Política

Wikileaks: revelaciones de estado

diciembre 02, 2010

250 mil cables del departamento del Estado Norteamericano puestos al cuidado de los principales medios masivos del mundo. Es la mayor filtración de documentos en la historia. Incluso ha sido catalogada como un ataque a la comunidad internacional. O en un caso extremo, como el caso más sonado de documentos robados. Pero al final, Wikileaks, el portal web que ha difundido esta información en medio del mayor escándalo político propiciado en la red, ha puesto en el centro del debate que las filtraciones –leaks en inglés– y su consecuencia, los escándalos mediáticos mundiales, son una realidad a partir de la publicación anónima de documentos secretos en la red.

La gran plataforma de las filtraciones es resultado del trabajo del editor australiano Julian Assange, el administrador del sitio web, quien ha escuchado en las últimas horas respuestas enardecidas sobre su proceder. Incluso miembros de la Cámara de Representantes han pedido a la Secretaría de Estado Norteamericano incluir a Wikileaks –que inició actividades apenas en 2006– en la lista de organizaciones terroristas extranjeras de la diplomacia norteamericana, al lado de Hamás, Hezbolá o Al Qaeda.

Assange se define como un editor, director, portavoz de la publicación. Involucrado en el periodismo desde que tenía 25 años, expresó en una entrevista reciente que es un hombre acosado, con guardaespaldas y cuyas comunicaciones que realiza por teléfono o mail están encriptadas, se define como un excelente criptógrafo, y tiene un pasado de hacker. Famoso, hoy se sabe que tiene una demanda de arresto internacional lanzada por la Interpol, tras una orden emitida por la justicia sueca por una presunta violación.

Con un presupuesto actual de un millón de dólares anuales, Wikileaks tiene desde enero un sistema de donaciones anónimas y actualmente cuenta con 12 trabajadores, 800 colaboradores y 150 mil seguidores en Twitter. Durante los cuatro primeros años, el portal se nutrió de las aportaciones de Assange y otros socios altruistas. Actualmente, el número total de donantes actual es de 10 mil personas, aunque ninguna donación sobrepasa los 20 mil euros. Su base de datos alberga más de un millón de documentos.

Los documentos –se lee en El País, uno de los diarios escogidos por la pagina digital juntos con otros medios de Europa y Estados Unidos– recogen comentarios e informes elaborados por funcionarios estadounidenses, con un lenguaje muy franco, sobre personalidades de todo mundo, desvelan los contenidos de entrevistas del más alto nivel, descubren desconocidas actividades de espionaje y exponen con detalle las opiniones vertidas y datos aportados por diferentes fuentes en conversaciones con embajadores norteamericanos o personal diplomático de esa nación en numerosos países. Una conexión cifrada permite a cualquier persona el envío a Wikileaks de forma anónima y sin dejar rastro de cualquier tipo de archivo.

Los documentos –251 mil 287 mensajes que cubren un periodo desde febrero de 1966 hasta febrero de 2010 y, en su mayor parte, afectan a los dos últimos años– fueron facilitados por Wikileaks hace varias semanas, además de a El País, a los diarios The Guardian, de Reino Unido; The New York Times, de Estados Unidos; Le Monde, de Francia, y al semanario Der Spiegel, de Alemania. Estos medios han trabajado por separado en la valoración y selección del material, y han puesto a disposición de sus lectores aquellas historias que cada uno consideraron de mayor interés.

El contenido de estos documentos provocadores de este escándalo mediático incluye desde los testimonios del embajador norteamericano en Trípoli en los que cuenta que el líder libio, Muamar el Gadafi, usa botox y es hipocondríaco, haciendo filmar todos sus exámenes médicos para analizarlos posteriormente con sus doctores, hasta algunos de valor histórico, al revelar la apuesta de la diplomacia norteamericana por el derrocamiento del general panameño Manuel Antonio Noriega o el que detalla ciertos movimientos de Estados Unidos durante el golpe de Estado que destituyó a Manuel Zelaya en Honduras.

El mérito de esta información difundida es que se trata de un trabajo de lectura, análisis, selección, contraste e interpretación periodística de los documentos filtrados por la organización y entre los archivos hay desde comunicaciones enviadas por la Administración central estadounidense que incluye al Departamento de Estado o de Defensa, hacia sus representaciones diplomáticas en el mundo; o en sentido inverso, desde estas delegaciones hacia Washington; mensajes compartidos entre diferentes embajadas, principalmente en Irán, Pakistán, Afganistán, Turquía y Rusia, y también entre misiones de otros países.

Sin embargo, la consulta no será para los lectores de los diarios de la totalidad de los documentos publicados en la red. Los periódicos han considerado sólo aquellos que no representan una amenaza para la seguridad de personas o de países y han establecido un acuerdo sobre la publicación simultánea de los mismos documentos de relevancia internacional y las fechas de su difusión.

El precedente de una filtración como ésta se suscitó el pasado 22 de octubre, cuando Wikileaks publicó otros 391 mil 832 documentos sobre las operaciones militares en Irak y el papel desempeñado en la campaña por las tropas estadounidenses e iraquíes. Anteriormente, en julio, había hecho públicos 76 mil 607 informes de la guerra de Afganistán.

Con 30 envíos diarios de información secreta, Wikileaks ha reformado la tarea de investigación que tienen los medios masivos de información y de la que mayoritariamente, se han olvidado. Y es que el interés de este portal no sólo es gubernamental, sino también de documentos de bancos, o multinacionales. Quizá por ello 120 personas trabajan exclusiva y diariamente en el Pentágono en un gabinete de crisis contra las filtraciones de este portal.

Wikileaks es, sin duda, el otro uso de la red.