Política

Sentido del timing

julio 25, 2009
La súbita pero no inesperada alocución del todavía priísta Héctor Yunes Landa en plena legislatura al proclamar su deseo de participar en la sucesión gubernamental veracruzana, con lo que atacó directamente la premisa que estableció el gobernador Fidel Herrera en el sentido de que el futuro candidato de su partido, invariablemente, tendría que ser un joven, abrió un frente difícil de destrabar para el de Nopaltepec, pues lo puso en un predicamento bastante complejo: el de enfrentarlo a la vieja clase política priísta.

Si bien la posición de Héctor en principio fue afortunada porque su proclama es de lógica argumentativa irrebatible, aunque políticamente incorrecta en términos de los usos y costumbres del PRI, consiguió, sin proponérselo, un rápido posicionamiento debido a que tanto el viejo priísmo como la llamada generación de la fidelidad hicieron mutis en abordar un embrollado tema al que todos prefieren sacarle la vuelta.

Victimizado y supuestamente perseguido desde el centro del poder en la entidad, Yunes Landa, sea cual sea su proyecto final –presionar al partido para negociar alguna posición, abrir el ostión de la fidelidad para disputar hasta el final desde dentro del tricolor una candidatura bastante improbable, o de plano, preparar el terreno para una eventual ruptura en el PRI estatal acompañado de desempleados, excluidos y por supuesto, de la mano del primo panista– sacó rápida ventaja y comenzó una promoción personal desde el membrete llamado Alianza Generacional en el que concurren embozados además, otros supuestos aliados de Herrera Beltrán.

El asunto es que sin abrir un frente directo contra el dirigente real del Revolucionario Institucional y actuando dentro de los cánones priístas de la vieja guardia, Yunes Landa cogió desprevenidos a los jóvenes fidelistas que no supieron actuar acertadamente frente al primer escenario imprevisto y con alta probabilidad de convertirse en un serio conflicto electoral.

Había logrado cuestionar la parte central del discurso con el que el PRI planea enfrentar la elección del 2010 y, si bien, el diputado por Actopan eludió convenientemente confrontarse con quien parece ser la apuesta del tricolor, adelantó el tema de la sucesión desde una posición fuera del control formal de su partido y estableció el tema del conflicto entre viejos y jóvenes como el centro del debate sucesorio.

Por supuesto que con esta discusión quedaron fuera de la agenda prelectoral priísta otros temas mucho más relevantes para la ciudadanía, como el combate al desempleo, la pobreza, la inseguridad o cómo hacerle frente a los recortes federales; el hecho es que emparejó, innecesariamente, a este organismo electoral en una crisis similar a la que viven tanto el PAN, tras haber perdido la gran mayoría de diputaciones federales, como el PRD y su eterna disputa interna por la dirigencia estatal.

Pero en el transcurso de esta semana, el secretario de Protección Civil, Ranulfo Márquez Hernández, otro de los priístas que se menciona como probable aspirante a la candidatura gubernamental pero que no es considerado dentro de la juventud fidelista, declaró –quien sabe si con permiso o no de su jefe– que no se descartaba de la posibilidad de participar en el juego interno tricolor, sin embargo, esperaría conocer los términos de la convocatoria; consideró respetable la decisión de Yunes Landa pero reiteró que lo importante para su partido no esta en el falso debate de poner a pelear a jóvenes contra viejos, sino en establecer como premisa lo que en verdad importa a los veracruzanos: el combate a la pobreza.

Como sea, y conociendo el sentido del timing del de Nopaltepec, el caso es que lo que había sido la carta fuerte de Héctor –la desaveniencia generacional– y su mejor argumento para sentar las bases de la siguiente a fase de su estrategia –la manera antidemocrática y vertical con que se tomará la decisión por la candidatura gubernamental– estaría pasando a un segundo plano y entonces el tricolor, en teoría estaría actuando en consecuencia como partido preocupado por los temas que afectan a los veracruzanos y no sólo los de una clase política.


Oficio de cínicos

Los cambios o enroques que se darán mañana domingo en el primer nivel del gabinete fidelista representan el preludio de cómo Herrera espera enfrentar las cosas y también delinearán el perfil del gabinete con el que piensa bajar la cortina, decisión que puede tener grandes alcances, pero también grandes riesgos.