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Inconformes

febrero 22, 2010
Un panista y un priísta están que truenan contra las cúpulas de sus partidos. Los dos sostienen que se han trastocado los procedimientos democráticos internos para imponer a los candidatos a la gubernatura. El primero es el priísta Héctor Yunes Landa, quien asegura que la convocatoria y las manifestaciones de la estructura partidista se están cargando para favorecer a Javier Duarte.

Aunque al momento, el diputado con licencia ha recibido el apoyo de algunos sectores y el aval del PVEM –que se adelantó a los tiempos de la convocatoria priísta y apresuró su expresión pública de apoyo a alguien que todavía no es representante formal del PRI– aún no están totalmente decididas las cosas, por lo que Yunes Landa sigue esperanzado en que tendrá la oportunidad de inscribir su precandidatura el próximo 24, para que al día siguiente la Comisión Estatal de Procesos Internos la avale (o no) y le expida la correspondiente constancia de registro como precandidato.

De lo que suceda esa fecha, sin dudas dependerá el futuro inmediato del nativo de Soledad de Doblado, aunque es bastante previsible que no abandone formalmente su militancia priísta, pero sí que la hipotética decepción y enojo que le ocasione el rechazo de aquella Comisión influya negativamente en su actitud hacia su partido y, en particular, en contra de quien se ve como el casi seguro postulado priísta. Ya se verá.

En segundo lugar y con su actitud melancólica y taciturna, un inescrutable Gerardo Buganza sostiene tácitamente su inconformidad y decepción hacia su partido pues, a diferencia de Juan Bueno Torio, no ha expresado públicamente su apoyo a la postulación del ex director del ISSSTE, Miguel Ángel Yunes Linares, candidatura resuelta al viejo estilo panista, en los locales cerrados donde un grupo de notables decide por todos.

El caso de Gerardo es más complicado porque se trata de un militante que ha dado la batalla por su partido desde las trincheras más elementales hasta la candidatura fallida de hace seis años. Sin embargo, su trayectoria en Acción Nacional es relevante y ha logrado acumular un capital político respetable entre la base real de su partido.

En sondeos de opinión recientes, Buganza Salmerón aparecía mejor posicionado entre el voto duro panista que Yunes Linares y Bueno Torio y, si la lógica partidista era respetada, su postulación era un hecho seguro, sin embargo, el dedazo de la primera dama presidencial al imponer a Miguel Ángel Yunes como candidato del PAN a la gubernatura del estado naturalmente trajo la amenaza inminente de una ruptura con la fracción de militantes azules que simpatizan con el ex senador y ex diputado cordobés.

Los dos, Héctor y Gerardo, comparten la misma circunstancia, aunque la situación del primero es cada día más difícil porque, a diferencia del panista, se le acaba el tiempo, pues ya se cerraron los espacios posibles de participación.

A Buganza una fracción del PRD ya le extendió su invitación para que asuma la candidatura de ese partido al gobierno del estado que, de concretarse, podría significar un serio e inédito peligro para el proyecto calderonista que representa Yunes Linares en virtud de que al dueño de la marca de café podría seguirlo una parte sustancial del panismo que no acepta aún la imposición de Miguel Ángel.

Si bien se confirma la predicción de Yunes Landa, éste se encontrará en una circunstancia mucho más difícil: si se queda en el tricolor avalaría con su permanencia lo que ha venido señalando como una imposición; si renuncia a su partido y se retira temporalmente de la política habrá dejado colgados de la brocha a sus seguidores, en una situación que recuerda a aquella que protagonizó Gustavo Carvajal Moreno cuando, tras jurar y perjurar que no abandonaría su intención de convertrise en candidato del PRI en la pasada contienda estatal, abandonó la nave dejando en el camino a una miríada de seguidores que pronto se arrojaron a los brazos del ungido, abjurando, por supuesto, de quien meses antes se había convertido en generoso mecenas.