Política

Crisis de credibilidad en la Iglesia católica, dice sacerdote en Orizaba

septiembre 13, 2011

Orizaba, Ver.- La Iglesia católica está en una crisis de credibilidad. Primero se reconoce el alejamiento de "algunos" sacerdotes de la feligresía, porque no realizan su misión pastoral. "Hoy se necesitan pastores que vayan al encuentro del que está alejado”, admite el sacerdote Javier Onofre Valeriano, encargado de la pastoral litúrgica de la diócesis en Orizaba, y de paso acepta que sí hay clérigos que evangelizan desde la oficina, “aunque no se generaliza”.

“De eso está tratando la misión intercontinental de recuperar aquellos que han descuidado su fe o que se han conformado con ir a eventos religiosos en su vida personal y ya no regresan”, refiere el prelado.

–¿Esas condiciones generan una crisis de credibilidad en la iglesia? –se le plantea.

–Yo creo que sí, porque para quien quiere ver que la iglesia se atiende solamente desde una sede, pues le va a calificar que no está preocupada por los demás.

Reconoce que algunos sacerdotes así se conducen: “Creo que habrá casos y la parte no es el todo. A lo mejor el hecho de que nos encontremos con que un párroco no atiende a su feligresía no significa que todos seamos así, porque también tenemos excelentes ejemplos de padres misioneros que aun siendo párrocos están preocupados por las necesidades espirituales y materiales de sus fieles”.

–¿Por qué algunos sacerdotes predican desde la comodidad de sus oficinas? –se le insiste.

–Depende de la situación de donde se encuentren trabajando. Por ejemplo, si hablamos de una comunidad rural, a donde los pueblitos están en el entorno y la comunidad es campesina, siempre habrá un acercamiento más accesible en razón de las circunstancias; pero si nos vamos a una colonia de la periferia de Orizaba, en la semana todos están trabajando y sólo los fines de semana es cuando hay más actividad pastoral. Incluso está probado en nivel pastoral, que las parroquias de ciudad, tienen más intención de trabajo, los viernes, sábados y domingos.

Por ello, refirió, "no podemos calificar a todos los sacerdotes de la misma manera ni decir que el que está en la ciudad no sea misionero como el que está en la sierra, cada quien es misionero de acuerdo a las circunstancias y además hay que distinguir que para cada circunstancia se necesita una estrategia pastoral, porque hay que analizar el contexto”.

“La iglesia tiene que ser coherente con lo que celebre y con lo que predique. No puede distinguir que se debe vivir con dignidad cuando la realidad es otra. El párroco como figura de autoridad moral es un aliciente, un motivador de llevar a la práctica de la dignidad de la persona, 'estamos con ustedes, vamos a echarle ganas'”.

Por otro lado, reconoce que los sacerdotes “dejaron de ser perseguidos por las autoridades” como sucedía antaño: “Yo creo que el trabajo con la autoridad es en conjunto. Ambos buscamos el bien común y eso creo que lo tienen bien claro las autoridades civiles y existe una mayor disposición en apoyar. Es un trabajo en equipo, cada quien desde su trinchera. Se reconoce que en la parte religiosa es muy fiel a lo que la iglesia dice y la autoridad civil logra ver esa oportunidad y por eso se apoya en ella”.