Política

Las elecciones en los estados de México, Nayarit y Coahuila

julio 12, 2011

No me sorprende lo sucedido en ningún caso; por lo tanto, no escribo bajo los efectos traumáticos de una derrota inesperada. Mi reflexión, por ahora, se ciñe principalmente a los resultados en el estado de México. La diferencia de alrededor de 40 puntos entre Eruviel y Alejandro es excesiva y no muestran los bíceps que, dice la propaganda, ya luce el Morena; quizá lo que muestran es que, pese a los ingentes y loables esfuerzos por construir un movimiento popular organizado desde abajo, los resultados que anhelamos no se verán en mucho tiempo. La conciencia política cívica y urbana, la que no vende su voto, la que participa, no aparece de la noche a la mañana. Surge lentamente a través de un camino tortuoso y accidentado que se va construyendo cuesta arriba. Valentín, Heberto, Gilberto, Cuauhtémoc, Andrés y muchos otros, miles, sin nombre tan notorio, lo han abierto a golpe de pico y pala en el mejor de los casos; con las uñas por lo regular. La rodada, entonces, no está terminada, lista para ser transitada; su construcción, sin herramientas de resultado inmediato, como el dinero que todo lo compra, es incesante y sufre con frecuencia obstrucciones que le crean las potencias adversas obligándola a ensayar nuevas rutas, senderos paralelos. Quienes nos involucremos en tamaña empresa debemos estar conscientes que viviremos durante mucho el tormento de Sísifo. Y quien lo dude, que recuerde la experiencia de construcción de la Unidad Popular en Chile durante 60 años, de la que no quedó casi nada después del golpe de Estado. Luego… de nuevo… los arduos trabajos de concientización y unificación del pueblo. Labor que en México hoy hace el Morena.

En cuanto al escaso aforo en las urnas de la entidad mexiquense, 40 por ciento, la ciencia política la explica en buena parte por la ausencia de una contienda competitiva desde los primeros rounds. En tales casos, la cultura política predominante en el país, dice: “¿para qué voto?; ya sabemos quién va a ganar”. De allí la importancia de reflexionar sobre la necesidad de contender unidos, a veces, hasta con el mismísimo Satanás para poder vencer a fuerzas aun más poderosas y oscuras, lo que no significa confundirse con el aliado circunstancial ni aceptar sus programas esenciales. Allí están como ejemplo inobjetable Puebla, Sinaloa y Oaxaca, incluso Guerrero. No obstante, no son iguales todos los casos donde es posible concertar una alianza. En el estado de México, ni juntos PRD y PAN le hubieran arrebatado ahora el gobierno estatal al PRI, partido que en previsión de la posible unión de sus oponentes se alió a su vez con el PVEM y el Panal y así “compitió”. En Nayarit, en cambio, los resultados, contadas ya 91 por ciento de las actas (PRI, 45.8 por ciento; PAN, 38.9 por ciento; PRD, 10.9 por ciento), evidencian que si las dos fuerzas opositoras se hubiesen aliado, la probabilidad de derrotar al PRI habría sido alta. Y vencer al PRI, en vísperas de las elecciones federales de 2012, no es cosa menor.

Por otro lado, las evidencias de variadas disputas electorales pasadas ponen de manifiesto que los resultados de elecciones por la gubernatura de una entidad federativa, por importante que ella sea, no anuncian ni presagian los de elecciones por la presidencia de la República. En México, desde 1988, Cuando llegan estas últimas, todo es diferente, nada está escriturado para nadie. Quienes pronostican por lo acontecido en el estado de México la vuelta del PRI a Los Pinos el año próximo lo hacen como táctica propagandística para meter en el ánimo de la gente, de los sectores populares, sobre todo, la idea de la inevitabilidad de ese pronóstico. Pero no: en política no hay leyes que permitan predecir con certeza el futuro; los derroteros de su acción dependen de los seres humanos. En la física sí. Nadie duda que después del neblinoso otoño viene el duro invierno, porque tal fenómeno obedece a leyes naturales. Pero no hay ley que prediga que después del neblinoso PAN tenga que venir el duro PRI –sin descartar esa posibilidad, claro está–.

Lo que sí se prevé por la combinatoria de muchas realidades nacionales es que será muy dura la pelea, que ya ha comenzado, entre las tres fuerzas principales. Las probabilidades de triunfo de una u otra son calculables y distintas en cada momento y su valor irá cambiando sobre la marcha, conforme nos acerquemos a julio de 2012.

En cuanto a los mexicanos progresistas, lo único cierto si se quiere elevar la probabilidad de éxito es comprometernos en la tarea de convencer al mayor número de electores sin partido de que la única salida del atolladero en que nos han metido el PRI y el PAN son los programas de la izquierda.

En lo que concierne Coahuila, lo único que puedo decir es que será penoso que el PRD pierda allí su registro.

La derrota de la izquierda el domingo 3 de julio en la entidad mexiquense no se ha de explicar por el hecho de que peleó casi desnuda contra un adversario que usa siempre armadura, casco, espada y clava; eso lo sabe ella desde antes de entrar al coliseo, lo sabemos todos los que estamos medianamente informados. Tampoco por el hecho de que Encinas y el líder del Morena hayan rechazado la alianza con el PAN; sus razones tendrían (probablemente poseían datos confiables que les hacían ver que ni juntos vencerían en esta ocasión al cíclope mexiquense, en cuyo caso era esencial no desdibujar la ideología y los programas de la izquierda, evidentes en el contiguo Distrito Federal). De todas maneras, es difícil saber ahora si fue correcta la decisión de subir sola al cuadrilátero.

Lo que urge, sin embargo, es una seria y fuerte autocrítica de los líderes y corrientes de izquierda que toman decisiones sobre contiendas electorales. Creo, sin pretensión de agotar la lista, que la primera cuestión que ellos y todos los grupos progresistas deben abordar es la indispensable unidad de sus fuerzas como asunto estratégico si quieren alcanzar el poder; la segunda –que si bien cuesta dinero, es redituable–, es el estudio y conocimiento objetivo del adversario en todas sus facetas; la tercera, también el estudio y conocimiento del comportamiento electoral de los votantes, privilegiando a los jóvenes, sector mayoritario en el padrón; la cuarta, el diseño y puesta en práctica, según el caso, de tácticas de lucha en condiciones desventajosas permanentemente, lo que implica la posibilidad de alianzas ocasionales con fuerzas disímbolas. Sí, hay que leer y asimilar las enseñanzas de Sun Tzu y adecuarlas a la guerra civilizada.

Entretanto, estoy convencido que el Morena es el ariete para alcanzar la meta, a condición de robustecerlo.

Si no la alcanzamos en el 12, será en el 18.