El flujo migratorio a EU, un acertijo

A pesar que en la entidad confluyen complejas tipologías migratorias, sus instituciones carecen de un diagnóstico migratorio que permita precisar el número de veracruzanos indocumentados que laboran en los Estados Unidos, así como en los campos agrícolas de Sinaloa y Baja California Norte y cuántas familias han retornado y sus necesidades, señaló Carlos Garrido de la Calleja, investigador de la Universidad Veracruzana, quien refirió que ante la falta de una política migratoria integral se coloca al estado de Veracruz en una situación crítica en los temas de migración fronteriza, internacional.

Entrevistado en el Instituto de Investigaciones Histórico-Sociales (IIH-S) de la Universidad Veracruzana, el coordinador de la Red Articuladora de Estudios Migratorios de la UV sostuvo que en el caso que la entidad continúe sin política de atención a los migrantes Veracruz experimentará tres tendencias contextuales que van en detrimento del actual discurso de inclusión y oportunidades para todos los veracruzanos y no veracruzanos.

La primera tendencia es que Veracruz continuará posicionado en la esfera nacional e internacional como un estado donde el tema migratorio no es trascendental en la agenda del gobierno estatal, lo cual se refleja en la ausencia de una política migratoria integral y una Comisión Migratoria Legislativa en su Congreso local.

La segunda tendencia, dijo el investigador, es que se carecerá de un liderazgo institucional que convoque al trabajo corresponsable y concurrente de los tres poderes de gobierno para diseñar acciones que permitan legislar, recomendar, crear puntos de acuerdo, dictámenes o resoluciones en el tema migratorio.

Garrido de la Calleja señaló que la tercera tendencia será carecer de mecanismos democráticos que incorporen el hacer, pensar y sentir de la población y diversos organismos en la construcción de una agenda pública en el tema migratorio.

Lo anterior porque en el estado no hay un diagnóstico que permita conocer el número de migrantes, qué pasa con ellos, se ignora también el número de familias que han retornado y necesidades o, en su caso, orientar para invertir sus remesas en proyectos productivos.

A tal carencia de información, se suma el desconocimiento institucional de los principales municipios por donde cruzan, se alojan o permanecen migrantes centroamericanos, así como sus necesidades o impactos de diversa índole.

Además la ausencia de un diagnóstico de salud que indique el estado físico, psicológico y nutricional de los migrantes que vuelven. Esto se refleja en la proliferación de enfermedades de transmisión sexual en zonas indígenas, como en el caso de la sierra de Santa Marta y Tatahuicapan, donde la capacidad de atención médica ha sido rebasada por el aumento de estos padecimientos.