Política

La Dinastía Austrohúngara

enero 21, 2012

Parte I

Nacidos en el Palacio de Schönbrunn

Los múltiples mitos y leyendas que impregnan de misterio los orígenes de la casa de los Habsburgo han desvirtuado la verdad de los hechos históricos. Se sabe que sus primeros asentamientos en el territorio que hoy pertenece a Suiza en el año 955 fueron ampliándose y ajustándose hasta ocupar lo que hoy conocemos como Austria. A lo largo de los siglos llegó a constituir uno de los imperios más poderosos de Europa.

Su pasado romano-germánico logró incluso sobrevivir a la caída del Imperio Romano en 1806. Supieron desafiar al destino que los veía desaparecer bajo la línea masculina de sucesión del poder, al haber defendido el derecho al trono para cualquiera de sus herederos, hecho que permitió que el legado fuera transferido a una férrea mujer, María Teresa, en 1741. Esta reina madre, junto con su consorte y a la vez primo segundo, Fancisco Esteban, fundó la nueva casa Habsburgo-Lorena. Fueron progenitores de 16 hijos (de los cuales 10 llegaron a la pubertad); con esta amplia descendencia María Teresa afianzó su linaje y sus alianzas políticas al haber concretado convenientes uniones matrimoniales para sus hijos con representantes de la nobleza de Francia e Italia. Figuras como José II, Leopoldo II (ambos fueron emperadores) y María Antonieta, esposa de Luis XVI, última reina absolutista de Francia, quien sin embargo fue llamada “la sanguijuela de Francia” y literalmente perdó la cabeza bajo la guillotina, acusada de alta traición.

De esa misma línea genealógica descendieron un personaje particularmente familiar para los mexicanos: el desafortunado archiduque Maximiliano I de Habsburgo. Y Francisco José I, cuyo reinado sobresalió gracias a su amplio sentido del deber y a que fue uno de los más duraderos de Europa, al haberse mantenido durante 68 años. Desposó a la mítica pricesa Elizabeth, cuyos oscuros y larguísimos cabellos ondeaban por el suelo; considrada la mujer más bella de su época y conocida como Sisi de Bélgica, fue algo así como la Diana de Gales de nuestros tiempos en cuanto a atractivo, fama y popularidad; dotada de gran inteligencia y espíritu indómito, sufría depesiones ocasionadas por la incomprensión a su temperamento, padecimiento que se agravó luego del trágico suicido pasional del hijo de ambos, Rodolfo. A partir de esta muerte fue designado como sucesor al trono imperial el sobrino de los reyes, el Archiduque Francisco Fernando. El fallecó asesinado en Sarajevo en 1914 y su magnicidio dio origen al turbulento torbellino de la Primera Guerra Mundial, un conflicto que confrontó a la monarquía de los Habsburgo con nuevos problemas de sobrevivencia y finalmente con el derrumbamiento del imperio en 1918, bajo el inexperto mando de Carlos I, quien pagó con el exilio.

Practicamente la muerte de Francisco José I marcó el fin de una época y el inicio de la Europa contemporánea.

Aunque ambiciosa y astuta, María Teresa de Austria fue también una buena madre y vivió un matrimonio armonioso. Infundió un ímpetu particular a la dinastía e impulsó la cultura y la educación en todos sus niveles, lo que propició que sus propios súbditos se alfabetizaran. Permitió a su hija favorita, María Cristina, casarse por amor, cosa sumamente rara para la época.

Bajo su reinado, el Palacio de Schönbrunn (bonita fuente), situado cerca de Viena, fue embellecido con abrumante sincretismo barroco para impresionar a sus enemigos; los muros externos fueron cubiertos del color “amarillo Habsburgo”, que persiste a la fecha y se volvió característico en un gran número de edificios pertenecientes al imperio.

Originalmente sede de caza, el conjunto se reconstruyó como residencia veraniega entre 1743 y 1749. Actualmente esta total obra del arte que resguarda muebles, pinturas y exquisitos objetos personales de los Habsburgo, forma parte de Patrimonio Cultural de la Unesco y es el sitio más visitado de Austria. El proyecto original del placio superaba en dimensiones al de Versalles, pero no fue aprobado por resultar “demasiado ostentoso”. La segunda versión presentó una estructura de “tan sólo” mil 441 habitaciones, cada una más suntuosa que la otra y algunas tan impactantes como la Sala del Millón, que debe su nombre al revestimiento en palo de rosa de las paredes y a sus marcos de oro; en el Salón de los Espejos se llevaban a cabo reuniones familiares, fue ahí donde un virtuosísimo niño llamado Wolfgang Amadeus Mozart, ofreció un concierto privado para los miembros de la realeza; al finalizar sus notas, Mozart corrió a retozar sobre el regazo de la reina quien, enternecida y admirada, lo cubrió por entero de besos.

El palacio junto con el parque de un kilómetro cuadrado se conjugan en total unidad. El esposo de María Teresa ordenaría construir al interior de Schönbrunn un zoológico (el más antiguo del mundo) y un jardín botánico. Durante la primavera, los espacios cultivados con flores se extienden como extensas alfombras viventes. Cuenta con enormes bosques habitados por ardillas y laberintos de arbustos, así como un moderno campo de juegos infantiles. Magníficos el estanque con ruinas romanas, las fuentes y el invernadero de palmas, el más grande en su género en todo el continente. A lo alto de la colina, La Glorieta, monumento a la guerra equa y equilibrada, se yergue a modo de arco del triunfo, para dejar admirar los terrenos no sólo del palacio, sino del antiguo Imperio Austríaco, cuyos límites se pierden en la lejana bruma del horizonte. El patio de armas de Schönbrunn ha sido escenario de grandes acontecimientos históricos: vió desfilar al gran ejército de Napoleón I, acogió a los soberanos ruso, británico y austríaco durante el Congreso de Viena, al ejército de Hitler, así como a los presidentes Kennedy y Kruschev en 1961, que se reunieron en la Galería de los Espejos durante un crítico momento de la Guerra Fría.

Indiscutiblemente, la joya del palacio es la gran galería, con sus fastuosos 40 metros de largo, era utilizada para bailes y banquetes de gran envergadura. Y así se cuentan los salones chinescos, la capilla, la Sala de Napoleón I, que después de servir de cuarto nupcial fue dedicada a su único hijo, procreado con María Luisa de Austria, y quien vivió en la corte desde los dos años hasta su temprana muerte a los 21; corrieron los rumores de que este Duque de Reichstadt, era nada menos que el verdadero padre de Maximiliano I de Habsbrugo.

*Fundacrover AC Italia