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Legiones marginales

febrero 22, 2010
Somos espectadores cotidianos del desarrollo del país, de sus problemas y de la imagen de sus ciudades, nuestra mirada puede estar protegida por anteojos a prueba de todo, de los rayos solares por supuesto, y también de la decadencia, el olvido, la indiferencia y la apatía, frente a un segmento de marginales que las sucesivas crisis generan actualmente; para observar este fenómeno no es necesario viajar a Bangladesh o Vietnam, Nueva Delhi, o a São Paulo, Río, Buenos Aires, Mali o Guinea, las legiones de personas que buscan en la calle, empleo, comida, dinero –aunque sea robado– cobijo, morada y drogas aumenta cada día en nuestro entorno.

No se puede ocultar las voces que opinan y denuncian que Veracruz es uno de los estados donde la cantidad de niños en situación de calle crece de manera alarmante, ONG como “matraca” en nuestra ciudad han denunciado ese crecimiento y problemas inherentes al maltrato de menores en situación de calle por parte de las autoridades policiacas, las cifras son avaladas por la Procuraduría de la Defensa del Menor, más de cinco mil niños en todo el territorio veracruzano, y aproximadamente unos 300 en nuestra ciudad, se exponen a los peligros de vivir en las calles.

Habitantes de mundos alternativos improvisados en la urbe los protegen en las noches de las inclemencias del tiempo, tarjeas abiertas, quicios y entrepaños o declives de puentes peatonales, casas abandonadas o lotes baldíos, de día reseñado también por matraca en nuestra ciudad en más de 25 cruceros de fuerte tráfico vehicular, ofrecen chicles, limpiaparabrisas, artículos de novedad, dulces, tarjetas telefónicas, franelas, bates; niños y adultos compitiendo por un espacio con otros tantos que son tragafuegos, payasos, vendedores de periódicos, malabaristas, o discapacitados que con letreros en mano piden ayuda.

La indolencia social puede apreciarse en el paradigma de visualizar en la inmediatez, el espectador transeúnte o conductor de automóvil, en su actitud frente a los niños y adultos que piden algo en las esquinas, nunca se ha abierto un debate en la ciudad ni en Veracruz para definir una postura generalizada, seguirles dando limosna, repartir a los niveles de competencia su responsabilidad, redefinir la visión de un gobierno, que implica en su estrategia atenderlos, pero de sobra se ve que no lo puede hacer como debería, o atomizar las acciones como hasta ahora, dejando a cargo aparente de la conciencia personal, lo que cada quien pueda y quiera hacer por quienes no tienen ni casa, ni comida, ni servicios, ni asistencia, y a veces –cada vez en mayor cantidad– ni siquiera una existencia legal, pues muchos, especialmente de los niños y jóvenes, no tienen papeles.

Las investigaciones particulares y el periodismo ciudadano son escasos en nuestro ámbito, por ello el tema parece no trascender, excepto cuando pasan cosas graves como en junio de 2009, en que hubo denuncias a policías maltratadores y corruptos; se discute poco sobre el tema pues parece no impacta mayormente a la sociedad, la riqueza del país, y de nuestro estado no destina formalmente en las instancias adecuadas fondos suficientes para revertir y detener desde su origen este problema, en el caso de los niños, paradójicamente se ha podido comprobar mediante cifras manejadas por la UNICEF que el proceso de crecimiento sigue, pues el total de menores en la calle creció de 20 por cianto a una tasa promedio anual de 6.6 por ciento. E igualmente se reconoce la existencia de niños dedicados a la prostitución.

La violencia que origina el abandono de los menores de sus hogares continúa, la propensión a ser victimas de violación y explotación sexual es cada vez más evidente, no existen acciones contundentes por parte del gobierno federal para frenar este fenómeno y el gobierno estatal, trata el tema como si fuera un iceberg, observamos únicamente la punta pero el fondo es monstruoso complejo y difícil de resolver, las legiones de marginales son también todos aquellos miles de veracruzanos que no tienen un empleo seguro y bien remunerado, que salen a las calles a buscar el sustento, ellos configuran un panorama que se generaliza en el país, una masa de individuos que es vista por otra mas, que viaja cómodamente en sus vehículos, sintiendo muchos de ellos que aportan a la solución al comprarles algo; o como ya dijimos al negar la dádiva o la limosna, para desalentarlos de permanecer en la vía pública.

Los canales para democratizar el problema están cerrados, al no existir un manejo confiable de estadísticas que informe a la ciudadanía sobre el tema, al no corresponsabilizar el gobierno a la misma sociedad que contempla con lentes oscuros cada día este retroceso decadente, el gobierno por su parte a continuar reflejando en los medios realidades parciales, soslayando en mecanismos de largo plazo, como es el sistema educativo nacional, y el sistema de salud , la solución paulatina al problema de la violencia intrafamiliar, y por sobre todas las cosas a la gravísima reponsabilidad del Estado, al continuar con una política económica equivocada que zanja cada día mas la distancia entre pobres y ricos, y mantiene las desigualdades en extremo.

Los tiempos electorales imponen un manejo de este fenómeno, muy prudente para quienes contienden, sin embargo es urgente, visualice la sociedad estas realidades, Veracruz galopa en el quinto lugar nacional, de niños trabajadores, Xalapa, Veracruz, Boca del Río, Poza Rica y Minatitlán, según estadísticas del INEGI, son las ciudades con mayor cantidad de menores expuestos, cifras que deben sumarse a las actuales relacionadas con el desempleo y el subempleo.

Por ello cada vez que observamos a alguien pedirnos algo en un crucero, o vemos a un niño durmiendo en la calle, el acto de conciencia debe ser otro; quitarse los lentes, bajar el vidrio, preguntarles su nombre, humanizar el hecho social, ayudar cuanto se pueda, discutir en familia, exigir a las autoridades tomen cartas en el asunto, revitalizar la esencia colectiva de ayudarnos, y romper la cadena de indolencia que rodea este problema, esto asegura un sufragio también mas corresponsable, viene el tiempo de elegir a nuestros, diputados, alcaldes y gobernador, quién de los que se postulan a los cargos tiene una mejor visión sobre estos hechos, quién garantiza una posición de compromiso para una solución compartida y concreta; éste es un buen punto de arranque para dejar de observar como hasta ahora lo hacemos, estas enormes legiones de cuidadanos marginales.