Editorial

Bipolares

febrero 02, 2010
Cientos de campesinos veracruzanos han quedado en quiebra por heladas recientes, otros se movilizan para que liberen a su líder recluido en un cereso y advierten que bloquearán carreteras al sur del estado.

Sindicatos mineros y electricistas sometidos a persecusiones mustias y a una política sistemática para hacer de sus derechos o recursos de mejores tiempos. La precipitación del bienestar en el último año y medio ha sido en vertical. El país, comprometido en la necedad de una guerra sin rostros y ubicua, atestigua cómo su Presidente viaja por el mundo en una suerte de cruzada apologética de las bondades de la sangría. Una ciudad mexicana, Juárez, convertida en uno de los escenarios más cruentos de la historia de América Latina mientras el presidente Felipe Calderón, en Davos y en Japón habla de su convencimineto de ir por el camino correcto en la instrumentación de una errática y a todas luces fallida política de seguridad pública.

No es en nada casual que el presidente de los Estados Unidos haya recortado los fondos con que se respalda la lucha contra el narcotráfico en México, la Iniciativa Mérida. El aumento de la violencia y la generación industrial de orfandades y viudas en modo alguno significa que una política seguridad sea exitosa. Del mismo modo que en cualquier guerra el número de muertos no da por sí mismo victorias. El promedio ministrado al gobierno mexicano en la era Bush fue de alrededor de 450 millones de dólares anuales.

Es verdad que la crisis ha impactado en las así llamadas “ayudas” estadounidenses, como también lo es que la prioridad impuesta por los Estados Unidos para acotar la inserción de dinero no respaldado en la generación de riqueza real en el circuito financiero mundial.
El recorte es directamente proporcional a la valoración estadounidense sobre el éxito o fracaso de lo hecho por el gobierno mexicano. Un recorte de 140 mdd equivale a más de la tercera parte de lo que solía darse. Con independencia de discursos oficiales y verborreas diplomáticas, el mensaje no verbalizado es claro: lo hecho por el gobierno mexicano es punto menos que inútil. Pese al al sacrificio civil.

Así, apologías y exégesis gubernamentales forjadoras de autoconvenciminetos son, en realidad, disociaciones esquizofrénicas.