Política

Ominosos signos

noviembre 28, 2010

La asamblea estatal para elegir dirigencia blanquiazul, pese a sus procederes tradicionalmente panistas, no se sustrae de evidenciar la descomposición política compartida por todos. Tensiones antinaturales entre un neocacicazgo de reflejos priístas y la alianza unificadora que tiene el propósito de nulificarlo. Por uno u otro lado rezuman los humores de las distorsiones del sistema político mexicano que hermanan a los partidos todos, soles aztecas incluidos.

Las instituciones intermedias comparten en común denominador de los reflejos antidemocráticos heredados de las preconcepciones culturales que acompañaron el nacimiento del Estado-nación mexicano que hace tan difícil el procesamiento de las diferencias. Así, Acción Nacional, que durante décadas se inmolaba en reclamos y señalamientos quejumbrosos por la barbarie del priísmo unívoco, tardó muy poco en apropiarse de los procedimientos de su némesis para reproducirlos con considerable torpeza.

Así el presidente alegre nombra su ex secretario particular como presidente del PAN, éste, a unos días de dejar el cargo, se dice satisfecho por las alianzas con la izquierda (si acaso) de Jesús Ortega; Boca del Río, una suerte de reducto faccioso del panismo potencia en breve tensionarse por la renovación de la presidencia de su comité municipal; y la asamblea que habrá de elegir la dirigencia estatal se divide entre un cacicazgo a medio nacer de cultura y reflejos priístas, y una reedición de alianza antiindeseables que se apropia del esquema que en julio de 2005 obstaculizó las aspiraciones presidenciales de Roberto Madrazo, el Tucom.

Hoy, el PAN veracruzano se divide entre delegados de promisorios cacicazgos y los aliancistas de cepa original cuyas carreras se verían amenazadas, entre la sordidez y la opacidad, sospechosas caídas de sistemas electrónicos de votación, los costos de la suspicacia, y los trascendidos de compra de votos.

Sería divertido anecdotario si no fuera por la intranquilizante coincidencia de la descomposición generalizada en todos los partidos.