Política

La otra tragedia nacional

noviembre 26, 2010

La iniciativa de la Secretaría de Educación Pública para eliminar puntuaciones evaluatorias inferiores a cinco y establecerlo como mínima calificación es, en efecto, un intento de parte de los gobiernos federal y sus contrapartes estatales por maquillar los estándares nacionales de aprovechamiento, esto con la finalidad de sacar artificialmente al país del último lugar de los 30 países que conforman la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE).

Y es que a la luz de recientes resultados obtenidos tras la aplicación del Programa Internacional para la Evaluación de los Estudiantes, la OCDE emitió una serie de recomendaciones para cuando menos paliar el enorme atraso en materia educativa en que se encuentra México.

De acuerdo con los resultados que arroja desde el 2006 la aplicación de PISA, en la que más de 50 por ciento de los alumnos mexicanos se viene ubicando en los niveles de logro más bajos, definió que es urgente que el país establezca una ruta urgente para aumentar el aprovechamiento escolar de los alumnos, estableciendo estándares claros, públicos y monitoreables sobre lo que se espera que aprendan al final de cada grado escolar en todas las asignaturas.

Aparte de las observaciones específicamente hechas a los resultados de las pruebas, la OCDE recomienda también someter a concurso las plazas de maestros, directores, vacantes y de nuevo ingreso; revisar el balance del modelo de financiamiento educativo debido a que en pago de salarios y personal se va más de 90 por ciento del gasto en ese rubro, entre otros aspectos relacionados con la ejecución de una profunda reforma del sistema nacional educativo.

Sin embargo, las autoridades educativas tienen la coartada perfecta para escabullir su responsabilidad en tan lamentable estado de las cosas y que por supeusto, se corresponde directametne con el atraso nacional con respecto de las demás naciones desarrolladas. Se trata de echarle la culpa a los indígenas porque en medio de una matrícula educativa tan grande y diversa, por la gran cantidad de grupos étnicos que existen en el país, este es un factor concluyente para justificar el rezago; según la Secretaría de Educación Pública, el total de población indígena en México es de aproximadamente 10 millones de personas, de los cuales un millón 300 mil son estudiantes de educación básica.

Con todo y que, en efecto, la población infantil indígena pague las consecuencias de siglos de pobreza, marginación y desnutrición, las cifras que reporta la OCDE en los dos sexenios panistas son absolutamente negativas. Por ejemplo, y de acuerdo con la OCDE, más de 30 millones de mexicanos no concluyeron o no comenzaron la primaria; 4 millones 100 mil niños no tienen educación básica y 3 millones 600 mil niños de cinco a 17 años trabajan.

Al finalizar el sexenio de Vicente Fox, existían 32 millones de personas analfabetas, y a finales del 2008, llegó a 33 millones 400 mil personas. Ya en el gobierno de Felipe Calderón las cosas no han cambiado: en 2007 México obtuvo el último lugar en ciencias, matemáticas y lectura y por si fuera poco, 46.3 por ciento de maestros reprobaron el último Examen Nacional.

La ligera intención del gobierno federal de buscarle una salida falsa a esta otra gran tragedia nacional no debe pasar desapercibida porque lo que está en juego es el mismo futuro del país.