Política

Ayuda y agravio

diciembre 02, 2010

En la edición de ayer, La Jornada Veracruz dio a conocer la ofensiva mala fe del gobierno federal, de Sedesol, para con los veracruzanos. Luego de los desastres en la pasada época de huracanes, el gobierno federal decidió entregar vales canjeables por enseres a los que lo perdieron todo, o casi todo. Levantaron un censo de los que tendrían derecho a la ayuda. Entre el punto A, el huracán, y el punto B, la entrega de ayuda, hubo una impresionante cantidad de obstáculos e ineficacias que hicieron sospechar mala fe gubernamental. El gobierno asumía la preexistencia de deshonestidad generalizada y, para evitar desfalcos, se obligaba a firmar un documento donde el damnificado se comprometía a ir a recoger la ayuda a tiendas preestablecidas, con una identificación oficial, cuando hubo muchos que perdieron todo, papeles e identificaciones incluidos. Pasaron semanas y la desconfianza amagaba con nuevos censos. Los vales tenían una vigencia del 1º de octubre al 30 de noviembre. En los 107 municipios declarados en desastre, Sedesol entregó los vales el día que vencían.

Ahora, por los comerciantes afectados por desbordamientos del río Coatzacoalcos, nos enteramos que la Secretaría de Economía entregará 10 mil pesotes a fondo perdido para ayudar a reponer el negocio. Es previsible que en todos los casos la mezquindad federal resulte insuficiente. Pero podrán contratar un crédito con la banca comercial. Dado que pedirán un aval, es razonable suponer que no será a fondo perdido.

Imposible imaginar la impotencia e ira de quien recibe un vale canjeable el día mismo de su vencimiento y que para hacerlo efectivo hay que viajar. Imposible también imaginar el agravio personal de un comerciante establecido que perdió su inversión al que le dan 10 mil pesos, que no tendrá que pagar, para ayudarlo a reponer su pérdida.

Es la imagen de la obesa acaudalada que rebusca en su cartera por moneda fraccionaria pequeña, se molesta por encontrarla y darla a un desamparado, que tiene que tolerar el desplante.

Una secretaría de dimensiones paquidérmicas, pomposamente llamada de Desarrollo Social, convertida en secretaría de la limosna. Más una Secretaría de Economía que promueve a la banca en México para extender créditos a comerciantes nacionales arruinados. Sólo falta que a algún creativo gubernamental se le ocurra poner tiendas de raya en las zonas de desastre y llevar contabilidades de acaudalados lagartijos terratenientes.