Política

Polémica por la bursatilización

agosto 29, 2009
Analistas de corredurías de bolsa y financieras reconocidas como J. P. Morgan y Standard & Poors han visto que la mayor parte de los activos bursatilizables en México son, y han sido desde hace varios años, flujos futuros de capital o cuentas por cobrar por exportaciones. De hecho, reconocen en México al primer país en el mundo en introducir la tecnología de bursatilización de futuros.

El dato es interesante porque sugiere que no es un recurso en absoluto novedoso. Más aún, tales empresas del mundo financiero ubican la primera bursatilización mexicana de futuros allá por 1987, cuando prácticamente no había antecedentes.

En 1994, Aeroméxico bursatilizó sus cuentas por cobrar por venta de boletos.
Siempre con base en la misma fuente, en 1997 hubo una oferta estructurada de mil 200 millones de dólares en flujos futuros. Para marzo de 1998, el Grupo Minero México bursatilizó 500 millones de dólares garantizados por las cuentas por cobrar de sus exportaciones.

La primera transacción de este tipo públicamente ofertada en México fue hacia finales de 1998, cuando el grupo Elektra SA emitió valores respaldados por sus cuentas por cobrar por unos 350 millones de pesos.

Para 2001 el volumen de bursatilización en México había crecido 290 por ciento. Los servicios de calificacion financiera Fitch IBCA evaluaron las transacciones de bursatilización mexicanas con AAA, la mejor calificación posible. Hace un par de años, en una conferencia sobre manejo y administración de bursatilizaciones patrocinado por Standart & Poors, varios panelistas coincidieron en que la tendencia hacia la bursatilización en México no era ni remotamente pasajera.

Las bursatilizaciones han servido, por ejemplo, para cubrir imperativos sociales y económicos. Verbigracia, la bursatilización de los créditos hipotecarios para vivienda, que permiten a los emisores la contratación de nuevos préstamos hipotecarios para viviendas económicas, a la vez que se abaten costos de financiameinto, lo que al final beneficia a los acreditados para tales acciones.

Dicho de otro modo, bursatilizar es convertir activos futuros en recursos frescos en el presente.

Es deuda, en efecto, porque se pagarán a futuro con dinero que aún está por recibirse. La diferencia está en que es una forma de financiamiento que nada tiene que ver con las formas tradicionales bancarias cuyas tasas de interés son prohibitivas.

De hecho, hace apenas un par de semanas que el secretario de Hacienda, Agustín Carstens, se reunió con gobernadores en las instalaciones de Nafinsa y les dijo que el único camino para reponer los recursos perdidos por los inmisericordes recortes presupuestales es la bursatilización de las participaciones federales.

No es algo reciente en términos del gobierno federal. En abril de 2008, el doctor Carstens decía que una forma en la que la política económica instrumentada por él coadyuva al cumplimiento de la política social es a través de la maximización de los beneficios derivados de los activos del gobierno. Para demostrar su dicho, el secretario Carstens ponía el ejemplo del Fondo Nacional de Infraestructura que “mediante la adecuada administración y bursatilización de activos propiedad del gobierno (...) generará un gran fondo para la inversión en obras de infraestructura”.

Sí, es una cuestión polémica la bursatilización, como se comprobó ayer durante la sesión de la legislatura local en la que se autorizó la colocación en la bolsa de valores de seis mil 800 millones de pesos, sin embargo, en el marco de la severa escasez de recursos económicos, la virtual paralización de la obra pública y la amenaza real de que la actividad productiva colapse, verdaderamente hay pocos espacios para financiar el desarrollo que no sea el aumento a los impuestos. Lo que sí debe observarse en cuanto al destino de los recursos obtenidos es verificar puntualmente su aplicación en inversión social, de lo contrario, el esfuerzo será en vano y sus resultados a mediano plazo no se traducirán en beneficio para la sociedad.