Política

Confundido

noviembre 07, 2011

El Partido Nueva Alianza pertenece, junto con el Partido Verde Ecologista de México, a esos subproductos de desecho que un mal entendido concepto de pluralidad, aunados a los temores atávicos de las organizaciones intermedias, contribuyen a deformar y retardar la urgente maduración política del país. Un partido ecologista que solicitaba la pena capital y que luego de dos largos años por fin entendió que eso no lo hace un partido que se supone ecologista. Ahora han cambiado su reclamo al de cadena perpetua para secuestradores y la promocionan en volantes que, además, llaman a participar en una rifa para recabar fondos.

Con un perfil más discreto, Nueva Alianza también suele exhibir sus amplísimas limitaciones teóricas y formativas. Desde luego eso es algo que se refleja de inmediato en el desempeño de sus diputados plurinominales, o diputados de partido; otro de los extravíos del folclor democrático nacional.

La aparición en el universo de la oferta educativa superior de la Universidad Popular Autónoma de Veracruz ha sido en buena medida controversial. Las críticas aluden a diversidad de tópicos aunque mayoritariamente parecen ir en el sentido que distrae recursos públicos que podrían mejorar el presupuesto de la Universidad Veracruzana. Está por verse, pero no parece probable.

Pero con el argumento del inmenso impacto que suponen ha causado la UPAV, el diputado aliancista Ulises Ochoa Valdivia ha salido, batea en ristre, a hablar de los planes del Congreso para respaldar a las universidades privadas. Dice el diputado que se trata de que el gobierno financie parte de las becas de los estudiantes beneficiados por las universidades de paga toda vez que, dice el diputado, no se trata de financiar a la educación privada, sino a ayudar a que los “jóvenes reciban educación de calidad en la escuela de su preferencia”. La frase encierra la descalificación inmediata de la UPAV, pero es seguida de otra en que los dueños de universidades privadas se quejan que ha bajado considerablemente el número de su matrícula desde que la UPAV entró en funciones. Incluso algunos han desertado para incorporarse a la UPAV, dice sin desperdicio el diputado.

Así, desde la curiosa lógica del diputado, el Estado debería compensar a las universidades de paga por hacer lo que le corresponde por mandato constitucional; ofrecer educación pública gratuita en todo el espectro educativo. 30 años de indoctrinamiento neoliberal no pasan en vano. Lo sobrecogedor es que el diputado es el presidente de la Comisión de Educación.