Política

Resembrando a Heberto en Ixhuatlán

abril 05, 2012

Construida en la cañada que forman dos cerros cuyos nombres no tuve tiempo de indagar, y a sólo 306 metros sobre el nivel del mar, se esparce en desniveles el pequeño y hermoso pueblo de Ixhuatlán de Madero, en Veracruz. Parece que Ixhuatlán –voz nahua– viene de íphuatl, palma, y tlan, junto, por lo que podría traducirse como “a la orilla del palmar”.

En cualquier caso, es la tierra donde el 23 de agosto de 1928 vino al mundo Heberto Castillo Martínez, notable ingeniero que revolucionó la ingeniería civil con sus inventos, varios de los cuales están a la espera de ser estudiados a profundidad; prolífico periodista –conocemos alrededor de mil artículos suyos publicados en diversos medios nacionales–; maestro universitario; pintor en sus ratos libres; humanista; político de izquierda que sacudió la conciencia de millares de mexicanos que vimos en su pensamiento y en su acción al prototipo de hombre íntegro, de buena fe, patriota, valiente y luchador incansable por un México justo para todos.

Engarzada en la Huasteca veracruzana, Ixhuatlán, de callejas sinuosas e impregnadas de misterio y encanto al caer la noche, es también el polo donde tiene lugar, domingo a domingo, la magia de la concentración y del intercambio multicultural y multilingüe durante el tianguis de origen ancestral. Náhuatl, totonaco, otomí (ñhu ñhú) y tepehua son las lenguas regionales, aunque predomina la primera. También es asiento de la sede huasteca de la Universidad Veracruzana Intercultural (UVI), visionario proyecto de la Universidad Veracruzana donde sus estudiantes de extracción indígena adquieren, bajo un plan de estudios específico, la licenciatura en gestión intercultural para el desarrollo, con el noble objetivo –aún no garantizado– de que al egresar se reintegren a sus comunidades para trabajar por su progreso y bienestar, respetando su propia manera de entender el mundo y de relacionarse con él.

Y allí estuve, alborozado, en compañía de amigos igualmente alegres y entusiastas, como parte del grupo organizador y como ponente de las Jornadas de Reflexión Heberto Castillo Martínez, las primeras en llevarse a cabo bajo los auspicios de la propia Universidad Veracruzana y del Foro Permanente que lleva el nombre del célebre ixhuateco. En ellas se habló por primera vez, de manera sistemática y organizada, ante estudiantes, profesores, autoridades municipales y campesinos provenientes de diversas congregaciones y rancherías, de la vida y el legado de Heberto. Fue como volver a sembrarlo en su terruño.

La resiembra tuvo lugar los días 5 y 6 de marzo del año en curso, bajo un clima agradable, de finales de invierno en la región huasteca. Fueron dos días de actividades culturales y emociones intensas.

El día 6, ante un auditorio mayoritariamente bilingüe formado por alumnos y profesores de la UVI y del Colegio de Bachilleres 10 –que lleva el nombre del ingeniero Castillo–, en la sala de usos múltiples de la primera, me tocó exponer. Comencé con un saludo en náhuatl, pronunciado torpemente, por falta de práctica y estudio.

Pialic. / Na ax nihueli náhuatl. / Tlawel niyolpaki pampa niitztok ika míak nowampoyowah. / Nihnekiskía ma inmitzpakti tlen niinmitzkamawuis, / pampa tlahtolmelawalistli santlawel ipati wan nochitotechpowia. / Tlazkamati míak.

[Buenos días. / No sé náhuatl. / Me siento muy contento porque estoy con muchos de mis amigos. / Espero que les agrade el tema que voy a tratar, / porque es de gran importancia y nos compete a todos. / Muchas gracias]

Dije luego que estaba muy contento de estar en ese municipio huasteco donde vio la primera luz, hace casi 84 años uno de los mexicanos más talentosos, auténticos, tenaces y bien intencionados, y que lo menos que podía hacer en ese momento era rendirle un sentido homenaje hablando de un tema que a mí me había movido a reflexionar y actuar en la medida de mis posibilidades.

Datos y reflexiones para ver el agua con otros ojos, fue el título de mi ponencia, en la que puse énfasis en algunos hechos que sólo puedo esbozar a continuación: primero, que de toda el agua existente en nuestro planeta, únicamente 2.6 litros de cada mil son apropiados para el consumo humano; segundo, que el desmesurado aumento demográfico mundial de las últimas siete u ocho décadas ha alterado el ciclo hidrológico: el agua que satisfacía las necesidades de 250 millones de personas estimadas para el año cero de nuestra era, hoy tiene que satisfacer las de 7 mil millones, es decir, las de una población que se ha multiplicado por 28 en 2 mil años; que ese ciclo también ha sido alterado por el modelo económico mundial prevaleciente en que se usan grandes volúmenes de agua para colmar las necesidades de la producción, bajo la óptica exclusiva de la ganancia exorbitante, sin que importen las necesidades de los seres vivos en su conjunto; tercero, que el mundo parece avanzar hacia nuevos escenarios de guerra donde el agua podría sustituir al petróleo como botín principal; cuarto, que la privatización del líquido vital también avanza y que su irracional embotellamiento en plásticos es la expresión del supremo negocio y de la generación de ingentes cantidades de basura indegradable naturalmente; por todo lo cual, quinto, es urgente involucrarnos en una nueva cultura del agua donde aprendamos individual y colectivamente a gestionarla de modo responsable.

El 5 de abril se cumplieron 15 años de que dejó de latir el corazón de Heberto.