VERACRUZ, UN PARAÍSO DE LA BIODIVERSIDAD DESPERDICIADO, ¿VENDRÁN TIEMPOS MEJORES?

Foto Eduardo Mendoza- CIECO-UNAM

Veracruz de Ignacio de la Llave, como pocos estados de la República Mexicana, ejemplifica la gran riqueza cultural y biológica que distingue a nuestro país y, al mismo tiempo, muestra su disparejo desarrollo social y económico. Desde el punto de vista biológico, Veracruz destaca como el estado del país donde se ha registrado una mayor variedad de especies de plantas (5 mil 472), de artrópodos (grupo que incluye animales como los cangrejos, arañas e insectos) con 6 mil 272 y, de manera combinada, de peces, anfibios, reptiles y mamíferos (mil 361). De esta manera, el aporte que Veracruz hace a la biodiversidad de nuestro país va desde 11 por ciento, en el caso de los artrópodos, hasta 57 por ciento en el caso de las aves. La gran riqueza biológica que distingue al estado es aún más notable cuando se toma en consideración que la superficie de Veracruz (71 mil 823 kilómetros cuadrados) equivale a tan sólo 3.7 por ciento de la extensión total de país.

Algunos factores que influyen para explicar la gran biodiversidad del estado son: 1) su forma alargada que se extiende por más de 700 kilómetros y que le permite abarcar una gran variedad de climas; 2) la complejidad del relieve que va desde sitios a nivel del mar hasta la cima del Pico de Orizaba, el más alto de nuestro país, con 5 mil 610 metros de altura; y 3) su posición geográfica que ubica al estado como el límite de distribución norteña, en todo el continente americano, de la selva húmeda, un ecosistema terrestre de enorme biodiversidad.

Desde el punto de vista cultural, Veracruz también destaca por su gran riqueza. Este estado fue cuna del florecimiento de importantes culturas prehispánicas, incluyendo la olmeca, totonaca, tolteca, otomí y huasteca. Esta diversidad cultural se ve reflejada en el hecho que Veracruz es, en la actualidad, el cuarto estado del país donde más lenguas se hablan sólo detrás de estados como Oaxaca, Puebla y Chiapas.

Uno esperaría que en un estado tan rico biológica y culturalmente como Veracruz la población gozara de un nivel de bienestar social y económico relativamente bueno. Sin embargo, la realidad es que si se analiza desde distintos puntos de vista, resulta claro que el nivel de vida de la gente de Veracruz deja mucho que desear. Por ejemplo, Veracruz es el tercer estado del país con un mayor número de personas que no saben leer y escribir (13 por ciento de su población). Asimismo, sólo el estado de México tiene un número mayor de habitantes que Veracruz con un ingreso menor al necesario para cubrir sus necesidades básicas de alimentación. Finalmente, Veracruz es el estado con mayor número de casos registrados de sida (3 mil 499) sólo detrás del Distrito Federal. En resumen, es claro que en Veracruz existe un grave rezago económico, social, educativo y de salud.

Cabe preguntarse por qué razón el rico entorno biológico y cultural del estado no ha propiciado que sus habitantes alcancen un nivel de vida aceptable. Hay varias razones que podrían explicar esto. Sin embargo, una de las posibilidades es que la biodiversidad (y los recursos que ésta ofrece) no hubieran sido utilizados. De ser cierta, esta posibilidad abriría un panorama alentador porque significaría la existencia de una amplia variedad de oportunidades para plantear formas de hacer uso de la biodiversidad para beneficio de la población local buscando al mismo tiempo vías para favorecer su conservación.

Desgraciadamente este no es el caso. Grandes extensiones de bosques, selvas y manglares se han perdido en el estado para ser convertidas en potreros para ganadería extensiva y agricultura de monocultivos. Ejemplo de esto es que los pastizales ganaderos ocupan actualmente más de 32 mil kilómetros cuadrados, casi 45 por ciento de la extensión de Veracruz. Este tipo de actividades reducen drásticamente la biodiversidad y afectan los servicios que los ecosistemas aportan a la sociedad.

