Política

Vaticano y condones

noviembre 25, 2010

Joseph Alois Ratzinger, Benedicto XVI para efectos prácticos, fue uno de los instrumentadores directos de la política vaticana de Juan Pablo II desde 1981, año en el que el ultraconservador Papa polaco lo nombró prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe. Se dice que fue el cardenal más cercano a Juan Pablo II, y si no lo fue, sí estuvo dentro del primer círculo. Tan conservador como Wojtyla, al grado de que se decía de ellos que eran almas gemelas. Como prefecto de la moderna inquisición tuvo a su cargo perfilar y operacionalizar la postura de la Iglesia católica para los homosexuales, los criterios reproductivos que condenaban el aborto y el uso del condón.

Instrumentó la contrarrevolución al Concilio Vaticano Segundo que dio al traste con los avances de los años 60 y 70 y, desde luego, desmanteló y persiguió todo aquello que oliera a teología de la liberación. Censuró a teólogos importantísimos como Hans Küng y Leonardo Boff.

De la vuelta atrás en la Historia que implicó larguísimo papado de Wojtyla, dos cosas tuvieron un impacto sustantivo en la salud del planeta y de miles de personas concretas. Una, la prohibición del uso del condón que llevó a África a ser el continente que aporta 70 por ciento de los adultos y 80 por ciento de los niños que viven con VIH en el mundo. Dos, la construcción de la protección explícita del papado a los pederastas clericales. Notoriamente Marcial Maciel, pero también los predadores clericales de Irlanda y Estados Unidos.

En ambos asuntos Joseph Ratzinger fue la mano operadora, instrumentadora de las personales políticas del pontífice. Luego de casi tres décadas de denuncias desoídas, el Vaticano reconoció este año haber encubierto al sacerdote depredador Lawrence Murphy, de quien se sospecha abusó de la friolera de 200 niños sordos. De hecho, en marzo de 2009, Benedicto XVI acarreó críticas sin precedente de parte de gobiernos europeos, organizaciones internacionales y científicos cuando afirmó durante un viaje a África que los condones no resolvían el problema del sida, sino que, por el contrario, lo agudizaban.

En declaraciones recientes, particularmente durante su viaje a España, hizo también declaraciones muy polémicas. Desde señalar que en los años 30 en España nació “un anticlericalismo, un secularismo fuerte y agresivo”, que además de sugerir, por decir lo menos, un papel activo del Vaticano a cargo de Pío XII en el derrocamiento del gobierno republicano, insistió en la postura de condenar el aborto y defender el modelo de matrimonio heterosexual como único aceptable. La Iglesia se opone a todas las formas de negación de la vida humana y apoya cuanto promueva el orden natural en el ámbito de la institución familiar, dijo con desafortunado tino que le valió el beso de varias parejas de homosexuales a su paso en el papamóvil. En ese viaje a España el jefe del estado Vaticano llamó a los estados a dar “atención, protección y ayuda” a la familia tradicional y la vida humana. A los gobiernos les pidió “adecuadas medidas económicas y sociales” para que “el hombre y la mujer que contraen matrimonio y forman una familia sean decididamente apoyados por el Estado”. España tenía apenas cinco meses de haber aprobado la despenalización del aborto y en su territorio calificó a la ley de insensata.

Ahora, el papa Benedicto XVI captura la atención mundial al abordar tales temas en un libro, La Luz del Mundo, de reciente publicación donde justo sale al paso de dos de sus más notorias debilidades y condicionantes de su pontificado. Independientemente de lo que dure. Los casos de pederastia y las consecuencias de la campaña clerical contra el condón.

Sucede que Benedicto XVI dice ahora, respecto al condón que “puede haber casos particulares justificados” para ser usado. Como cuando un sexoservidor decide usarlo. Además respecto a Marcial Maciel y sus crímenes dice que “Lamentablemente, hemos llegado con mucha lentitud y atraso al abordar estas cuestiones. De alguna manera estaban muy bien ocultas y sólo desde aproximadamente el año 2000 contamos con asideros concretos al respecto”.

Eso es sólo su decir, porque lo sabían desde los años 70. En ese tiempo, desde 1962 funcionaba, aún funciona, los procedimientos de esa ignominia para la historia institucional de la iglesia que es el Crimen Sollicitationis y que Ratzinger administró desde 1981.

La nueva postura publicada en un libro obliga a preguntarse cuáles son las verdaderas intenciones del Papa. Casi todo prejuicio sobre el pragmatismo de la curia se valdría. Pero Ratzinger es un hombre de perfil más complejo. Fue compañero de estudios y de cátedra del teólogo Hans Küng en la Universidad de Tubinga. Küng evolucionó hacia la crítica de los dogmas mientras que Ratzinger lo hizo hacia el conservadurismo. En 79 el Vaticano suspendió a Küng como sacerdote. Pero ya siendo Papa, Ratzinguer invitó a Küng a Castelgandolfo a debatir sobre algunos asuntos teológicos entre amigos.

Lo que el Papa trae entre manos será un algo de repercutirá en varias dimensiones y no de manera lineal. El resultado final puede ser una suerte de evolución positiva. Está por verse pero con Ratzinger el análisis no puede ser ni lineal y menos monodimensional.

*Es Cosa Pública

leopoldogavito@gmail.com