Política

Una más, por el Centenario

noviembre 28, 2010

La fortuita o intencionalmente, como quiera que haya sido, deslucida e insípida convocatoria a conmemorar el Centenario de nuestra, sí señores, nuestra Revolución de 1910, no bastó para ocultar la vigencia y necesidad de mantener vivo entre nosotros y en nuestras leyes el ideario de Emiliano Zapata, Francisco Villa, Francisco I. Madero, los hermanos Flores Magón y Práxedis Guerrero y todos los que como ellos y con ellos pelearon, demandaron, exigieron y finalmente lograron, de una u otra forma, que en la Constitución de 1917 se incluyeran preceptos fundamentales de justicia social, que los gobiernos neoliberales que depredan la nación mexicana por sí y para sí mismos, pero también y en gran medida para el capitalismo salvaje criollo, el yanqui o el de ultramar, han venido desmantelando, desgarrando, socavando hasta conducirnos a la infame desigualdad social que impera y mantiene a más de la mitad de los mexicanos y mexicanas en condiciones de vida muy difíciles y desesperantes.

Tampoco le sirvió al gobierno federal la estrategia celebratoria de minimizar la importancia del centenario para distraer, en la medida en que lo hubiera querido, la atención y opinión públicas con los frívolos espectáculos promovidos y financiados a costa del erario público a un costo ofensivo. A pesar de todo ello, de lo más profundo, grandioso y creativo de este México nuestro, surgieron otro tipo de reflexiones, llamamientos e iniciativas para conmemorar real y dignamente el Bicentenario de la Independencia y el Centenario de la Revolución: teatro, danza, música, literatura, cine, mesas redondas, seminarios; todo alternativo, permítanme mencionar, por ser una producción local que vale la pena disfrutar, ¡Happy Birthday, México!, de Alicia Pacheco, con la actuación de ella misma y Carlos Ortega, entre otros.

Como conmemoraciones dignas llamando a la reflexión y, más aún, a la acción; en defensa de los derechos humanos y la justicia social en México, quiero referirme a dos iniciativas de carácter político que desde mi punto de vista son muy importantes porque abren la posibilidad de reencontrarnos y reencontrar el camino que nos conduzca a alcanzar los objetivos de nuestra centenaria Revolución, aquellos no logrados, no cumplidos; los extraviados en esa maraña de intereses mezquinos y corrupción que han tejido y enredado los gobiernos neoliberales del PRI y del PAN de 1982 a la fecha, con la ayuda de toda clase y color de políticos oportunistas; me refiero a las convocatorias hechas por los comités civiles del Movimiento Nacional en Defensa del Petróleo y la Economía Popular llamando a debatir sobre su Proyecto Alternativo de Nación, lo que en Veracruz se hizo el pasado 20 de noviembre, en las instalaciones de la Unidad de Humanidades de la UV, y el pronunciamiento nacional publicado por el ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano, convocando a todos los hombres y mujeres que en México estamos convencidos de la necesidad de un cambio democrático y hacia la justicia social en nuestro país, para que seamos conscientes y nos hagamos responsables de la necesidad de actuar juntos para lograrlo porque de ello depende, sin exagerar, la permanencia misma de México, de su independencia, de su identidad nacional, de sus culturas y lenguas; y la propia de sus habitantes que somos todas y todos nosotros.

Y no se piense que es improbable y muy remota la posibilidad de que fructifique el llamado a unir fuerzas y voluntades. Hay profundas coincidencias, hay incluso similitud en muchas de las propuestas y el programa de acción que para México han presentado el Movimiento en defensa del Petróleo y la Economía Popular, el ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas desde su Fundación para la Democracia y otras importantes iniciativas y el Partido de la Revolución Democrática. Esto vale la pena resaltarlo y valdrá más la pena tomarlo muy en cuenta para a partir de ello definir estrategias de cara a las necesidades y urgencias de esta nación.

Qué mejor forma de conmemorar el Centenario del movimiento revolucionario que recuperando sus objetivos, valores, enseñanzas y a la política como una actividad humana digna, útil y necesaria para alcanzar los más altos objetivos del humanismo. En buena hora y sin claudicaciones.