Editorial

Descomposición y decadencia en Veracruz

marzo 30, 2017

En la convivencia civilizada, las relaciones de dominio y subyugación suelen ser suavizadas por los poderes, sean formales o de hecho, con una retórica que disimula y frecuentemente oculta su contenido. Por sí mismas son violentas y a ellas se suman todas las formas adicionales de disimulo o explicación de la violencia como una forma de exculpación y, a veces, hasta de apología de la violencia. Esto es la historia de la última década. Violencia, sobre violencia. Insistente, rotunda, tautológica.

La corrupción, sólo en apariencia no violenta, que socava desde el cuidado de los ríos y el resto de la naturaleza –la explotación indiscriminada del medio ambiente en beneficio de unos pocos–, también es una forma de violencia, hasta el asesinato vicioso concentrado en grupos específicos. Mujeres, periodistas y, desde luego, miembros de la comunidad LGBT.

El Estado mexicano ha sido furiosamente trastocado por esa violencia que lo rebasa, iniciada por un gobierno de infeliz memoria como justificación de su existencia. Desigual, azarosa, se desparrama por el territorio nacional y se ceba en Veracruz. Esto, porque desde hace tiempo los gobiernos de Veracruz han mostrado una inquietante tolerancia para las mentiras, la estafa, la rapiña y el dolo. Pero no es tanto eso lo que intranquiliza, el desasosiego peor es el de la tolerancia de la sociedad para con las mentiras, las estafas y el dolo gubernamentales.

En un contexto amplio de decadencia y descomposición del Estado, Veracruz va al extremo. El gobierno nacional, excedido por la realidad crispada y desbordada que cultiva, se acoge a sus consecuencias como justificación para la violencia de Estado. Y en Veracruz se paga doble. A la violencia general se suma la violencia local de paternidades múltiples.

Las cosas suceden y se desgranan, mientras el periodismo aporta sangre y víctimas. Una vez y otra y otra, y otra hasta que la descomposición sea tanta que el sistema implosione o la rabia sin conciencia nos devore a todos.