Política

Los tonos aceptables

diciembre 13, 2011

En una entrevista hecha por Televisa a Felipe Calderón la semana pasada con motivo del inicio de su último año de gobierno, el Presidente habló de la oposición, de la infiltración de los intereses del narco en las elecciones de Michoacán, del PRI, de los aspirantes panistas y de los tres libros que más le han gustado. En ella negó que la guerra contra el crimen fuera guerra, le llamó ahora cumplimiento de la ley, tarea de Estado. Habló también de la denuncia que tiene en contra suya ante la Corte Penal Internacional. En su opinión tal acusación es un simple intento de denostar, degradar, y dañar al gobierno y sus decisiones de políticas. Mencionó que el deber del gobierno es defender a la ciudadanía y que ése es el sentido de su política. Durante el primer año de este sexenio hubo 2 mil 447 muertes violentas en el contexto de las operaciones contra el narcotráfico. Dos años después el año cerraba con 9 mil 635. Al domingo, la cifra fatal había alcanzado 67 mil asesinatos. Basta pararse frente al geométrico crecimiento de la violencia impune para constatar el total fracaso.

El lúgubre estilo de esta admnistración despierta muy serias críticas. No sólo por los cruentos saldos, también por las condiciones sociales y el deterioro –retroceso es más preciso– de las condiciones de vida de los gobernados.

Las cosas han llegado al punto que incluso representantes de instituciones tradicionalmente conservadoras, como la Iglesia católica, expresan desacuerdos sustantivos con las decisiones y políticas gubernamentales.

Tal es el caso –ayer 12 de diciembre– del obispo de Coatzacoalcos, Rutilo Muñoz Zamora, que asocia la indefensión popular frente al secuestro, la extorsión y la violencia directamente con el combate armado al crimen organizado. No es poca cosa. Aunque apenas hace un mes también dejó clara la asociación entre las dificultades para establecer políticas efectivas de corrección al cambio climático y los intereses económicos que las obstaculizan.

Ayer el obispo reconoció los muy serios rezagos que tiene la educación en México. Desde su punto de vista habló desde luego de valores morales, y de la ausencia de éstos en la formación de los educandos. Subrayó también, alineado con la Conferencia Episcopal reciente, que la educación en valores no está reñida con el Estado y la educación laicos. Y éstos en absoluto se encuentran reñidos con la moral individual y pública y el respeto al derecho individual de creer lo que a uno le venga en gana mientras no afecte u ofenda al de al lado.

Lo que siga está por verse aunque, por lo pronto, son señales apreciables luego de la andanada añeja de ofensivas ultramontanas cobijadas por las administraciones panistas.