Un ejemplo que permite mostrar de manera especialmente clara la drástica transformación que han tenido los ecosistemas naturales y su biodiversidad en Veracruz, es el caso de la región de Los Tuxtlas. Esta región se caracteriza por la existencia de una selva húmeda tropical muy diversa que es la más norteña en el continente americano. Durante la segunda mitad del siglo pasado la deforestación y la expansión de terrenos agropecuarios redujo la cobertura de la selva en esta región a menos de 50 por ciento de lo que existía en 1967. El impacto socioecológico de tal reducción es incalculable.

En la selva de Los Tuxtlas existe una enorme variedad de plantas que incluye más de 200 especies de árboles y cientos de especies de palmas, arbustos, lianas, orquídeas, helechos y plantas herbáceas. Muchas de estas especies tienen valor como plantas maderables, medicinales, alimenticias, ornato, de construcción, y proveedoras de fibras, entre otras cosas. Por otra parte, en esta selva solía habitar una fauna fascinante que incluía al jaguar y al tapir, especies de mamíferos actualmente amenazadas o en peligro de extinción, dos especies de jabalíes, o los monos aulladores y araña, los venados cola blanca y temazate, y al tepezcuintle, una especie de roedor que puede pesar más de 10 kilos. Actualmente es sumamente difícil observar a la mayoría de estos animales y muy probablemente las futuras generaciones de los habitantes de la región ya no tengan la oportunidad de admirar a estos animales en sus ambientes naturales. Asimismo, es muy probable que se haya perdido la oportunidad de usar sustentablemente a alguno de estos animales como fuente de alimento y otros materiales.

El trabajo de investigación que se ha llevado a cabo en la Estación de Biología Tropical “Los Tuxtlas” de la Universidad Nacional Autónoma de México permite tener una visión muy detallada sobre las consecuencias que la desaparición de los animales (mamíferos grandes y medianos) tienen sobre la selva. Muchos de estos animales se alimentan de grandes cantidades de frutos y semillas. Debido a esto, cuando estos animales desaparecen de la selva por el exceso de caza o por la perturbación de su hábitat, se abre la oportunidad de que las frutas y semillas de las que normalmente se alimentarían se establezcan y se desarrollen como plantas. Esto causa que plantas que normalmente son poco comunes en selvas donde los animales están presentes se vuelvan muy abundantes cuando éstos están ausentes. Un caso notable en este sentido es el de la palma conocida localmente como “chocho” (Astrocayum mexicanum). Los chochos son palmas pequeñas (miden entre 6 y 7 metros de altura) pero que pueden vivir más de 120 años. Durante los últimos 35 años, esta palma ha ido alcanzando una abundancia cada vez mayor a expensas de reducir el espacio disponible para árboles jóvenes de otras especies.

Entre las causas de este aumento está la desaparición de animales como los jabalíes que consumían los tallos y frutos de estas palmas. Este tipo de fenómenos tiene el potencial de modificar notablemente las características de la selva al largo plazo. El fuerte impacto humano sufrido por la selva de Los Tuxtlas durante las últimas décadas es ilustrativo de una situación que es común para otras regiones a lo largo de todo el estado, por ejemplo, la región del Uxpanapa.

Dado el escenario recién descrito en el que se combina una grave afectación de la biodiversidad con un pobre desarrollo de la población en aspectos sociales, económicos educativos y de salud cabe preguntarse ¿cuáles son las perspectivas que existen para mitigar la pérdida de biodiversidad en Veracruz y desarrollar formas de manejo y aprovechamiento no degradantes de los ecosistemas? Nuestra posición al respecto es enfatizar el importante papel que juega la investigación que instituciones como la Universidad Nacional Autónoma de México, la Universidad Veracruzana y el Instituto de Ecología AC realizan en la región. La información generada por estas instituciones académicas es fundamental para contar con bases sólidas para proponer estrategias de restauración, manejo y aprovechamiento sustentable. Sin embargo, igualmente fundamental es la voluntad y una coordinación más efectiva que permita el trabajo colectivo, interdisciplinario y participativo entre los actores involucrados (sociedad civil, productores, empresarios, académicos, políticos, tomadores de decisiones) para definir nuevos derroteros hacia la sustentabilidad y el combate de los graves rezagos existentes en el estado.

Centro de Investigaciones en Ecosistemas, Universidad Nacional Autónoma de México, campus Morelia