Política

Jueces injustos condenan al justo

febrero 23, 2012

A la memoria de Antonio Bargés, mi profesor en la escuela secundaria,

catalán de nacimiento, republicano, expulsado de su patria

por la Guerra Civil, radicado en Córdoba, Veracruz,

hasta el fin de sus días, quien me enseñó, con su ejemplo y su palabra,

que los valores de la tolerancia, la conducta íntegra,

el respeto al prójimo y a la naturaleza, la autodisciplina

y el amor al estudio sin más pretensión que ser útil a los demás,

son los mejores cimientos para construir

sociedades más libres, humanas y solidarias.

En un diario impreso de alcance nacional, leo, en su edición del 10 de febrero de 2012, que el Tribunal Supremo de España, el órgano judicial máximo de ese país, ha condenado al juez Baltazar Garzón a 11 años de inhabilitación por ordenar la grabación de las conversaciones sostenidas en la cárcel entre los abogados y los principales acusados del caso Gürtel, uno de los mayores escándalos de corrupción ocurridos en España y que afecta –se dice– al Partido Popular que hoy gobierna allá.

Parece que la sanción implica '11 años de inhabilitación especial para el cargo de juez o magistrado, con pérdida definitiva […] de los honores que le son anejos, así como la incapacidad para obtener durante el tiempo de la condena cualquier empleo o cargo con funciones jurisdiccionales o de gobierno dentro del Poder Judicial'. En pocas palabras, Garzón no podrá ejercer su profesión durante más de una década. También se le enjuicia por prevaricación, delito atribuible a un funcionario que dicta o propone, a sabiendas o por ignorancia inexcusable, una resolución de manifiesta injusticia. También está a la espera de un tercer juicio por un supuesto dinero que recibió de organismos financieros cuando impartía unos cursos en Nueva York…¡Vaya! ¡Asombroso! Me pregunto cómo se puede acusar con tan variados cargos a un magistrado de la talla y la popularidad internacional de Garzón, quien ha dado pruebas de valentía, probidad y amplio sentido de la justicia, como no se ha visto a otro en los tiempos que corren…

Trato de responderme indagando datos relevantes sobre este personaje a quien colegas suyos ordenaron sentarse en el banquillo…

Baltazar Garzón Real nació en Torres, Jaén, en 1955. Fue el segundo de los cinco hijos del agricultor y luego empleado de gasolinera Ildefonso Garzón Cruz. Emprendió estudios eclesiásticos en los seminarios de Baeza y Jaén que abandonó luego para trasladarse a Sevilla donde se licenció en Derecho en 1979. A fines de 1980 se casó con María Rosario Yayo con quien procreó tres hijos. A principios de 1981 comenzó su carrera judicial en la provincia de Huelva. En 1983 ascendió a magistrado adscrito al Juzgado de primera instancia e Instrucción de Almería y en 1988 fue designado titular del Juzgado de Instrucción número 5 de la Audiencia Nacional.

Desde este cargo, y como uno de los cuatro jueces encargados de instruir causas contra el terrorismo y el narcotráfico, dictó numerosos sumarios contra ETA, calificada por los gobiernos españoles como organización terrorista, y desarticuló organizaciones de narcotraficantes.

Paralelamente, y con base en el Estatuto de la Corte Penal Internacional aprobado en Roma en 1988, aprovechó una visita de Augusto Pinochet a Londres ese mismo año para ordenar su detención con miras a extraditarlo y enjuiciarlo por la desaparición de ciudadanos españoles durante la dictadura que impuso al pueblo chileno de 1973 a 1990. Esta acción resonó en todo el mundo. Fue cuando oí hablar por primera vez del magistrado de Jaén.

A fines de 1999 procesó a 98 militares argentinos por delitos contra la humanidad perpetrados por la dictadura militar argentina. A principios de 2000 acusó al ex militar argentino Ricardo Miguel Cavallo de los delitos de terrorismo, genocidio y torturas; este ex militar, a la sazón prominente hombre de negocios y director entonces del Registro Nacional de Vehículos (Renave) en México, fue detenido por las autoridades judiciales mexicanas a petición de Garzón, extraditado a España en 2003 y de allí a Argentina donde finalmente fue juzgado y condenado a cadena perpetua en fechas recientes.

