Política

Karl y los fraccionadores

septiembre 21, 2010
Como a Karl no le pueden pedir cuentas por los enormes daños que dejó a su paso, le corresponde a las autoridades de los tres órdenes de gobierno responsabilizarse de la remediación de la infraestructura habitacional de servicios y comunicaciones y, sobre todo, apoyar en la medida de lo posible a las decenas de miles que perdieron sus pertenencias.

Aunque luego de este fenómeno, la pérdida más grave para los habitantes de la conurbación más importante del estado es el hecho de ver trastocado su sentimiento de seguridad y la certeza de unas condiciones de vida que de hoy en adelante estará especialmente influenciada por la aproximación de la temporada de huracanes.

Sin embargo, con todo y que la potencia inusual del fenómeno al tocar tierra pondría en evidencia cualquier medida de protección ciudadana, restando sólo la evacuación preventiva como la única medida razonablemente efectiva para paliar el daño inminente, las consecuencias de sus afectaciones tienen orígenes fáciles de rastrear en la corrupción y la complicidad de los encargados del otorgamiento de los permisos para construcción –particularmente en el caso de Puente Moreno, Floresta, entre otros– de unidades habitacionales en zonas de humedales y pantanos o en la impronta por alcanzar metas programáticas, como en el caso del Infonavit, que hasta otorgaba puntos adicionales a los derechohabientes que aceptaran quedarse con casas que nadie quería.

No queda, pues, ninguna duda que ese gran despegue económico y demográfico de Veracruz-Boca del Río-Medellín se consolidó en la época en la que la zona fue gobernada por una serie de alcaldes surgidos del PAN (Roberto Bueno, Francisco Ávila, José Ramón Gutiérrez de Velasco, Julen Rementería y el panista embozado de priísta, Jon Rementería); en esa etapa fue cuando se construyeron por doquier cualquier cantidad de nuevos desarrollos urbanos en lugares poco convenientes que, sin embargo, necesitaban del aval de las autoridades estatales, concretamente de la Secretaría de Desarrollo Regional, la encargada de atender las necesidades de terrenos de los fraccionadores.

Ahí es donde finalmente confluye la mayor parte de la responsabilidad y si se tuviera la voluntad para buscar responsables, no sería difícil dar con ellos, aunque en este momento eso es lo menos importante.

Por ello, resulta pueril detenerse en repartir culpas, lo sustantivo es dar soluciones concretas y de efectos reales, y no como las que de mala gana vino a ofrecer, vestido de atuendo azul, por supuesto, Felipe Calderón en su paseo por el Puerto, o la pichicatísima “ayuda” de las modestas despensas que gestionó ante otras instancias el magnate de la aviación y ex gobernador Miguel Alemán, eso sí, trasladadas en uno de sus carísimos aparatos.

Como sea, el cambio climático y la inesperada vuelta que dio el fenómeno al enfilarse hacia el centro del estado son hechos objetivos que por sí mismos explican la magnitud del daño, no puede soslayarse ni negarse el componente humano en la irresponsabilidad social aderezada de una gran ambición monetaria que tienen de rodillas al puerto de Veracruz.