Política

La viabilidad de las izquierdas mexicanas

agosto 28, 2009
Hace unos días tuve una larga plática informal, casi una entrevista, con José Antonio Rueda Márquez, dirigente histórico del PRD, con una larga y destacada trayectoria en los diferentes momentos por los que ha pasado la izquierda en México (PCM, FDN, PSUM), cuando menos de 30 años para acá.

Rueda Márquez, actualmente encabeza una corriente interna dentro del PRD, la REDIR, Red de Izquierda Revolucionaria, con fuerte presencia en algunas entidades de la República, entre ellos el difícil estado de Guerrero. A la REDIR se le identifica con el grupo de Izquierda Unida, entre cuyos líderes está Alejandro Encinas, el futuro líder de la bancada perredista en San Lázaro de la entrante LXI Legislatura. José Antonio conoce muy bien la entraña, los bajos fondos del PRD, conoce a los distintos miembros y corrientes dentro de su partido y le ha tocado desempeñar diferentes cargos tanto en el CEN, así como integrar diversas comisiones en buena parte de los estados de la república, fungiendo como apagafuegos del CEN perredista en regiones en donde ha habido enfrentamientos entre las diferentes tribus o grupos.

El tema de la conversación obviamente versó sobre el PRD, sobre su devenir histórico (fundamentalmente desde la elecciones del 2 de julio de 2006 y la federal intermedia del pasado 5 de julio) y el futuro del partido del sol azteca (¿es un partido viable?), y de lo que requiere hacer para recomponer el rumbo y rehacerse para seguir siendo una opción electoral válida, de auténtica izquierda, sobre todo ante el reconstituido PRI y ante el alicaído PAN.

Pedí a Rueda una lectura honesta, sin concesiones y sin contemplaciones de la situación por la que atraviesa el PRD, pedimento para el que reafirmó su convicción de que en “el PRD no se pueden seguir engañando, que es éste el mejor momento para la autocrítica, para hacer un diagnóstico que nos permita recuperar el terreno perdido y lograr una restructuración de fondo para acabar con los viejos vicios de la izquierda mexicana”.

En ese entendido platicamos largamente. Para abrir boca deja claro que en la pasada elección del 5 de julio, “el PRD sufrió la peor derrota electoral desde su fundación”, y agrega: “Mira, lo peor de todo es que la derrota fue de la izquierda en su conjunto, nosotros obtuvimos el 12.19 por ciento el PT el 3.65 y Convergencia el 2.46, es decir, entre todos no logramos ni el 19 por ciento, que si lo comparamos con el 35 por ciento que obtuvimos en 2006, pues perdimos más de 16 puntos porcentuales, quedamos muy lejos de lo que logró el PRI por sí sólo”.

Es un convencido, por el contrario, de que se ganó la elección presidencial de 2006 y de que Felipe Calderón es un presidente ilegítimo. Le expuse que en lo personal estaba seguro de que con todo lo que pudo haber pasado en ese año electoral, a mi juicio habían costado muy caros los errores de AMLO y la actitud poco reflexiva y racional que le impidieron leer el momento y recomponer la estrategia política y electoral que le hubieran permitido obtener el triunfo en esa elección, como rechazar el debate con sus adversarios, su persistencia a dar entrevistas a los empresarios y “el cállate chachalaca”…

Se hizo un repaso exhaustivo de la vida del PRD, de los factores internos y externos que moldean su vida interna, en concreto se refirió a los primeros para tratar de explicar un poco la debacle electoral de su partido -a la que le otorga el calificativo de bancarrota de la izquierda-, para lo que considera que en esto ha tenido mucho que ver “la gran incapacidad de los liderazgos para procesar adecuadamente sus diferencias en la conducción partidaria”. Esto explica, según él, el por qué de la fuerza de las corrientes internas cuando dice que “somos un partido con una débil o nula institucionalidad interna, lo que se traduce en una falta de apego a la legalidad, los estatutos solo se aplican a los militantes que no cuentan con protección de alguna facción influyente”, a lo que agrega: “los órganos de gobierno son facciosos y corruptos, las instancias de control estatutario están al servicio de la facción que los puso. En los hechos carecen de autonomía y autoridad”. Dura realidad, diría yo.

Otro punto importante en la conversación fueron los gobernantes que han surgido del PRD, en donde muchos de ellos no son auténticos militantes que comulguen con la ideología de izquierda, que a leguas se ve que no conocen la ideología del partido y carecen de una formación y tradición social que no es lo mismo una Amalia en Zacatecas que Torreblanca en Guerrero, Leonel Godoy en Michoacán, Sabines en Chiapas o el desastroso desempeño de Salgado Macedonio como presidente municipal de Acapulco: “Es cierto, dejamos mucho que desear en el ejercicio de gobierno. Estos se desarrollan de manera pragmática, de acuerdo con el sentir de cada gobernante, ya se gobernador o presidente municipal, la mayoría de las veces sin importar los principios o las orientaciones partidistas. Cada gobernante asume frente a otros poderes y frente al Ejecutivo Federal, una conducta que cree que le puede favorecer en particular, al margen de cualquier otra consideración o militancia”.
Está convencido de que el PRD necesita recuperar ciertos valores que lo diferenciaban de los otros partidos y replantear su lucha partidista, para lo cual se refirió, concretamente, al caso del trabajo electoral: “La lucha electoral se ha desarrollado dándole mayor énfasis al impacto propagandístico más superficial, campañas sin contenido, candidatos sin compromiso, clientelismo político ganado con dádivas sin ninguna convicción, hemos copiado el modelo de nuestros adversarios”, le inquirí que eso estaba bien, pero que partido que no “opera” hoy en día no gana, a lo que agregó: “Se tiene que trabajar en varias pistas, pero se debe priorizar la tradición de la izquierda democrática, poner énfasis en la coincidencia ideológica, la educación a través de la participación y campañas austeras vinculadas más estrechamente con la sociedad.

Se tocaron todos los temas posibles, pero finalmente me referí al tema del PRD en los estados, de su presencia casi nula y de la pérdida de espacios, tal como ha sucedido en Veracruz, en donde han parece que caminan para atrás: “Es cierto, nuestra conducción partidaria en la mayoría de los estados no es apta para la lucha electoral exitosa, nuestros dirigentes no siempre son los más capaces y experimentados, por el contrario, son producto de componendas burocráticas en las que interviene, incluso, el gobernante opositor, casi siempre priísta”. Sin palabras.

El panorama descrito por Rueda no es en nada halagüeño ni alentador. Hay muchas asignaturas pendientes, pero sin embargo se debe ver bien que, por lo menos, en un dirigente como Rueda exista la percepción real del cuadro crítico que enfrenta el PRD. México requiere de un partido que haga valer, como lo dice bien Rueda, esa gran tradición de la izquierda democrática y social de la que participaron gente como el Ingeniero Castillo, Valentín Campa, el mismo Ingeniero Cárdenas, Arnaldo Córdova y otros muchos dirigentes sociales que dieron un cariz auténtico a una fuerza que tuvo muchos adeptos, entre otros, a los jóvenes universitarios y gran parte de la intelectualidad de este país.

Relevos australianos. Será cierto que ya empezaron a disciplinar a los simpatizantes de Héctor.