En 2002, en su propio país, hizo justicia con algunos de los intocables: los hombres del dinero. Amplió el expediente del caso Banco Bilbao Vizcaya- Privanza por el asunto de millonarios fondos de pensiones secretos constituidos por el antiguo Banco Bilbao Vizcaya en el extranjero; hasta llamó a declarar al gobernador y al vicegobernador del Banco de España en ese entonces y puso en prisión a ciertos banqueros.

Entretanto, no cesaban sus acciones contra ETA directas o indirectas. Metió ese mismo año en prisión a 11 miembros de Izquierda Abertzale e ilegalizó Batasuna, la tercera fuerza política del País Vasco, lo que desató una polémica nacional y tensó aún más las relaciones entre el Partido Nacionalista Vasco, que gobernaba Euskadi, y el gobierno central de José María Aznar, quien aumentó sus acciones contra los nacionalistas vascos.

En 2003, accediendo a una petición de un fiscal de la Audiencia Nacional, ordenó la clausura de los locales en España y en el extranjero del Partido Comunista Español, reconstruido (PCE-r) por considerarlo el brazo político de los Grupos Revolucionarios Antifascistas Primero de Octubre (GRAPO).

Meteórica carrera judicial, sin duda, que explica los importantes premios que ha recibido: El Premio Internacional Paz y Solidaridad de la Fundación Ignis Ardens de Roma (1995), el reconocimiento a la Contribución para el Establecimiento de la Corte Penal Internacional (1998), el de Mejor Juez de Latinoamérica (1999/2000), la Medalla al Mérito del Plan Nacional sobre Drogas (2001) y el Premio Extraordinario al Compromiso Social otorgado por la Confederación de Jóvenes Empresarios (2002).

Pero en fechas recientes había aceptado investigar los crímenes perpetrados durante la Guerra Civil (1936-1939) y la dictadura de Francisco Franco (1939-1975). Era el primer magistrado que se declaraba competente para investigarlos… ¡Puf!.. Demasiado en la España actual donde, de los 15 jueces que se han encargado ahora de tratar de someterlo, 10 habían jurado fidelidad a Franco.

Me queda claro ahora que para contar jueces como Garzón pueden sobrar los dedos de la mano. Y más claro el porqué concita amores y odios encendidos. Es un juez incómodo para muchos, justiciero, que no se arredra ante la presión y las amenazas; un juez que no construye sus veredictos influido por su propia posición ideológica. Un juez, singular, admirable, aunque muchos de sus simpatizantes no concuerden del todo con él. Al condenarlo el Tribunal Supremo, sin importarle a éste el descrédito de la justicia española, la España sin Franco, pero aún franquista, ha mandado un claro e inequívoco mensaje: todos los jueces españoles tienen que aprender, si no por las buenas, por las malas, que ninguno de ellos será tolerado si osa enjuiciar los crímenes de la Guerra Civil y de la dictadura que sobrevino a ella. Es también un mensaje urbi et orbi.

Aún recuerdo, jovencito, haber visto en Córdoba monedas españolas en una de cuyas caras aparecía la efigie, creo que de perfil, de Franco y en la otra, la leyenda: “Generalísimo Francisco Franco Bahamonde, caudillo de España, por la gracia de Dios”. Años después comprendí las repercusiones y el significado atroz de que un general se sienta caudillo de una nación por la gracia de su divinidad.

Con todo, veo el atropello contra el valiente magistrado como un tropiezo en la lucha por implantar en el mundo una justicia que alcance a todos de manera imparcial. Garzón ha rechazado su condena, que califica de injusta y predeterminada y se defenderá. Está habituado a dar peleas legales de enorme trascendencia. Pero hay que aportarle la solidaridad internacional porque no la tiene fácil en la España de estructuras de poder mayoritariamente franquistas.

Cierro transcribiendo un fragmento de las palabras que asentó en carta pública a los enemigos de su padre su hija María, a raíz del veredicto condenatorio, y que son reveladoras del temple familiar:

“Jamás nos harán bajar la cabeza, nunca derramaremos una sola lágrima por su culpa. No les daremos ese gusto. Nos han tocado, pero no hundido; y lejos de hacernos perder la fe en esta sociedad, nos han dado más fuerza para seguir luchando por un mundo en el que la justicia sea auténtica, sin sectarismos”.