Tres cambios climáticos en Veracruz-BR

Lugar común pero inevitable: el mayor cambio en la conurbación Veracruz-Boca del Río y anexas es el del clima social a raíz de la violencia desatada. Ante un cadáver Manuel Acuña exclamó: ¡Miseria y nada más!, dirán al verte/los que creen que el imperio de la vida/acaba donde empieza el de la muerte… ¿Qué decir ante más de 80 sumados en tres semanas?

El otro, ya se sabe, es el cambio del clima planetario: gases de efecto invernadero –poliatómicos– como el bióxido de carbono que desde la revolución industrial se ha incrementado en 25 por ciento en la atmósfera y que cada vez retienen más energía calorífica –originada en el Sol pero re-emitida por la superficie de la Tierra–, provocando el calentamiento y por ende el cambio climático global. En el siglo pasado el planeta se calentó entre medio y un grado centígrado y para el resto del presente se esperan entre dos y cinco grados.

Pero otro cambio climático del que se habla poco es el generado por las urbes. Consiste en una serie de mecanismos todavía no del todo claros pero que se conocen desde hace siglos. Una ciudad por arriba de los 100 mil habitantes, rodeada de un ambiente más o menos vegetado, tendrá una atmósfera menos transparente, una ventilación más turbulenta, un ligero aumento en las lluvias y noches más cálidas. Este último fenómeno es la “isla urbana de calor”, aunque en conurbaciones extendidas no es una isla sino un archipiélago.

Las islas aparecen cuando en las noches cesa el viento y no llueve. En la ciudad de México, por ejemplo, se han observado hasta 10°C de diferencia entre el centro y la periferia; en ciudades medias pueden esperarse de 2 a 3°C durante algunas horas. Para Veracruz-BR se han hecho otras estimaciones más simples, pero contundentes. En la década de los 30 menos de 200 veces se superaron los 32°C, mientras que a lo largo del primer decenio de este siglo se rebasó esa cuota en más de mil ocasiones. De 1930 a 1990 los 34°C se alcanzaron unas cuantas veces, pero en la última década del siglo pasado llegó a 70 y en la primera de esta centuria acumuló 150.

Desde luego es de esperar consecuencias en los consumos de energía y en la salud humana: irritabilidad, agravamiento de cardiacos e hipertensos, infecciones gastrointestinales, estados de ansiedad, baja en la productividad.

Otra consecuencia más clara de las alteraciones climáticas por la urbanización es el incremento de riesgos por hidrometeoros. La pavimentación extensiva propicia escurrimientos o encharcamientos rápidos pues impide la infiltración. Además, la urbanización desmedida coloca a grupos sociales en pantanos y antiguos lechos de ríos; es decir, a sabiendas de que son vulnerables los ubica, junto con sus bienes, en el blanco de las amenazas; los pone a vivir a mitad del riesgo.

Cada vez son más abundantes los trabajos científicos sobre cambio climático enfocados a las ciudades no sólo porque éstas representan modificaciones al clima de mayores magnitudes que las de orden global, sino porque desde hace un lustro más de la población mundial es urbana. Pero también por una cuestión de orden práctico, pues tener a la población concentrada permitiría adoptar medidas ante el cambio climático global de manera más coordinada, aunque no es el caso de Veracruz-BR y alrededores.

Asentamientos que durante siglos estuvieron aislados o apenas conectados por caminos vecinales o carreteras famélicas, se conurbaron en menos de dos decenios. Se poblaron dunas, humedales, vegas y hasta manglares y en 2010 un huracán de magnitud no despreciable, como Karl, fue una llamada de atención. En los escenarios que plantean los científicos a una o dos décadas, los huracanes intensos serán más frecuentes; lo excepcional de Karl cada vez lo será menos.

No obstante, el desarrollo inmobiliario a orillas de la laguna de San Julián sigue aunque inevitablemente tendrá el destino del Floresta o del fraccionamiento de Puente Moreno. La eventual construcción sobre Tembladeras es un caso de aberración y complicidad. ¿Cómo hizo una empresa como Soriana para derogar un decreto de área natural protegida? Quizás lo sepa la diputada local Ainara Rementería Coello, presidenta de la comisión de medio ambiente, y por eso casi lloró frente a la prensa (La Jornada Veracruz, 6/10/2011), ya que de haber develado el secreto le habrían jalado las orejas.

Nadie asume la responsabilidad de explicar el porqué de la anulación del decreto, cuando la restitución del clima social de tranquilidad y confianza tras tanto cadáver tendría que pasar por la claridad, la transparencia y el alto sentido social de todos, en particular de los gobernantes y empresarios que en principio construyen para el futuro de los veracruzanos. Pero eso es como pedirle cocos a los tamarindos, para decirlo con una metáfora tropical.

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