Editorial

Solecitos

enero 17, 2018

Las organizaciones civiles son plurales. Suelen formarse por individuos autorganizados en torno de un interés común ante los déficit de la autoridad. Hay muchas. Varias de ellas se desdibujan con el tiempo o con el desgaste impuesto por la ineficacia burocrática que es, precisamente, la razón original para organizarse.

Los diferendos, los protagonismos, los celos o la simple diferencia de estilos de participación suelen, como en todo grupo, propiciar el desgaste e incluso la ruptura. Eso en condiciones normales. Pero cuando lo que subyace es el dolor y este es el que impulsa la participación, las tensiones son más intensas. Como cuando la adversidad rotunda del dolor de la desaparición de un hijo es la que impulsa y da razón para organizarse y romper con la resignación pasiva que quisieran las autoridades; el "ya supérenlo" que espetó el presidente Peña Nieto a los padres de los 43 muchachos de Ayotzinapa desaparecidos, por ejemplo.

Es imprudente e irrespetuoso juzgar desde la valla las reacciones disruptivas de quien desde la impotencia y el dolor cuestiona la falta del resultado deseado. Es normal que así suceda. Vivir en el interregno entre el luto y la incertidumbre lo impide todo, la sanación y el encuentro con la paz.

Durante años, el Colectivo Solecito ha sido probadamente resistente a la adversidad. A la del dolor propio como a la impuesta por la conveniencia política, y la indiferente incapacidad burocracia. Y ahí están, las madres y padres de desaparecidos, en su mayoría jóvenes, en la brega de la doble tarea de buscar a sus seres queridos y hacerse de los recursos materiales y monetarios para lograrlo. Hace tiempo el Colectivo Solecito pidió al gobierno maquinaria para remover la tierra en un inmenso predio donde existe la sospecha fundada, casi la certeza, de que hay miles de víctimas clandestinamente inhumadas en el predio de Santa Fe. Por lo pronto, se han encontrado cientos sólo en dos fosas.

Se les ha prometido maquinaria pero se les ha incumplido, razón por la que extendieron la petición a las empresas privadas.

Son tiempos cruelmente adversos al interés colectivo. Basta recordar la apropiación multimillonaria y la centuplicación de tarjetas para obtener recursos para la reconstrucción de los afectados en el sismo del 19 de septiembre.

El Colectivo Solecito es una piedra en el zapato de los gobiernos federal y estatal. Si bien los diferendos internos es la normalidad, motiva a suspicacia la virulencia que recientemente se endereza contra Solecito desde su interior.