Editorial

Fraudes, defraudados y autoridades

febrero 13, 2010
En tiempos de crisis, son muchos los que buscan una vía rápida para reproducir su dinero en forma tal que la depreciación por inflación no termine por disolver sus ahorros. Pensionados y jubilados que no tienen forma de insertarse en el mercado de trabajo suelen tener preocupaciones especiales al respecto. La realidad es que no existen rutas mágicas y siempre debe tenerse presente que, a mayor rendimiento ofrecido, mayor es el riesgo.

La inversión en empresas o fondos que prometen rendimientos extraordinarios sin ningún tipo de riesgo, o muy bajo, suele ser la ruta más corta para ser víctima de defraudadores.

El dinero que es invertido en una sociedad de inversión o fondo no cuenta con un seguro, únicamente los depósitos de los ahorradores en la banca están protegidos por el Instituto para la Protección al Ahorro Bancario (IPAB). La cobertura del IPAB abarca los depósitos a la vista, como cuentas de cheques; cuentas de ahorro; depósitos a plazos retirables con previos aviso, como certificados de depósito; depósitos retirables en días preestablecidos; depósitos en cuentas corrientes asociados a tarjetas de débito; préstamos y créditos.

El IPAB no protege las inversiones en las sociedades de inversión, aseguradoras, cajas de ahorro, sociedades de ahorro y préstamo, casas de bolsa o los bancos de desarrollo, aunque éstas sean ofrecidas en las sucursales bancarias.

La sorprendente cantidad de fraudes ha hecho que los especialistas en México aconsejen tener toda la información pertinente sobre la operación y regulación de las entidades financieras y los fondos que ofrecen.
En el caso de la Comisión Nacional para la Defensa de los Usuarios de las Instituciones Financieras (Condusef), pedir que un matrimonio de ancianos jubilados se haga de toda la información posible sobre lo que les ofrece un jilguero embaucador es una idea harto peregrina, aunque entre sus obligaciones esté precisamente aconsejarlo.

El delegado de Condusef en Veracruz reconoce que todos los años se defrauda a miles. Luego, si bien es responsabilidad del inversionista hacerse de la toda la información para que le dé certidumbre, es necesario partir de la realidad que así como no hay en el país una cultura del ahorro, mucho menos la hay de la inversión. Luego, el papel proactivo de las autoridades debe ir mucho más allá del consejo pasivo. Además de las declaraciones, que son útiles, hay programas comunicacionales de educación e información, la capacitación de personal suficiente y dispuesto a orientar al inversionista, los afiches en los bancos y la investigación de toda fórmula o empresa novedosa que participe en el mercado.