Política

Pobreza, economía y fe

agosto 31, 2009
La organización cristiana de asistencia Cáritas con más de cien años de trayectoria ha señalado que en su comedor de Xalapa la asistencia de comensales se ha incrementado 40 por ciento. Y del mismo modo acusa el aumento de demanda en hospedaje, farmacia y despensa. La Iglesia católica atribuye el fenómeno a la degradación de la situación económica. Lo dice con base en un indicador local absoluto: de 80 comensales que solían acudir ahora asisten 120 diariamente.

Hace poco más de un mes, la Secretaría de Desarrollo Social reconoció que en los dos primeros años de gobierno de Felipe Calderón, seis millones de personas se sumaron a la condición de pobreza extrema. De 13 millones de mexicanos que no podían adquirir una canasta básica en 2006, ahora son 18 millones.

No se exagera al decir que los parámetros que describen y acotan la administración de Calderón son mayor pobreza e inequidad social, empleos precarios, competitividad marginal, nulo crecimiento.

Cuando hasta ex funcionarios del Banco Mundial han dejado clara la crítica al modelo neoliberal, como el Premio Nóbel de Economía, Joseph Stiglitz, el panista dogmático, en macabro abrazo se rehúsa a abandonar sus lineamientos y recetarios.

Lo importante del dato sobre el aumento de la pobreza no radica en lo dramático de sus números, sino a que, y esto es lo más grave, ocurrió antes de que en México se acusaran los efectos de la recesión mundial, que sucedieron en el último trimestre de 2008.

Los números del aumento millonario de pobres estan basados en cifras recabadas a mediados de 2008. Habría que sumar a esos seis millones de dramas los adicionales arrojados por la recesión. Al ritmo actual, para el próximo año habrá 23 o 24 por ciento más de pobres en el país.

No es casual pues que tan desalentador panorama lo haya divulgado el gobierno después de los comicios de julio.

En este escenario catastrofista es la crisis mundial alimentaria, que tuvo lugar en 2006 y 2007, lo que explica el agudizamiento del fenómeno. Y esto fue posible porque el gobierno optó por el dogma y no por proteger los ingresos de la población.

Si los alimentos suben desmesuradamente, o bien se suben los salarios en forma compensatoria, o bien se controlan los precios a rajatabla o con subsidios. Ninguna de las dos cosas hizo el obeso gobierno de Felipe Calderón. Por el contrario, los salarios subieron sólo 3.4 por ciento.

Son como el plomero que es llamado a reparar un televisor. Enfrentado al aparato electrónico, el plomero ve sus herramientas, ve al televisor, voltea de nueva cuenta a su caja de utensilios, la toma y sale de la casa diciendo que la televisión no existe.

No importa lo que en la realidad suceda, los señores tiene fe en sus creencias y doctrinas económicas.