La educación ambiental en el Plan Nacional de Desarrollo 2013-2018

Edgar J. González Gaudiano | miércoles, junio 05, 2013

Como ya he comentado en una entrega anterior, el conjunto de la política ambiental se encuentra subsumida en el eje México próspero, que refiere básicamente a los objetivos económicos con un enfoque que, según el PND 2013-2018, se propone generar un crecimiento económico sustentable e incluyente para propiciar un desarrollo integral y equilibrado de todos los mexicanos. Se reconoce en el Plan que el costo económico del agotamiento y la degradación ambiental en México en 2011 representó 6.9% del PIB, de acuerdo con datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI). Mucho más que todo lo que el gobierno gastó en educación, ciencia y tecnología en ese mismo año.

Pese a la gravedad de esos datos, el peso concedido a la política ambiental en el Plan es bastante precario y se concentra en cuatro tópicos generales principales: incentivos económicos ambientales, agua, cambio climático y patrimonio natural. En algún momento podremos abordar con más detalle cada uno de ellos y comentar también sobre lo que fue excluido, pero en esta ocasión y por lealtad a mi propio campo quiero referirme a la educación ambiental.

En la Estrategia 4.4.3. “Fortalecer la política nacional de cambio climático y cuidado al medio ambiente para transitar hacia una economía competitiva, sustentable, resiliente y de bajo carbono”, se encuentra la única mención a la educación ambiental en todo el documento en la forma de una de sus líneas de acción: “Continuar con la incorporación de criterios de sustentabilidad y educación ambiental en el Sistema Educativo Nacional, y fortalecer la formación ambiental en sectores estratégicos”.

Efectivamente, es importante darle continuidad a una colaboración entre el sector ambiental y el educativo con este fin, que se prolonga ya por dos décadas y que ha permitido fortalecer el Sistema Educativo Nacional en esta materia, sobre todo en el nivel básico.

Sin embargo, es fundamental hacerlo también porque hay muchos asuntos pendientes de dicha colaboración que requieren de ser atendidos, particularmente aquellos que tienen que ver con la formación y actualización de maestros. La incorporación de la dimensión ambiental en los distintos niveles y modalidades del Sistema Educativo Nacional se limitó, en su mayor parte, a reforzar los planes y programas de estudio, así como algunos materiales didácticos.

Tal logro no es menor, pero se restringe considerablemente si quienes han de operar estos instrumentos de planeación y programación no están suficientemente preparados para hacerlo. Ahí es donde se desploman todas las buenas intenciones y más si ahora se busca otorgar mayor autonomía de gestión a las escuelas.

Y es precisamente lo que se está constatando a todo lo largo y ancho del territorio nacional, que la Reforma Integral de la Educación Básica (RIEB), que se puso en marcha el sexenio pasado no está siendo bien aplicada. Maestros improvisados en educación ambiental es la constante. Esto no sólo en la educación básica, también en el bachillerato y la educación tecnológica, donde la sustentabilidad ha quedado reducida a su mínima expresión. Es urgente una buena evaluación del sistema. Por lo mismo, esta línea de acción relacionada con la educación ambiental en la Escuela, hay que ubicarla mejor en el eje México con educación de calidad. Adquiere más sentido. No hay educación de calidad, si no es también ambiental.

Un problema nodal reside en el hecho de que todo lo que tiene que ver con la educación escolarizada es jurisdicción exclusiva de la Secretaría de Educación Pública (SEP). De ahí que la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat) deberá contar con gente muy calificada para poder cabildear con los responsables correspondientes la manera de poner en marcha una apropiada estrategia de formación y actualización docente en educación ambiental. Esta estrategia debiera estar siendo incluida en la formulación del Plan Sectorial de Educación, de lo cual no estoy seguro que así sea, por el hecho de que el enunciado fue ubicado en una estrategia del PND que corresponde más a la Semarnat que a la SEP. Este es uno de los principales problemas que derivan de la sectorización de las políticas públicas.

La línea de acción de educación ambiental también refiere a la necesidad de “fortalecer la formación ambiental en sectores estratégicos”. Este planteamiento trasciende el tema de los maestros y remite a la necesidad de que en los sectores estratégicos haya personal competente en temas ambientales y de sustentabilidad para proporcionar los insumos que requieren en este sentido las políticas públicas de cada sector. La verdad no sé bien qué se entiende por sectores estratégicos, para mí además de educación, ciencia y medio ambiente, están los de economía, energía, desarrollo social, salud, alimentación y seguridad.

¿Cómo podría el gobierno promover el pretendido “crecimiento verde” de bajo consumo de carbono, si no hay en la Secretaría de Economía quienes eviten que los proyectos para crecer económicamente sigan dañando la base material del desarrollo? ¿Cómo podrá la Secretaría de Desarrollo Social posicionar bien la importantísima Cruzada Nacional Sin Hambre, si para garantizar la seguridad alimentaria y la nutrición de esos 7.4 millones de mexicanos que hoy viven en condición de pobreza extrema, no se toman en cuenta criterios ambientales?

En fin, lo que he querido decir con este artículo es que con ese breve enunciado relacionado con la educación ambiental: “Continuar con la incorporación de criterios de sustentabilidad y educación ambiental en el Sistema Educativo Nacional, y fortalecer la formación ambiental en sectores estratégicos”, la Semarnat tiene un campo de acción desafiante pero promisorio, para desarrollar una política a la altura de lo que necesitamos.

Ojalá que las autoridades de esta Secretaría así lo estén entendiendo y se estén preparando para encararlo y si no que la Nación se los demande.


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