Política

El crimen del agua

agosto 29, 2009
El profesor de la primaria nos guía para pintar las etapas del ciclo del agua. En el primer cuadro, el Sol transforma hidrógeno en helio, produce tal energía que a pesar de la enorme distancia que lo separa de la Tierra, logra evaporar el agua del mar, el agua del Golfo de México, el agua de las costas de Veracruz.

El agua en forma de vapor sube a la troposfera y forma cientos de nubes blancas. El viento del Este las transporta suavemente, sin ruido. Atraviesan el llano y las primeras lomas, los primeros cerros, hasta detenerse en la muralla formada por la Sierra Madre Oriental y el Citlaltépetl, gigante imponente del eje montañoso mexicano.

Para las once de la mañana el volcán desde el llano no ofrece a la vista más que una reunión masiva de nubes y, llegando en las alturas la fría noche, ya no vemos montaña alguna. Será hasta el nuevo amanecer, poco después del lucero de la mañana, cuando con los primeros rayos del Sol podamos ver brillar abundante la nieve en el cuerpo del volcán, nieve que se fundirá durante el resto del día descendiendo fría y cristalina para formar ríos y manantiales de gran pureza. ¡Qué maravilla!

Sin costo alguno, sin esfuerzo humano, la naturaleza, pródiga, produce día a día el agua pura necesaria para nuestros campos, para nuestros alimentos, para nuestra sed y para la vida de todo organismo de estos magníficos valles veracruzanos que van de la sierra a la costa. Así se vivió en estos valles por los siglos de los siglos.

De repente llegó el inversionista, el industrial, el “generador de empleos”, el fabricante de bienes y mercancías, el capitalista, con el criterio de obtener utilidad monetaria a su inversión. La fábrica necesita agua y nadie se la niega, la toma del manantial, y de los primeros cauces que descienden de la montaña, la usa en sus procesos y la devuelve a su cauce, sólo que ahora no la regresa pura y limpia, sino mezclada con nocivos desechos de su proceso industrial. Nadie se opone a que el industrial se beneficie, está bien, lo que está mal, lo que se opone a la justicia, a la razón y la salud de todos los habitantes de estos valles, es que la devuelva contaminada y no apta para el consumo humano. El capitalista se beneficia, pero todos los habitantes, todas las demás personas, ya no pueden beber ni usar agua envenenada.

Entre los que sufren más la situación son los más pobres, el alimento tradicional de los más pobres y desamparados es el pescado. Pues resultado de lo anterior es que los pescadores tampoco pueden ahora trabajar, han migrado y cambiado de oficio. En los ríos y lagunas ya no viven los peces, han muerto por los miles de productos tóxicos que la industria arroja sin control alguno y bajo la protección de los gobiernos en turno. Si alguna comunidad se atreve a defender sus manantiales o a exigir que no le contaminen el arroyo que pasa por su pueblo y campos, son reprimidos y apaleados, y la industria no es molestada, si acaso regañada en público y premiada en secreto.

Agrava la situación que en el discurso, que no en los hechos, se propaga que las leyes protegen la pureza y calidad el agua, que castigan la contaminación, pero no se propaga que todas estas buenas leyes en la práctica son letra muerta. Se crean decenas de organismos públicos que cuidan el ambiente y el agua, existen conaguas, saneamietos, firiboes, forestaloes y cosas así, pero no sirven, la situación se agrava día con día.

La insuficiencia renal hace estragos en la población, los arroyos son ahora drenajes infectados de ratas, nadie se atreve a beber el agua de la llave. Lo que nadie soñó hace pocos años es ahora realidad, un vaso de agua, una pequeña botella de agua para beber, que nos dicen apta, cuesta de cinco a diez pesos mexicanos. Los dichos dejan de perdurar, están muriendo también, será cierto aun aquello de que “A nadie se le niega un vaso de agua”.

¿Será cierto que no existen líderes sociales que no sean verbo, sino que tengan imaginación para remediar el grave problema del agua?