Política

Imperativo ajustar prioridades

enero 21, 2012

Estos son tiempos de preocupación y hasta ocupación ecológica; de ahí la idea de buscar fuentes alternativas de energía y de productos verdes. Plásticos verdes incluso, toda vez que la demanda mundial supera ya 2 mil millones de toneladas anuales. La empresa brasileña Braskem es una de las pioneras y líderes mundiales en la búsqueda de extender la producción de plásticos ambientalmente amigables.

También es una empresa que se ha aliado a Idesa, grupo empresarial mexicano especializado en petroquímica, para construir juntas el complejo petroquímico Etileno Siglo XXI. Oficialmente debería iniciar operaciones en un trienio más. La etapa de construcción del complejo prevé la creación de hasta 6 mil empleos. Cuántos de esos empleos serán ocupados por mexicanos es un dato que no publican. Aunque adelantan que una vez en operación habrá en el complejo petroquímico 800 empleos directos y poco más de 2 mil indirectos. La inversión corresponde a Braskem en 65 por ciento y el resto al consorcio empresarial mexicano. Entre los argumentos más atractivos de la alianza se encuentra el que la producción de etilenos y polietilenos permitiría la sustitución de plásticos importados, lo que aún está por verse, dada la naturaleza antinacionalista de los gobiernos panistas y tecnocráticos priístas.

Por lo pronto, hay espacio para el escepticismo, desde que dio inicio en 2009 se ha contratado únicamente a una empresa de construcción local. Las autoridades obstaculizan que las compañías se asocien para estar en condiciones de enfrentar el reto y, fraccionados, son aceptados sólo como meros contratistas.

No es la primera vez que un proyecto de importancia privilegia la contratación de empresas de otros estados por encima de las veracruzanas. Esto es del todo inaceptable porque al final del día son proyectos sobre los que Veracruz absorbe sólo los costos y sus derivaciones; sin ninguna previsión de compensaciones y sin ningún beneficio medianamente razonable a mediano plazo. La contaminación, la depredación ecológica, la degradación social por la falta de empleos, por mencionar algunas consecuencias evidentes, las absorbe el estado y los veracruzanos solos.

Es hora de que el Legislativo y el gobierno del estado busquen la forma de garantizar el beneficio y las compensaciones por ser huéspedes de proyectos de tal envergadura. Tanto para empresarios veracruzanos como la población misma en cuanto a creación de empleos.

El argumento de que las empresas veracruzanas no son competitivas es de extremo cretinismo. En todo caso, si no lo son, habrá que generar las condiciones como gobierno para que lo sean. Pero también como gobierno es necesario poner límites al alcance de las decisiones extrañas al estado. No es un asunto de chauvinismo, pero sí es un problema de visión del desarrollo y de política soberana del gobierno del estado. Apoyar a sus empresas locales redunda en beneficio de la creación de empleos locales. Sería deseable que Congreso y gobierno abrieran los oídos a sus empresarios. No es la primera vez que lo manifiestan. De lo contrario habrá que explicar qué debe entenderse por ser soberanos.