Política

Medio ambiente y crecimiento económico: el divorcio continúa

enero 21, 2013

Cuando en los años setenta comenzaron a aparecer las preocupaciones internacionales por el deterioro del medio ambiente como una consecuencia del modelo de desarrollo, se comenzó a señalar a nivel de discurso político e institucional que el desarrollo visto como crecimiento económico y la conservación de la calidad del medio ambiente, no eran incompatibles.

La aparición del concepto de desarrollo sustentable en los años ochenta fue un resultado más consolidado teóricamente de esta orientación discursiva. En el camino quedaron propuestas menos afortunadas como el ecodesarrollo y el desarrollo endógeno, que se rechazaron por considerarse peligrosas para los poderosos grupos de interés internacional.

A partir de entonces el desarrollo sustentable ha sido esgrimido como bandera por prácticamente todas las filiaciones ideológico-políticas. Sin embargo, escudados detrás del discurso del desarrollo sustentable se siguen cometiendo grandes barbaridades. Esto es más evidente en el marco de una crisis económica y financiera internacional que entra ya en su quinto año, sin que veamos en el corto plazo salidas a la misma. Estados Unidos con su precipicio fiscal y varios países europeos con serios problemas de desempleo y cuantiosas deudas, son sólo las partes visibles de un iceberg descomunal.

Como la globalización se ha profundizado ahora somos mucho más dependientes y vulnerables a las fluctuaciones del contexto mundial, sobre todo las de los países centrales. Las marcadas asimetrías entre los países ricos del norte de elevado nivel de producción y consumo y los países pobres del sur cada vez más atrapados por los factores estructurales de la pobreza y del endeudamiento, incrementan el riesgo de violentar la convivencia de las sociedades humanas y la integridad ecológica del ecosistema planetario.

Todo ello ha dado origen a lo que algunos autores han llamado la sociedad del riesgo global, vista como una fase del desarrollo de la sociedad moderna donde los riesgos sociales, políticos, económicos e industriales tienden cada vez más a escapar de las instituciones de control y protección de la sociedad industrial.

Daños sistemáticos a menudo irreversibles como los que se producen en el medio ambiente; agudización del proceso de desigualdad social; vacío institucional y político frente a poderes fácticos; desencanto social y pérdida de significados sociales compartidos; individualización a ultranza y carencia de identidades colectivas; incremento de la incertidumbre y ausencia de proyecto de futuro, son algunas de las características de la sociedad de riesgo, en las que no es difícil reconocernos como país.

De ahí que preocupa mucho que en la reorganización de los cinco gabinetes temáticos que ha delineado el presidente Enrique Peña Nieto, a saber: “Mejorar la economía del país para lograr la prosperidad”, así como en la “México en Paz”, “México incluyente”, “México con educación”, “México con crecimiento económico” y “México con responsabilidad global”, encabezados por las secretarías de Gobernación, Desarrollo Social, Educación, Hacienda y Relaciones Exteriores, respectivamente, la política ambiental quedase dentro del gabinete de “México con crecimiento económico”.

Se corre el riesgo de que las prioridades ambientales del país, que son muchas, importantes y complejas, se subordinen aún más a las necesidades de crecimiento económico, creación de empleos, atracción de capitales, dinamización del mercado interno, etc. etc.

En otras palabras, si el cuarto eje de gobierno será lograr un México próspero que busque que los recursos naturales se aprovechen de manera sustentable junto con una aceleración del crecimiento económico, es muy probable que, en los hechos, eso signifique simple y llanamente crecimiento económico a cualquier costo. No hay nada que nos permita pensar de otra manera.

Para documentar nuestro pesimismo, el propio secretario de medio ambiente y recursos naturales, Juan José Guerra Abud, ha declarado que las políticas públicas a implementar en materia ambiental impulsarán un crecimiento económico sustentable que propicie mayor equidad para todos los mexicanos, por tratarse de un derecho constitucional. Veremos.

*Coordinador de la Cátedra Unesco-UV “Ciudadanía, Educación y Sustentabilidad Ambiental del Desarrollo”. http://edgargoznalezgaudiano.blogspot.mx