Editorial

Veracruz, por el cambio estructural

enero 18, 2019

El aumento de la inseguridad en el país y en el estado han afectado de sustantiva manera el ánimo social. La aparente falta de capacidad de los gobiernos para confrontar ese delicado problema, pudo haber sido –y en esto hay que ser muy cuidadosos para no simplificar el fenómeno– más que producto del "natural"crecimiento exponencial de los índices de violencia e incertidumbre de la población, resultado de un complejísimo entramado en el que participan grupos delictivos, organizaciones políticas, sindicatos y naturalmente miembros de la alta burocracia; todo ello ha sido expuesto de alguna manera en la virulenta reacción de grupos de presión en contra de la estrategia de Andrés Manuel López Obrador para abatir el huachicoleo.

La inseguridad y la actividad de la delincuencia encabezada por los carteles de narcotraficantes es pues el eje por el que pasan la mayor parte de los problemas del país. Es un círculo vicioso pues los números que arrojan las investigaciones sobre el tamaño y origen de de los delitos que se cometen , asusta a la inversión privada; si a ello se le agregan la corrupción de los gobiernos, entonces se entiende el actual estado de las cosas.

Es claro que la complejidad del problema de la inseguridad tiene varias aristas entre las que se pueden señalar además de las inherentes al sistema educativo; la desigualdad económica, las estrategias públicas de seguridad y sus flancos débiles encarnados en policías corruptas además del tráfico de armas y drogas.

Sin dudas ello ha contribuido al establecimiento de un ánimo social de pesimismo que encontró en su decisión de votar por un cambio sustantivo en el país , una salida pacífica y democrática al sufragar por la propuesta que encabeza López Obrador.

Dicha decisión política se replicó en Veracruz donde también, los votantes decidieron ir por un cambio en la élite gobernante. De similar manera a lo que sucede en el nivel nacional, en la entidad, el decepcionante desempeño de los gobiernos panistas y priístas abrió paso a que por vez primera, una autoridad emanada auténticamente de las urnas, tenga ante si la oportunidad de sentar las bases para el cambio estructural que tanta falta le hace al país y al estado.

Pero más allá de las expectativas, urge que el nuevo gobierno atienda la demanda ciudadana por mayor seguridad y tranquilidad para sus familias. Ayer mismo, habitantes de varias localidades vecinas a Xalapa manifestaron públicamente su preocupación por el aumento de hechos delictivos pero también por la lentitud y falta de eficiencia en las decenas de demandas puestas para denunciar los robos y asaltos que se han vuelto una desagradable cotidianidad con la que tienen que convivir.

No es tarea fácil romper con una inercia anclada a oscuros y poderosos intereses, pero al igual que en el gobierno federal, el estatal tiene ante si histórica oportunidad de demostrar que el voto ciudadano no se equivocó al optar por un cambio sustantivo. Al tiempo.