentos, tomados tanto de la tradición cristiana como de la budista y la sufí, sin ocultar nunca su predilección por Jesús. En Autoliberación Interior –publicado postmórtem, gracias a la transcripción de una de sus alumnas de un curso dado en Barcelona en 1986–, el padre de Mello habla sobre el pez que tenía sed, refiriéndose con esto a las dos posibilidades que tenemos los seres humanos para ver. La primera es de una manera intelectual, teórica, sin profundizar. La otra manera de ver es existencial, mirando desde la propia vida, desde el ser. Cuando uno ve desde lo existencial, lo ve uno desde la libertad que da la verdad, y entonces lo ve tal cual es, y esa revelación hace que uno despierte a la realidad. Al respecto el padre Mello expone dos ejemplos, el primero es de un árabe que viajaba con sus esclavos y 20 camellos por el desierto. Durante el viaje se perdió una de las estacas para sujetar a los camellos, cuando uno de sus esclavos le preguntó que hacer, éste le dijo “Simulad que claváis una estaca cuando lleguéis al camello número 20, pues como el camello es un animal tan estúpido, se creerá que está atado”. Efectivamente, así lo hicieron, y a la mañana siguiente todos los camellos estaban en su sitio, y el número 20 al lado de lo que se imaginaba era la estaca, sin moverse de allí. Al desatarlos para marcharse, todos se pusieron en movimiento menos el número 20 que seguía quieto, sin moverse. Entonces el amo dijo “¡Haced el gesto de desatar la estaca de la cuerda, pues le tonto aún se cree atado!”. Así lo hicieron y el camello entonces se levantó y se puso a caminar con los demás.

El segundo ejemplo es más corto pero tal vez más claro e ilustrativo de la estupidez humana, cuando estamos programados e incapaces de ver por nosotros mismos, ni mucho decidir, es la historia del pez que tenía sed, pero no bebía por miedo a ahogarse, pues cuando dormimos no tenemos miedo de los sueños, pero sí tenemos miedo de despertar a la realidad, porque supone un cambio. Así de simple, los humanos somos como peces que dudan en encontrar el océano, el que tiene sed, pero no quiere beber porque tiene miedo a ahogarse, así somos, viviendo en un océano de oportunidades, pero las desperdiciamos tratando de buscarlas cuando están delante de nuestras narices. ¿Qué son los fracasos si no el camino de experiencias que conducen al éxito”.

Agur...

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