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¿Desmemoriados o ignorantes?

febrero 21, 2010
Recientemente se han traído a colación algunos temas de política y función pública. El presidente Calderón los ha agrupado y los ha enviado a las cámaras legislativas como una serie de propuestas tendientes a la reforma del Estado. La verdad es que FCH no se puede atribuir su autoría, ya que algunos de estos temas han incursionado en diversas sesiones del Congreso de la Unión y, desde luego, ha habido quienes se proclaman como autores de dichos principios.

De todos y de cada uno de ellos se pueden hacer comentarios, pero nos interesa escribir algo sobre la propuesta relacionada con la “reelección de presidentes municipales, de diputados y de senadores”.
Alguien con mala intención ha dicho que la no reelección es un tema sagrado para los ciudadanos mexicanos. Quien así lo afirma olvida que el principio que surgió de la Revolución Mexicana, “Sufragio efectivo. No reelección”, costó a la nación mexicana más o menos un millón de muertos en los campos de batalla, entre 1910 y 1917.

Por cierto, es conveniente recordar que durante varias décadas posteriores a la instauración de los gobiernos posrevolucionarios, todos los escritos oficiales debían llevar al término de su texto el lema de marras, que fue uno de los conceptos torales del Plan de San Luis, proclamado por Francisco I. Madero. Este principio formulado y aconsejado por José Vasconcelos, como lo asientan los biógrafos y comentaristas del pensamiento del “maestro de la juventud de América”, se acostumbró hasta principios de la década los años 60.

Se equivocan mal intencionadamente quienes lo atribuyen a Porfirio Díaz, ya que éste blandió a su conveniencia y en aquel momento de su vida (1871) su repudio a la “reelección indefinida” porque ponía “en peligro las instituciones nacionales”. Así lo asentó en el Plan de la Noria para oponerse a la reelección del presidente Juárez.

Posteriormente (1876) en el Plan de Tuxtepec, el propio Díaz defendió la no reelección para justificar su oposición a Sebastián Lerdo de Tejada cuando pretendió reelegirse. Nadie se imaginaba que en 1884 los corifeos de Díaz reformarían la Constitución para que hubiese reelección. Indicador de un manejo político de conveniencia personal y no de esencia democrática republicana.

La Revolución maderista de 1810 tuvo como circunstancias causales importantes las continuas reelecciones de Porfirio Díaz, de la totalidad de los gobernadores, de la mayoría de los senadores y diputados federales y locales y de la prolongada permanencia en sus puestos de los jefes políticos. Madero publica el 28 de noviembre de 1911 la reforma que consagra como ley suprema de la República el principio de la no reelección del presidente, del vicepresidente de la República, de los gobernadores de los estados y de los presidentes municipales. Con el Plan de San Luis “se organizó el Partido Nacional Antirreeleccionista proclamando los principios de sufragio efectivo y no reelección, como los únicos capaces de salvar a la República”.

La constitución de 1917 consagra en su artículo 83 el principio de la no reelección para el presidente de la República y, en el caso de los que hubiesen sido presidentes sustituto e interino, no podrán ser reelectos para el periodo inmediato.

En junio de1927, ante las pretensiones reeleccionistas de Alvaro Obregón, el Partido Antirreeleccionista proclama como su candidato al general Arnulfo R. Gómez, quien junto con el general Francisco R.

Serrano trata de formar un frente único. Ambos son acusados de promover una sublevación y son eliminados. Serrano es aprehendido en Cuernavaca y asesinado en Huitzilac, Morelia (3 de octubre de 1927) y Gómez, perseguido desde Perote, es fusilado en Coatepec, Veracruz (4 de noviembre de 1927).
En las elecciones presidenciales de 1929 sólo contendieron finalmente dos candidatos: Pascual Ortiz Rubio por el PNR (hoy PRI) y José Vasconcelos por el Partido Antirreeleccionista. La competencia electoral degenera en hechos sangrientos. Ortiz Rubio es declarado vencedor, Vasconcelos no acepta el resultado, lanza un manifiesto en el que desconoce los poderes de la unión, llama a la revolución y finalmente se exilia del país.
Hechos históricos, todos los anteriores, que nos muestran lo que ha costado social y políticamente mantener los principios torales de la Revolución de 1810.

Ahora se habla de reelección para diputados, senadores y presidentes municipales, se argumenta en el caso de los legisladores que se busca su profesionalización. Empero, en un análisis estadístico consignado en la publicación “Los Dueños del Congreso” de Esteban David Rodríguez, se demuestra que, aun sin haber reelección inmediata, 50 por ciento de quienes han llegado al senado y 12 por ciento de los que han sido diputados se han reelecto entre 1933 y 2003. Además, entre quienes han hecho carrera legislativa en un lapso de 18 a 30 años en el Congreso no suman siquiera 10 individuos que hayan perdurado en una misma comisión; un número insignificante que no indica precisamente interés profesional. Todo lo contrario, su experiencia no significa profesionalización.

También se dice que un mal legislador no sería electo nuevamente por sus conciudadanos. ¿Acaso no conocemos los tejes y manejes de los partidos políticos, las alianzas para mantener a viento y marea a un político y los plurinominales que son designados por sus partidos? Se olvida que la esencia de la no reelección es impedir la perpetuación de individuos, grupos y partidos en el poder.

En el caso de los presidentes municipales, se argumenta que es poco el tiempo que tienen para conocer los problemas de sus conciudadanos. Que no les da tiempo de hacer casi nada. Bueno, tal vez se refieran a presidentes municipales que no han vivido en su terruño o que viviendo en él se mantienen ciegos a la realidad socioeconómica de su entorno. Sería interesante conocer los datos que al respecto existan;

probablemente encontraríamos que es un porcentaje menor el de los presidentes municipales que en el actual periodo de su ejercicio dejan positiva huella en su pueblo. También se argumenta que cuando ya están aprendiendo y conociendo los problemas de su municipio, se les acabó el tiempo. Pregunta: ¿Serán de lento aprendizaje?

Se recurre también a la argumentación de que en otros países la reelección ha dado buenos resultados. Pregunta: ¿Acaso latinoamericanos? Un análisis serio nos permitiría afirmar rotundamente que no es así. Al contrario, algunos presidentes electos democráticamente defeccionan de sus principios y luego reforman las constituciones vigentes para permanecer como cuasi-dictadores, sino es que como absolutos dictadores. Nombres muchos, actuales y pasados.
Por eso replanteamos nuestra interrogante inicial. Benévolamente juzgados, ¿serán desmemoriados o ignorantes quienes proponen la reelección? La verdad debe preocuparnos, porque los indicadores objetivos muestran que las elites y las dinastías políticas propenden a imponerse, como ya ha sucedido en otros momentos históricos.

El sufragio efectivo y la no reelección costaron muchas vidas de mexicanos y su vigencia en nuestro país debería extenderse a cualquier instancia que se considere democrática. Desde la función pública, pasando por los puestos directivos, hasta las dirigencias sindicales. A nuestro juicio, ése debe ser el sentido de un verdadero avance político democrático.