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La inseguridad: el tema de cada día

febrero 21, 2010

Es muy lamentable que en la conversación cotidiana de la mayoría de los mexicanos se tenga como tema principal el problema de la inseguridad en el entorno y a lo largo del país. Según una reciente encuesta levantada en el Distrito Federal, siete de cada 10 personas sostienen su plática sobre este tópico que flagela al país a partir de hace pocos años. Y no es para menos, pues día con día nos enteramos por los medios de comunicación, los amigos, el vecino, por los compañeros de trabajo y por la por la propia familia que algo doloroso o fatal les sucedió en relación con la delincuencia… y es así como inicia y discurre la amena e interesante charla sobre el gran desastre de inseguridad en que está inmerso el país. Cierto y en verdad muy lamentable.

Tal vez esté usted enterado que con motivo de cambio de estrategia del gobierno federal en su lucha contra la delincuencia organizada a partir del juvenicidio de Ciudad Juárez a fines del mes de enero, el presidente Calderón resaltó como acción principal la participación ciudadana y el ensamble de los programas de prevención del delito entre la sociedad civil con los cuerpos de seguridad, además de los órganos competentes de impartición y procuración de justicia. Éste es un punto esencial para superar la crisis si las autoridades supieran trabajar en equipo, coordinadamente y bajo la transversalidad de las leyes de coordinación fiscal y administrativa. Esto de la transversalidad se refiere a la interrelación con que deben mantener las instituciones sus actividades para el eficiente ejercicio de sus funciones administrativas y uso de las facultades potestativas, con absoluto respeto a la competencia en sus respectivos niveles o ámbitos de gobierno, es decir, saber ser y comportarse como verdaderas autoridades. Bueno, hasta aquí vamos bien, pero las cosas se descomponen cuando la autoridad entra en acción y trata de poner las cosas en su lugar y quien paga los platos rotos es el ciudadano de banqueta.

Se dice y se habla mucho sobre la participación ciudadana, por ejemplo que si la iniciativa corresponde a empresarios y comerciantes; que si empezamos por las escuelas con alumnos y maestros con el programa X; que si entre vecinos hacemos las redes de “vigilancia ciudadana”; que si nos unimos con las mujeres para sensibilizarlas y alertarlas de la “violencia intrafamiliar”; que si nos adherimos al programa de “Vecino Guardián”; que si nos integramos para la “prevención de las adicciones”; que si el “Policía Amigo” ya va a llegar… en fin, todo esto no son más meros buenos deseos. Todos y cada uno de esos programas tienen bastante presupuesto, todos son muy bien planeados, bien estructurados, perfectamente documentados y pulcrísimamente presentados a los titulares de los cuerpos de seguridad y de gobierno, pero la verdad es lo que nos dice realidad, ésta no la podemos ocultar y es la que califica el buen o el mal desempeño de los responsables de preservar el orden en las ciudades, lo demás, o lo que se dice, todo junto desde Mexicali hasta Isla Mujeres, no es más que pura parafernalia, por no decirle de otra forma y que resulte ofensiva para los encargados de gobernar.
El corazón de este comentario va en el sentido de que no es justo que le dediquemos una gran atención y mucho de nuestro tiempo a estar platicando esos temas saturados de indolencia institucional, negligencia administrativa, de morbo emocional y frustración personal por la impotencia de no poder remediar el caos, cuando bien sabemos que el origen de la problemática ha existido siempre bajo el manto de la subcultura de la administración gubernamental. Bien comprendemos los mexicanos que el origen es histórico-genético y hasta los más iletrados conocemos que no se ha tenido la voluntad para querer entrar al verdadero desarrollo económico y social a pesar de las presiones externas, los líderes políticos y sociales prefieren el conservadurismo, la cerrazón seudo nacionalista y todos los atavismos de corrupción heredada con que tenemos que cargar los más de 105 millones de mexicanos por la incapacidad para saber gobernar, no está por demás recordarle que los problemas críticos los conocemos entre los que en este momento le puedo mencionar están –sí allí están– la deficiente educación, el anárquico desarrollo urbano, la escasa vivienda, la insuficiencia en los servicios de salud, la obsoleta e inequitativa política tributaria, inexistente distribución de la riqueza, y los alto índices de marginación y desempleo, etcétera.